
En las selvas misioneras y en las islas del Delta del Paraná, hay especies vegetales que existen solo en fragmentos de territorio y de las que dependen el delicado equilibro de la biodiversidad, los sistemas productivos y hasta la supervivencia de mariposas únicas.
Este 3 de marzo, el Día Mundial de la Vida Silvestre tiene como eje a las plantas medicinales y aromáticas, protagonistas silenciosas en la salud humana, el patrimonio cultural y el equilibrio ecológico.
Las plantas, base de la vida y la salud
La ONU proclamó el 3 de marzo como Día Mundial de la Vida Silvestre en homenaje a la firma de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) en 1973. Este año, la efeméride pone el foco en el rol de las plantas medicinales y aromáticas, esenciales para la salud y la economía de millones de personas.
Según la Secretaría de la CITES: “Las plantas medicinales y aromáticas son esenciales tanto para la salud humana como para el equilibrio ecológico”. La Organización Mundial de la Salud estima que entre el 70 % y el 95 % de la población de países en desarrollo depende de la medicina tradicional para la atención primaria.
A nivel mundial, se recolectan entre 50.000 y 70.000 especies de estas plantas, muchas bajo amenaza por destrucción de hábitats, sobreexplotación y comercio ilegal.
Más del 20 % de las especies vegetales utilizadas con fines medicinales y aromáticos figuran en la Lista Roja de la UICN como amenazadas de extinción.
Protección de especies únicas en Misiones
En el sur de Misiones, la Fundación Temaikèn coordina un programa de rescate y conservación de plantas endémicas, muchas con usos medicinales y aromáticos, que solo crecen en esa región. J
erónimo Torresín, coordinador del Programa Selva y Pastizal, explicó: “Las plantas pueden ser evaluadas y categorizadas del mismo modo que los animales, pero suele faltar información sobre su conservación. Muchas no están categorizadas porque es más complejo relevarlas”.
De las 17 especies monitoreadas por la fundación, la mayoría son microendémicas, lo que significa que solo existen en áreas muy reducidas. Entre las más amenazadas figuran Hedeoma teyucuarensis, Oxypetalum teyucuarense e Hypericum robsonii. De las dos primeras, presentes únicamente en los pastizales de la península de Teyú Cuaré, se conocen muy pocos ejemplares. La Hedeoma teyucuarensis se utiliza como antiparasitario y aromatizante, mientras que la Oxypetalum teyucuarense sostiene grupos específicos de mariposas, que dependen de ella como planta hospedera.

Torresín advirtió que, aunque la extinción es un proceso natural, en la actualidad “casi todas las especies que están amenazadas lo están por causas antrópicas muy fuertes”. Temaikèn trabaja con aliados como la Universidad Nacional de Misiones, INTA, IMiBio y el Jardín Botánico Carlos Thays en acciones de conservación “in situ” y “ex situ”: “En el vivero intentamos multiplicarlas y reforzar poblaciones naturales, mientras que en territorio se protege el hábitat y se combate el fuego y las plagas”.
El Delta del Paraná, un territorio bajo presión
En la región del Delta del Paraná, la biodiversidad vegetal enfrenta amenazas similares. Según Germán Hansen, del Programa Delta del Paraná de Fundación Temaikèn: “Las plantas no solo nos proveen de alimento, medicinas, madera y fibras, sino que cumplen servicios ambientales fundamentales como la regulación del clima y la fijación del suelo”. El Delta, que alberga más de 700 especies vegetales y 567 de vertebrados, padece presiones por obras de infraestructura, especies exóticas invasoras, incendios y contaminación.

La vegetación nativa del Delta, compuesta mayoritariamente por pastizales y juncales, se ve desplazada por plantas exóticas como el lirio amarillo, la zarzamora y la acacia negra. Además, los “Montes Blancos”, bosques ribereños con árboles de corteza clara, casi desaparecieron por actividades productivas y urbanización desde mediados del siglo XX.
Frente a este escenario, Fundación Temaikèn promueve la restauración y conservación de la flora nativa mediante plantaciones, educación ambiental y la creación de corredores biológicos en alianza con comunidades locales.

La crisis de las plantas medicinales y aromáticas no se limita a casos aislados. Según la ONU, una de cada cinco personas depende de plantas silvestres, algas y hongos para su alimentación e ingresos. El comercio global de medicina tradicional basada en plantas alcanza cifras millonarias, y la demanda sigue en aumento. El desafío es garantizar su uso sostenible y el acceso equitativo a los beneficios, en línea con los objetivos del Marco Mundial de Diversidad Biológica.
De acuerdo con la Secretaría de la CITES: “La sensibilización, el refuerzo de la normativa y la garantía de la sostenibilidad son esenciales para que estos valiosos recursos vegetales sobrevivan en estado silvestre”. El Día Mundial de la Vida Silvestre busca visibilizar esta problemática y destacar la importancia de la conservación colaborativa entre organizaciones, comunidades y gobiernos.
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