El calentamiento global podría aumentar la intensidad y el alcance de huracanes en el Atlántico

El incremento sostenido de la temperatura oceánica modifica la estructura y el comportamiento de los ciclones tropicales, lo que favorece lluvias más persistentes, así como tormentas que afectan áreas cada vez más extensas. Qué alertó un estudio

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Huracán en Baja California
Vista satelital de tormenta
Impacto de tormenta en paisaje
Fuerza del huracán en México
Vista satelital de un huracán que se desplaza sobre Baja California, México. La tormenta domina el paisaje con su poderosa presencia y fuerza devastadora. (Imagen ilustrativa Infobae) - visualesIA"
Las altas temperaturas oceánicas plantean desafíos inéditos para la gestión de desastres en regiones costeras densamente pobladas (Imagen ilustrativa Infobae)

La relación entre el calentamiento global y la transformación de los ciclones tropicales en el Atlántico Norte se consolida como uno de los ejes centrales de la investigación climática contemporánea. El impacto de las altas temperaturas oceánicas sobre la estructura y el comportamiento de estos sistemas no solo redefine el riesgo de precipitaciones extremas, sino que también plantea nuevos desafíos para la gestión de desastres en regiones costeras densamente pobladas.

Los cambios observados en la intensidad, la duración y la distribución de las lluvias asociadas a los huracanes evidencian cómo el océano más cálido altera los patrones históricos de las tormentas. Esta perspectiva se ve reflejada en los resultados de un estudio publicado en npj Climate and Atmospheric Science. A través de una combinación de observaciones satelitales y métodos analíticos innovadores, el trabajo desentraña los mecanismos que vinculan el incremento térmico del océano con la evolución de los ciclones y sus precipitaciones extremas.

El océano cálido y su efecto sobre la lluvia de los huracanes

La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) estima que los océanos almacenan aproximadamente el 91% del exceso de calor atrapado por los gases de efecto invernadero. Entre 1993 y 2024, estas masas de agua absorbieron calor a un ritmo estimado de entre 0,66 y 0,74 vatios por cada metro cuadrado, es decir que almacenaron cada vez más energía térmica año tras año. Este aumento contribuye al ascenso del nivel del mar, olas de calor marinas, blanqueamiento de corales y el derretimiento de glaciares y capas de hielo, además de asegurar un calentamiento adicional en el futuro debido al calor ya acumulado en las capas profundas.

Según el estudio científico, cuando la temperatura del aire y la humedad en la superficie del mar aumentan, los ciclones tropicales en el Atlántico Norte producen lluvias mucho más intensas. Los investigadores encontraron que, por cada grado que sube la temperatura en el ambiente húmedo donde se forman estas tormentas, la cantidad de lluvia extrema que cae puede crecer en promedio un 21%.

Una vista amplia de un océano oscuro y turbulento con numerosas olas. El cielo está completamente cubierto de nubes grises.
Un océano más cálido altera la intensidad y distribución de las lluvias de los huracanes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, el área donde se concentran también se hace más grande, aumentando hasta un 12,5% por cada grado de calentamiento. Esto significa que, con mares y atmósferas más cálidas, los huracanes no solo dejan más agua en menos tiempo, sino que también afectan superficies más amplias, lo que eleva el riesgo de inundaciones.

Haider Ali, autor principal, afirmó en el comunicado oficial de la Universidad de Newcastle que “los resultados muestran que el calentamiento global está incrementando tanto la intensidad como el área de lluvias asociadas a los ciclones tropicales, especialmente en regiones cálidas y de baja latitud”.

El análisis también revela que, aunque el tamaño total del ciclón tiende a reducirse con el aumento de la temperatura, este comportamiento se debilita e incluso se revierte en casos de temperaturas superficiales del mar especialmente altas, como ocurre en el Caribe. En estos escenarios, pueden adquirir dimensiones mayores y persistir durante más tiempo, lo que aumenta el volumen de precipitaciones en zonas localizadas y, por ende, el potencial de inundaciones graves.

Cuando los ciclones dejan de ser tropicales y avanzan hacia Europa, su comportamiento cambia. Estos sistemas, llamados ciclones post-tropicales, suelen hacerse más grandes y ya no dependen tanto de la temperatura para definir su intensidad o tamaño. En esta etapa, la lluvia intensa se desplaza hacia el noreste del centro de la tormenta y se reparte sobre zonas más amplias. Este fenómeno ocurre porque los ciclones comienzan a interactuar con otros sistemas de clima típicos de las regiones templadas, que los mueven más rápido y modifican la forma y distribución de las lluvias.

De los vientos al análisis: cómo capturar la evolución real de los huracanes

Vista desde el espacio de un huracán gigante con un ojo claro y un patrón de nubes blancas en espiral sobre el océano azul. Se ven contornos terrestres.
El calentamiento global incrementa la intensidad y el área de lluvias de los ciclones tropicales, especialmente en regiones cálidas de baja latitud (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación se destaca porque utiliza una forma novedosa de medir el tamaño de los ciclones, llamada radio dinámico basado en el viento. En vez de usar una medida fija para todos los casos, este método observa cómo cambian los vientos alrededor del centro del ciclón, lo que permite describir mejor el tamaño real de cada tormenta en cada momento. Así, los científicos pueden comparar de manera más precisa cómo evolucionan distintos ciclones y cuáles son sus diferencias en cada fase.

Para este análisis, se usaron registros internacionales sobre trayectorias de ciclones y datos satelitales de lluvias, cubriendo tormentas que ocurrieron entre 2001 y 2024. En ese periodo, se estudiaron 404 ciclones en total, de los cuales 147 pasaron por la etapa post-tropical, es decir, dejaron de ser huracanes típicos y cambiaron de características.

Los investigadores descubrieron que, en la fase tropical, los ciclones tienden a reducir su tamaño cuando suben las temperaturas del aire y del mar, y la lluvia intensa se concentra más cerca del centro de la tormenta. Sin embargo, cuando el mar está especialmente cálido, sobre todo en el Caribe, algunos ciclones pueden dejar de achicarse o incluso llegar a ser más grandes y durar más, lo que aumenta la posibilidad de lluvias extremas y persistentes.

El estudio también muestra que, a mayor temperatura, la distancia entre el centro del ciclón y el lugar donde cae la mayor cantidad de lluvia se hace más corta. Esto significa que las lluvias fuertes se organizan mejor alrededor del ojo del huracán. Cuando el ciclón pasa a la fase post-tropical, esta relación con la temperatura se debilita, ya que otros factores del clima empiezan a tener más importancia y la lluvia se distribuye de forma diferente.

El reto de anticipar inundaciones en la era del cambio climático

Crisis ambiental capturada: La imagen revela una calle inundada y cubierta de barro, un recordatorio visual de los desastres naturales atribuidos al cambio climático. Reflexiona sobre la importancia de preservar nuestro medio ambiente y proteger el planeta para las generaciones futuras. (Imagen Ilustrativa Infobae)
En el Caribe, los ciclones pueden adquirir mayores dimensiones y durar más tiempo, aumentando el potencial de inundaciones graves (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estos resultados deben alertar a las autoridades y comunidades costeras sobre la necesidad de adaptar los sistemas de alerta y gestión del riesgo ante ciclones más húmedos y persistentes. Hayley Fowler, coautora, sostuvo en un comunicado oficial de la Universidad de Newcastle: “Los ciclones tropicales están provocando daños crecientes por inundaciones extensas asociadas a lluvias extremas y persistentes, como ocurrió con el huracán Helene. Nuestro estudio muestra que este aumento en las lluvias extremas se vincula directamente al calentamiento global, derivado del uso continuado de combustibles fósiles”.

Entre las aplicaciones futuras de estos resultados, los autores señalan la importancia de avanzar hacia modelos integrados que unan la dinámica atmosférica de los ciclones con modelos hidrológicos de caudales y respuesta de cuencas. El objetivo es identificar mejor qué tormentas tienen mayor potencial para traducirse en verdaderos riesgos de inundación en tierra, considerando no sólo la intensidad de la lluvia, sino también su duración, localización y el estado previo de saturación de los suelos.

El artículo concluye que los sistemas de monitoreo y predicción deben incorporar estos nuevos hallazgos para mejorar la anticipación de riesgos y la planificación de infraestructuras resilientes. Las bases de datos empleadas en el estudio se encuentran disponibles a través de organismos internacionales como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA), según detalla el documento científico.

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