
En lo profundo de los bosques tropicales de Panamá, donde la humedad y la sombra suelen reinar bajo un dosel denso, una transformación silenciosa está ocurriendo bajo tierra. Científicos de la Universidad Estatal de Colorado han detectado que los árboles de la región están desplegando una “táctica” inesperada ante la amenaza de la sequía: desarrollan raíces más largas y profundas para buscar agua en las capas inferiores del suelo.
Este hallazgo reveló una estrategia de supervivencia que pone en cuestión la resiliencia de estos ecosistemas frente al cambio climático.
El experimento, conocido como PARCHED (Panama Rainforest Changes with Experimental Drying) publicado en la revista New Phytologist, se desarrolló durante cinco años en cuatro áreas distintas de bosques tropicales panameños. Daniela Cusack, profesora asociada de la Universidad Estatal de Colorado, lideró el equipo que instaló techos transparentes sobre parcelas del bosque para excluir hasta un 70% de la lluvia y zanjas forradas en plástico para bloquear el acceso a agua externa. Esta manipulación permitió observar cómo los árboles respondían a un entorno de sequía crónica.
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Los investigadores emplearon tres métodos complementarios: extrajeron muestras de suelo, instalaron trampas de raíces en columnas de malla y utilizaron cámaras subterráneas a través de tubos acrílicos enterrados hasta 1,2 metros de profundidad. El objetivo era monitorear el crecimiento, la muerte y la distribución de las raíces a distintas profundidades y estaciones.
Raíces profundas, una respuesta limitada ante la sequía
Los resultados mostraron que la sequía prolongada redujo en cerca de un 50% la producción de raíces finas superficiales y en un 21% la biomasa viva de estas raíces. Sin embargo, los árboles respondieron enviando nuevas raíces finas hacia zonas más profundas del suelo, donde la humedad persiste más tiempo. Esta capacidad de reubicar los recursos subterráneos fue observada en los cuatro bosques estudiados, a pesar de sus diferencias en especies, suelos y patrones de lluvia.
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“Los árboles compensaron la pérdida de raíces superficiales enviando raíces finas a mayor profundidad, presumiblemente para captar humedad”, explicó Cusack. No obstante, esta adaptación no logra compensar la pérdida de carbono derivada de la muerte de raíces superficiales, un dato clave para entender el impacto a largo plazo sobre el almacenamiento de carbono en estos ecosistemas.
Junto al crecimiento de raíces profundas, los científicos detectaron un aumento en la colonización de las raíces superficiales sobrevivientes por hongos micorrízicos arbusculares. Estos hongos establecen relaciones simbióticas con las plantas y facilitan la absorción de agua y nutrientes, un factor que puede cobrar mayor relevancia en escenarios de sequía.
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Los resultados sugieren que los árboles no solo redistribuyen su biomasa radicular, sino que también dependen más de la colaboración con microorganismos del suelo para sobrevivir en condiciones adversas. Esta reorganización del sistema radicular y sus aliados subterráneos implica cambios en la dinámica del bosque, afectando tanto la competencia entre especies como la función general del ecosistema.
Incertidumbre sobre el futuro de los bosques tropicales
Aunque la respuesta de las raíces profundas representa un mecanismo de adaptación, los científicos advierten que no constituye una garantía de supervivencia frente al cambio climático. Cusack subrayó que el estudio cubre apenas cinco años, un periodo corto en la vida de estos bosques, y que no está claro cuánto tiempo podrán sostener esta estrategia antes de experimentar consecuencias más severas.
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La investigadora Daniela Yaffar, del Oak Ridge National Laboratory, valoró el estudio y advirtió que muchas adaptaciones evolutivas para sobrevivir a la sequía se desarrollan durante miles de años, mientras que el ritmo actual del cambio climático podría superar la capacidad de adaptación de numerosas especies. “Las especies menos adaptables podrían disminuir o desaparecer del ecosistema”, afirmó Yaffar.
Los bosques tropicales almacenan grandes reservas de carbono bajo tierra y su estabilidad es crucial para mitigar los efectos del calentamiento global. El experimento liderado por Cusack y Amanda Longhi Cordeiro muestra que, si bien las raíces profundas ofrecen un “efecto de rescate” temporal, la pérdida de raíces superficiales podría traducirse en una disminución neta del carbono almacenado en el suelo.
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