
Los tiburones y las rayas experimentan un declive acelerado que compromete la estabilidad de los ecosistemas marinos. Más de un tercio de estas especies figura actualmente en peligro de extinción, y el riesgo aumenta para aquellas sometidas al comercio internacional.
Pruebas genéticas realizadas en los principales mercados demuestran que circulan muchos más productos derivados de tiburón de los que señalan los registros oficiales, lo que confirma un tráfico ilegal extendido y difícil de rastrear.
El deterioro no se limita a casos aislados. Los tiburones pelágicos (especies que habitan en aguas abiertas y profundas de mares y océanos, y muchos son migratorios) perdieron más del 70% de sus poblaciones en apenas medio siglo, mientras que los tiburones de arrecife están considerados funcionalmente extintos en uno de cada cinco arrecifes de coral del planeta.

En este escenario crítico, la 20ª reunión de la Conferencia de las Partes en la CITES (CoP20), inaugurada en Samarcanda, Uzbekistán, concentra expectativas globales al evaluar medidas que podrían marcar un punto de inflexión para estas especies.
Propuestas sin precedentes en la CITES
Más de 50 gobiernos copatrocinan iniciativas que buscan aplicar las protecciones más estrictas contempladas en la Convención. El tiburón oceánico de puntas blancas, las mantarrayas, las rayas diablo y los tiburones ballena integran el grupo de especies evaluadas para el Apéndice I, una categoría que prohibiría el comercio internacional.
Simultáneamente, especies como el pez cuña y el pez guitarra gigante podrían quedar sujetas a cuotas de exportación cero, mientras que nuevas incorporaciones al Apéndice II pondrían bajo regulación más severa a tiburones quelvachos, tiburones gatuzos y cazones.

Si estas propuestas prosperan, casi todo el comercio de aletas y una parte considerable del comercio de carne quedaría bajo control de la CITES, cerrando vías que el tráfico ilegal aprovecha en la actualidad.
Impacto ecológico de la desaparición
Los tiburones y las rayas funcionan como ingenieros de ecosistemas, un rol que sostiene procesos esenciales. Los tiburones depredadores mantienen el equilibrio de los hábitats oceánicos al regular poblaciones de peces y otras especies marinas. Las rayas, al remover el lecho marino, favorecen el reciclaje de nutrientes y el funcionamiento de las comunidades bentónicas.
La desaparición de estas especies produce efectos en cadena que alteran las redes alimentarias, reducen la biodiversidad y repercuten en la disponibilidad de recursos pesqueros.
La pérdida de animales como el tiburón ballena modifica dinámicas ecológicas que, con el tiempo, pueden alcanzar incluso a la actividad humana vinculada al océano.

Según informó Forbes, Luke Warwick, director de Conservación de Tiburones y Rayas de WCS, subrayó la urgencia de estas medidas al señalar: “La ciencia es inequívoca, y las herramientas y el apoyo para implementar la CITES ya existen para los gobiernos una vez aprobadas las listas. Las Partes de la CITES deben actuar antes de que estos animales desaparezcan por completo de nuestros océanos”.
Ciencia, control y desafíos para la aplicación
El comercio ilegal avanza con rapidez y aprovecha brechas estructurales, desde falta de financiación hasta capacitación deficiente y corrupción. Debido a esto, las herramientas genéticas adquieren una importancia creciente, ya que permiten identificar especies incluso cuando los productos se encuentran procesados.
Estas técnicas generan evidencias sólidas, pero requieren ser aplicadas de manera uniforme por las autoridades para mantener su eficacia.
La Dra. Susan Lieberman, vicepresidenta de Política Internacional de WCS, advirtió a Forbes: “Los estudios científicos recientes demuestran que nos estamos acercando rápidamente a un punto crítico para la conservación de tiburones y rayas”.

“Nos estamos quedando sin tiempo para promulgar y aplicar medidas globales que eviten extinciones generalizadas”, agregó y afirmó la Dra. Lieberman, quien subrayó que las propuestas se alinean con compromisos ya vigentes en acuerdos internacionales y podrían reforzar la fiscalización.
Un momento decisivo para los océanos
De acuerdo con Forbes, las herramientas para proteger a estas especies existen y están disponibles para la mayoría de los gobiernos. El desafío recae en aplicar esos recursos y asegurar que las regulaciones se integren a sistemas de control que alcancen puertos, fronteras y mercados. La coordinación entre ciencia, política y fiscalización determinará el alcance de las medidas que se adopten en la CoP20.
Las decisiones que surjan de esta reunión podrían establecer protecciones capaces de evitar la disminución irreversible de especies que habitaron los océanos durante cientos de millones de años y cuyo rol resulta esencial para el equilibrio marino.
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