
Estas bandas, que representan el 36% de la superficie marina, capturan el 72% del dióxido de carbono absorbido por los océanos, según el análisis del equipo de la Universidad de Tasmania.
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Estos frentes oceánicos actúan como límites dinámicos entre aguas con distintas características, creando zonas de alta turbulencia y abundante vida marina. Allí, la mezcla de nutrientes potencia procesos biológicos fundamentales en el ciclo del carbono.

El informe destaca que, aunque solo cubren poco más de un tercio del área marina, estas regiones absorben unas 1.800 millones de toneladas de carbono cada año. Esto equivale a casi tres cuartas partes de la captación total de carbono marino, lo que, según la Universidad de Tasmania, supera con creces las estimaciones previas sobre su importancia en la regulación climática global.
“Esta es la primera vez que hemos podido cuantificar el papel desproporcionado que desempeñan los frentes oceánicos en la absorción de dióxido de carbono atmosférico a escala global, y esto tiene importantes implicaciones para la modelización climática”, explicó el Dr. Kai Yang, autor principal del estudio realizado en el Instituto de Estudios Marinos y Antárticos (IMAS) de la Universidad de Tasmania.
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La mayor presencia de los frentes oceánicos se detecta en latitudes medias y altas, particularmente en las zonas atravesadas por la Corriente del Golfo, la Corriente de Kuroshio o el Océano Austral. Para cartografiar la distribución y evolución de estos frentes, el equipo científico analizó datos satelitales comprendidos entre 2003 y 2024.

“La actividad frontal puede vincularse directamente con los cambios en la biomasa de fitoplancton y la absorción de dióxido de carbono del océano”, afirmó la Dra. Amelie Meyer, investigadora del IMAS. En estas regiones, el fenómeno de afloramiento traslada nutrientes desde las profundidades, lo que desencadena floraciones de fitoplancton capaces de fijar dióxido de carbono mediante la fotosíntesis. Cuando estas plantas microscópicas mueren, el carbono que capturaron se deposita en el fondo marino y puede quedar allí retenido durante siglos.
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El estudio reveló que la concentración de fitoplancton en los frentes más activos es hasta 1,8 veces mayor que la media mundial, lo que incrementa su eficiencia en la fijación de carbono atmosférico. Además, las observaciones de los últimos 22 años reflejan que, entre los 40° y 60° de latitud, los frentes se intensificaron, mientras que en áreas cercanas al ecuador mostraron signos de debilitamiento.
El Dr. Yang detalló que estos desplazamientos hacia los polos coinciden con la migración observada en las principales corrientes marinas, resultado del calentamiento global. Donde los frentes ganan intensidad, la absorción de dióxido de carbono es el doble de la media global. Por el contrario, en zonas donde la actividad disminuye, también se reduce la captación de carbono.
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Este fenómeno supone un desafío para los actuales modelos climáticos, que, según la Universidad de Tasmania, carecen de la resolución necesaria para reflejar procesos que, aunque limitados en extensión, tienen un efecto global significativo. El equipo advirtió que la capacidad futura de los océanos para seguir absorbiendo dióxido de carbono podría verse alterada a medida que los frentes continúan cambiando con el aumento de la temperatura marina.
Entre 2013 y 2022, los océanos captaron aproximadamente el 26% del carbono generado por la actividad humana, lo que ayudó a moderar el ritmo del cambio climático. Sin embargo, según la Universidad de Tasmania, persiste la incertidumbre sobre si este papel de sumidero oceánico podrá mantenerse frente al avance del calentamiento de los mares.
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Así, el estudio destaca la función decisiva de los frentes oceánicos en la regulación climática del planeta y en la mitigación del cambio climático.
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