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Propuestas para la Agenda Laboral del nuevo gobierno

Me permito compartir tres propuestas prioritarias que han surgido desde la reflexión colectiva en las aulas universitarias

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El martes 28 de julio la señora Keiko Fujimori juramentará como Presidenta de nuestra República por el período 2026-2031. Asumido el cargo, deberá designar a su primer Consejo de Ministros, el cual tendrá 30 días para presentar el Plan de Gobierno y solicitar el voto de confianza a la flamante Cámara de Diputados.

Estos días previos a la fecha en cuestión son decisivos para la priorización de las políticas públicas que se implementarán en el horizonte temporal del nuevo gobierno. En este contexto, y con el ánimo de aportar al debate, me permito compartir tres propuestas prioritarias que han surgido desde la reflexión colectiva en las aulas universitarias:

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La tasa de informalidad laboral en el Perú asciende al 71% según INEI. El debate aquí se ha centrado en los costos laborales no salariales; es decir, para que resulte rentable a un empresario pagar el salario mínimo (y ser formal en general), el retorno en productividad del trabajador contratado debe ser superior al salario pagado.

Esta meta de rentabilidad se puede lograr a través de 2 “recetas”: (i) o reduces el salario mínimo (y/o los beneficios laborales) para que se equipare a la baja con la productividad laboral deficitaria; o, (ii) incrementas suficientemente la productividad laboral para que esté por encima del salario y resulte rentable al empresario.

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La primera receta ha fracasado en el Perú. Es hora de que el nuevo gobierno apueste por incrementar la productividad mediante incentivos para la capacitación del capital humano y la innovación tecnológica, reduciendo el costo de acceso al crédito formal y a través de la expansión de mercados a través de encadenamientos productivos.

Según el INEI la tasa de desempleo de los jóvenes menores de 25 años ascendió a 11%; es decir, que el desempleo juvenil duplicó el promedio nacional de la tasa de desempleo general (4,9%).

Aquí hay dos tareas urgentes. La primera es adecuar la oferta y la demanda a través de sistemas de empleo inteligentes, oportunos, enfocados en los jóvenes y que cierren la brecha entre lo que buscan las empresas y lo que estudian los jóvenes. La segunda, fortalecer en todos los niveles formativos las competencias y habilidades que el mercado actual demanda: priorizar carreras técnicas con alta demanda e implementar una alfabetización universal en el uso de la IA.

El Perú expresó formalmente su interés en acceder a la OCDE en noviembre de 2012. Desde 2022 se cuenta con una Hoja de Ruta que detalla el camino para que el país adapte sus políticas públicas y marcos legales a los estándares internacionales en áreas como economía, comercio, salud y -por supuesto- trabajo.

Esto implica que el Perú garantice el cumplimiento del “núcleo duro” de los derechos fundamentales en el trabajo: aprobar e implementar las políticas nacionales para erradicar el trabajo forzoso e infantil, supervisar el cabal cumplimiento de las normas que promuevan la igualdad por razón de género y la libertad sindical, así como reducir las tasas de accidentabilidad laboral y ampliar la cobertura de protección social.

Ciertamente, estas tres son solo algunas prioridades de una larga lista de problemas en materia laboral que afectan a nuestro país, pero estoy convencido de que es un buen punto de partida para iniciar la implementación de una nueva política pública en el sector trabajo y empleo del Perú.

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