
La Amazonía enfrenta una amenaza sin precedentes: podría perder hasta el 38% de su cobertura forestal para finales del siglo XXI, según un estudio reciente de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich (LMU).
Esta proyección, que supera ampliamente los umbrales de riesgo identificados en investigaciones previas, surge de la combinación de dos factores principales: la expansión de tierras agrícolas y ganaderas, y el avance del cambio climático.
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El análisis, publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, advierte que la magnitud de la pérdida forestal podría desencadenar un punto de inflexión ecológico irreversible, con consecuencias que se extenderían mucho más allá de la cuenca amazónica.
El equipo dirigido por la geógrafa Selma Bultan de la LMU ha realizado el primer estudio que evalúa de manera sistemática los efectos combinados del cambio de uso del suelo y el calentamiento global sobre la selva amazónica.
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Cómo hicieron el estudio
Utilizando modelos del sistema terrestre con vegetación dinámica, los investigadores analizaron la deforestación ocurrida entre 1950 y 2014 y proyectaron escenarios futuros bajo diferentes trayectorias climáticas.
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Los resultados muestran que, de mantenerse las tendencias actuales, la Amazonía podría perder hasta un 38% de la superficie forestal existente en 1950 para el año 2100. De esta cifra, un 25% sería atribuible a la conversión de bosques en tierras agrícolas y ganaderas, mientras que el 13% restante correspondería al aumento de las temperaturas globales.
La investigación subraya que este nivel de pérdida superaría el umbral crítico del 20% al 25% de deforestación, identificado en estudios anteriores como el punto de inflexión a partir del cual el ecosistema amazónico podría colapsar.
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Según Bultan, “esto nos llevaría más allá del umbral del 20% al 25%, que estudios anteriores advirtieron que era el punto de inflexión para la selva amazónica”. El riesgo no solo radica en la magnitud de la pérdida, sino en la posibilidad de que se produzcan transiciones abruptas de una densa cobertura forestal a paisajes abiertos similares a la sabana, lo que comprometería la resiliencia y las funciones ecológicas del sistema.

El estudio identifica un umbral de calentamiento global particularmente preocupante: 2,3 ℃. Más allá de este límite, el declive forestal se acelera de manera no lineal y aumenta significativamente el riesgo de una pérdida abrupta de bosques.
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La coautora Julia Pongratz, profesora de Geografía Física y Sistemas de Uso del Suelo en la LMU, advierte que “con base en las políticas actuales y los compromisos firmes con la acción climática, nos encaminamos hacia un calentamiento global de al menos 2,5 ℃”. Esta proyección sitúa a la Amazonía en una situación de vulnerabilidad extrema, ya que el calentamiento previsto supera el umbral identificado por el estudio.
La Amazonía constituye la selva tropical más extensa del planeta. De acuerdo con los expertos, alberga una décima parte del carbono total almacenado en los ecosistemas terrestres, lo que la convierte en un componente esencial para la regulación climática global.
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Además, su capacidad de absorber humedad del océano y reciclar precipitaciones mantiene el equilibrio hídrico de la región y sustenta la vida de innumerables especies y comunidades indígenas. Sin embargo, la expansión de la agricultura y la ganadería, junto con las sequías y olas de calor provocadas por el cambio climático, han incrementado la presión sobre este ecosistema.

El análisis de la LMU revela que el riesgo de una pérdida abrupta de superficie forestal, en contraste con una disminución gradual, se incrementa notablemente cuando el calentamiento global supera los 2,3 ℃.
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Los autores del estudio destacan en su publicación: “La Amazonía, la selva tropical más grande del mundo y un potencial factor de inflexión en el Sistema Tierra, enfrenta presiones crecientes debido a la deforestación y el calentamiento global. Comprender los impactos individuales y combinados de estas presiones es crucial para anticipar el riesgo de un colapso forestal generalizado. Nuestro estudio ofrece perspectivas cruciales sobre los efectos del cambio de uso del suelo y el cambio climático en la vulnerabilidad forestal”.
“Identificamos un umbral de calentamiento global de 2,3 ℃, más allá del cual el declive forestal se acelera de forma no lineal. Esto se acompaña de un riesgo creciente de pérdida abrupta de bosques, lo que indica una disminución de las funciones y la resiliencia de los ecosistemas. Nuestros hallazgos resaltan la necesidad de acciones políticas inmediatas para prevenir impactos ecológicos y climáticos en cascada que se extienden mucho más allá de la propia Amazonía”, sumaron.
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El valor ecológico y climático de la Amazonía es incalculable. Además de su papel como sumidero de carbono, la selva tropical es un foco de biodiversidad y un pilar para la supervivencia de numerosas comunidades indígenas.
La degradación progresiva de este ecosistema incrementa el riesgo de una transición crítica a gran escala, que podría transformar la selva en un paisaje abierto y menos resiliente, según los autores.
La investigación también resalta la urgencia de ampliar los avances positivos, como la mayor protección de la selva acordada en la conferencia climática de Belém, y de intensificar los esfuerzos para frenar el calentamiento global. Los expertos insisten en que “el valor de la selva amazónica es inmenso como para arriesgar su existencia”.
En el resumen del estudio, los investigadores enfatizan que la Amazonía es un componente clave del sistema climático y un punto crítico de biodiversidad, además de cumplir muchas otras funciones ecosistémicas. El trabajo concluye que, si no se adoptan medidas urgentes y coordinadas, la región podría cruzar un umbral ecológico sin retorno antes de que termine el siglo, con la consiguiente pérdida de biodiversidad, funciones ecosistémicas y capacidad de regulación climática a escala planetaria.
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