
En los remotos páramos de los Andes ecuatorianos, pequeños estanques de alta montaña se revelan como actores climáticos más influyentes de lo supuesto hasta ahora. Una investigación encabezada por la Universidad de Carolina del Norte (UNC) y publicada en la revista Limnology & Oceanography muestra que estos cuerpos de agua, frecuentemente ignorados en modelos globales de carbono, emiten cantidades significativas de gases de efecto invernadero como dióxido de carbono (CO2) y metano (CH4).
El estudio, resultado de un año de monitoreo en el Parque Nacional Cayambe Coca, indica que estos discretos ecosistemas acuáticos pueden superar en emisiones a lagos y humedales de mayor tamaño situados a pocos metros, lo que exige revisar su peso en la dinámica climática global.
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El equipo, dirigido por Kriddie Whitmore y Diego Riveros-Iregui de la UNC, junto a la Universidad San Francisco de Quito, condujo su investigación en un ecosistema de páramo con suelos ricos en turba y carbono. Entre junio de 2022 y julio de 2023, los científicos midieron la presión parcial y las tasas de emisión de CO2 y CH4 en 11 estanques y un humedal, todos con superficies inferiores a 5.000 m2.
Tal como declara la UNC, “los estanques más pequeños pueden marcar una gran diferencia, emitiendo más carbono que cuerpos de agua mayores situados a escasos metros”. Esta evidencia contradice la creencia de que el tamaño del estanque define su impacto climático y destaca la importancia de investigar de manera específica los sistemas acuáticos de pequeña escala.
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Magnitud y variabilidad de las emisiones de gases de efecto invernadero
El artículo en Limnology & Oceanography detalla una elevada desigualdad en la magnitud de las emisiones entre los distintos estanques. Durante la temporada de lluvias, las emisiones medias alcanzaron 0,34 ± 0,54 gramos de carbono como CO2 por metro cuadrado al día y 0,012 ± 0,018 gramos de carbono como CH4 por metro cuadrado al día.
Algunos modestos estanques reportaron mayores emisiones totales que otros mucho más extensos, incluso tras ajustar las cifras por superficie. Todos los sitios analizados presentaron sobresaturación de metano, mientras el dióxido de carbono fue más variable, con estanques que, en ciertos días, registraron episodios de sub-saturación.
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El análisis muestra que la variabilidad en las emisiones no obedece principalmente al tamaño del estanque. Elementos como la elevación, la temperatura del agua y la conectividad hidrológica entre suelo y agua aparecen como factores determinantes. De acuerdo con el estudio, la temperatura media del agua es el principal predictor de las concentraciones de metano, en tanto que la elevación resulta clave para el dióxido de carbono.
La conectividad suelo-agua, evaluada mediante un índice de profundidad al agua, se asocia con niveles elevados de CO2, lo que indica que el aporte de aguas subterráneas cumple un rol esencial en la dinámica de emisiones. El artículo enfatiza que “estos factores, más que el área o la profundidad del estanque, explican la existencia de puntos calientes de emisión en el paisaje andino”.
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Factores que explican las emisiones y su variabilidad
El estudio advierte sobre la alta variabilidad temporal y espacial de las emisiones detectadas. Algunos estanques cambiaron notablemente de superficie a lo largo del año, llegando a secarse por completo en la estación seca, lo que introduce incertidumbre en las estimaciones anuales.
El humedal evaluado mostró contrastes marcados entre el centro y los bordes, estos últimos con concentraciones de gases mucho más elevadas. No obstante, los investigadores hacen hincapié en que no se midieron las emisiones por burbujeo, un proceso capaz de incrementar las cifras reportadas.
Tales hallazgos tienen consecuencias directas para la modelización climática y las políticas de mitigación. La UNC afirma que la exclusión histórica de los pequeños estanques en los modelos globales de carbono creó una “zona ciega” en la comprensión del ciclo global del carbono.
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Integrar estos datos permitirá refinar las proyecciones sobre el balance de carbono y mejorar la capacidad de anticipar los impactos del cambio climático en regiones tropicales de montaña. Diego Riveros-Iregui, investigador principal, señaló: “Estas áreas han sido durante mucho tiempo puntos ciegos en los modelos climáticos globales”.

El páramo andino y su rol en el ciclo global del carbono
El enclave donde se desarrolló el estudio corresponde al páramo andino, ecosistema de alta montaña que se extiende desde Venezuela hasta el norte de Perú, entre los 3.400 y 4.500 metros sobre el nivel del mar. Este entorno, modelado por glaciares y definido por una vegetación que varía con la altitud, alberga suelos de turba considerados entre los más profundos del mundo.
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La combinación de bajas temperaturas, alta humedad y suelos anegados facilita la acumulación de carbono, al tiempo que genera condiciones idóneas para la emisión de gases de efecto invernadero desde los cuerpos de agua superficiales.
El artículo remarca que, aunque la mayor parte de los estudios previos se realizaron en latitudes altas, los resultados de los Andes tropicales llenan una brecha crítica en la literatura científica.
Al desentrañar los mecanismos responsables de las emisiones de carbono en estos ecosistemas de alta montaña, la investigación liderada por la UNC aporta a la ciencia climática internacional. Tal conocimiento permitirá perfeccionar los modelos climáticos y comprender con mayor precisión el modo en que los paisajes montañosos tropicales afectan el balance de carbono del planeta.
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