
En Estados Unidos, el virus del dengue ya afecta a las poblaciones de Florida, Texas y California.
Para entender mejor el avance de esa infección en América, científicos de la Universidad de Stanford con colegas de Perú y Ecuador analizaron cómo el cambio climático impacta en la frecuencia y la intensidad de los brotes epidémicos.
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Analizaron el vínculo entre el ciclón que azotó el norte de Perú en 2023 y un brote de dengue sin precedentes en esa región.

Los resultados, que fueron publicados en la revista especializada One Earth, exponen que el clima más cálido y húmedo, impulsado por el cambio climático, favorece epidemias de enfermedades transmitidas por mosquitos.
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Aunque el estudio se centra en Perú, sus conclusiones también alertan sobre riesgos crecientes para otros países de la región de América Latina y el mundo.
Los mecanismos que favorecen los brotes pueden repetirse en distintas zonas afectadas por el cambio climático, advirtieron los científicos.
Qué es el dengue

El dengue es una enfermedad viral transmitida por la picadura de mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus.
Puede causar fiebre alta, dolor muscular, erupciones cutáneas y, en casos graves, hemorragias o shock.
El equipo científico empleó modelos estadísticos desarrollados en economía para determinar cuánto del brote desatado tras el ciclón y el fenómeno de El Niño costero se debió a condiciones de clima extremo.
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En colaboración con el Ministerio de Salud de Perú, la Universidad Peruana Cayetano Heredia en Perú y la Escuela Superior Politécnica del Litoral en Ecuador, los investigadores estadounidenses estimaron que el 60% de los casos en los distritos más afectados tuvo relación directa con lluvias intensas y altas temperaturas.
Esto representa cerca de 22.000 personas adicionales afectadas que, de no haber existido el evento meteorológico, no habrían enfermado.
Por qué hay más dengue

El mecanismo que explica este aumento resulta directo: las lluvias intensas inundan zonas bajas, dañan infraestructura de agua y saneamiento y dejan charcos donde los mosquitos encuentran un entorno ideal para reproducirse.
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El calor acelera su ciclo vital y la transmisión del virus. En contraste, las zonas frías que también recibieron lluvias extremas no registraron un aumento importante de casos.
Erin Mordecai, profesora asociada en Stanford y coautora del trabajo, subrayó que es la primera vez que se cuantifica el papel del cambio climático en un brote concreto y su impacto sobre una de las enfermedades infecciosas de mayor crecimiento en el mundo.
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El análisis climático realizado por Jared Trok y Noah Diffenbaugh, especialistas en modelado de sistemas terrestres, comparó lluvias de marzo de 1965 a 2014 con periodos preindustriales.
Establecieron que eventos de precipitaciones extremas como el de 2023 son un 31% más probables hoy en el noroeste de Perú que antes de la industrialización.
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Cuando coinciden temperaturas elevadas, la posibilidad de condiciones favorables para brotes de dengue casi se triplica.
Recomendaciones para frenar los brotes
El estudio no se limita a señalar el riesgo. Los científicos sugieren intervenciones de control de mosquitos y campañas de vacunación en zonas urbanas de alto riesgo para reducir el impacto de futuros brotes.
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Además, destacan la importancia de invertir en infraestructura urbana: mejores sistemas de drenaje, viviendas resistentes y redes de agua confiables pueden proteger a la población frente a eventos extremos.
Andrés Lescano, investigador peruano y coautor del informe, sostuvo que la investigación aporta al Ministerio de Salud de Perú una herramienta para medir y exigir recursos ante crisis sanitarias relacionadas con el clima.
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El método empleado puede usarse para analizar huracanes, monzones y otros fenómenos extremos en cualquier parte del mundo, al permitir a los gobiernos anticipar brotes y dimensionar el impacto real que el cambio climático ya tiene sobre la salud pública.
El estudio fue financiado por organismos nacionales e internacionales, instituciones académicas y centros de investigación en salud y sostenibilidad, lo que refuerza el alcance global del análisis y la urgencia de encontrar soluciones.
Como advirtió Mallory Harris, la primera autora -que pertenece a la Universidad de Stanford- a medida que los eventos climáticos extremos se vuelven más frecuentes con el cambio climático, hay que planificar y actuar para prevenir epidemias transmitidas por mosquitos.
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