
La riqueza fósil hallada en las cuevas de Naracoorte, en el sureste de Australia Meridional, permitió identificar una notable diversidad de aves playeras en la cueva Blanche y confirmó la existencia de antiguos humedales australianos que hoy han desaparecido casi por completo. De acuerdo con la Universidad Flinders, estos hallazgos convierten el sitio en uno de los registros más relevantes del Pleistoceno, al mostrar con precisión el impacto del cambio climático sobre la biodiversidad de los humedales australianos durante unos 60.000 años.
Las excavaciones en la cueva Blanche recuperaron 288 restos fósiles de aves playeras, pertenecientes a al menos nueve especies distintas. Según la Universidad Flinders, la abundancia de estos restos resulta excepcional en el registro fósil australiano, lo que otorga a Naracoorte una importancia internacional en paleontología. El artículo técnico de Palaeontologia Electronica indica que los fósiles datan de entre 60.000 y 14.000 años antes del presente.
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El estudio atribuyó la acumulación de huesos principalmente a la actividad de lechuzas que habitaron la zona y depositaron grandes cantidades de pequeños vertebrados. Junto a las aves, el conjunto incluye especies de mamíferos, reptiles y ranas, lo que permitió reconstruir de forma amplia el ecosistema prehistórico regional.
Karl Lenser, autor principal y doctorando en la Universidad Flinders, subrayó la singularidad del hallazgo: “Las aves playeras son inusuales en el registro fósil, por lo que encontrar tantas en una sola cueva fue una sorpresa”.
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El análisis taxonómico reveló una considerable diversidad de aves playeras, con predominio del vagabundo de las llanuras (Pedionomus torquatus), hoy considerado especie en peligro de extinción. Palaeontologia Electronica reportó que más de la mitad de los huesos recuperados correspondían a esta especie, que en tiempos prehistóricos ocupaba hábitats mucho más amplios y variados que en la actualidad.

Entre las especies identificadas figuran varios chorlitos, agachadizas y zarapitos. El hallazgo resulta especialmente valioso por la presencia de especies migratorias, como zarapitos del género Calidris y la agachadiza de Latham (Gallinago hardwickii), que migraban cada año desde el hemisferio norte para invernar en Australia. También se documentó el chorlito de dos bandas, capaz de realizar largas migraciones entre Australia y Nueva Zelanda. El profesor asociado Trevor Worthy detalló que se hallaron restos de dos ejemplares juveniles que recorrieron al menos 2.000 kilómetros desde Nueva Zelanda antes de convertirse en presas de aves rapaces cercanas a la cueva Blanche.
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La presencia de codornices botoneras (familia Turnicidae) se incrementó notablemente al final del periodo analizado, coincidiendo con la disminución de aves ligadas a ambientes de humedales.
Los datos obtenidos permitieron reconstruir el sureste australiano del Pleistoceno como un mosaico de bosques abiertos y humedales extensos, que perduraron durante varios milenios. La Universidad Flinders destacó que estos entornos eran mucho más comunes que los humedales aislados que existen hoy.
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El informe de Palaeontologia Electronica detalla que la variedad y abundancia de aves vinculadas a marismas y zonas inundadas prueban la persistencia de humedales durante ese tiempo. La evidencia fósil muestra que, hacia el final del Pleistoceno, estos ambientes disminuyeron con los cambios climáticos regionales.
Los investigadores detectaron una caída repentina en las poblaciones de aves limícolas hace unos 17.000 años, en paralelo con el fin del último máximo glacial y el inicio de condiciones más cálidas y secas. Estos cambios ocasionaron una menor extensión de los humedales, mientras que las codornices botoneras—favorecidas por hábitats secos y abiertos— tuvieron mayor presencia en la región.
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Lenser, en nombre de la Universidad Flinders, advirtió que los patrones observados en el registro fósil del Pleistoceno guardan paralelismo con la crisis de hábitats actual en Australia. Los análisis expuestos por Palaeontologia Electronica muestran que tanto la diversidad como la abundancia de aves vinculadas a humedales disminuyeron de manera significativa, lo que refleja procesos de fragmentación y reducción ecológica en la zona.
Los autores del estudio insisten en la vigencia de la información obtenida en Naracoorte. Comprender cómo las aves playeras respondieron al cambio climático resulta clave para anticipar la vulnerabilidad de las especies actuales ante la destrucción de hábitats y las fluctuaciones ambientales.
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La doctora Elizabeth Reed, de la Universidad de Adelaida, subrayó que las cuevas, con un registro de biodiversidad de medio millón de años, permiten “informar la conservación de especies amenazadas en la actualidad”. Tanto la Universidad Flinders como Palaeontologia Electronica coinciden en que los humedales del sureste australiano se han reducido drásticamente en el último siglo y que el registro fósil alerta sobre las consecuencias si estas tendencias persisten.
Aunque la mayoría de mamíferos acuáticos dejaron escasos restos en los depósitos fósiles, las aves ofrecen hoy las pistas más sensibles para reconstruir la presencia y función ecológica de los humedales a lo largo del tiempo.
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Los fósiles de aves hallados en Naracoorte son una fuente única para explorar la evolución de los paisajes australianos previos a la colonización europea y brindan una base científica sólida para la protección de la avifauna en riesgo, con repercusiones que superan la región y se proyectan hacia los desafíos globales de conservación.
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