
Las emisiones de gases de efecto invernadero originadas en los ríos del mundo aumentaron en las últimas dos décadas a raíz del alza de las temperaturas, advirtió un estudio liderado por el Karlsruhe Institute of Technology y publicado por la revista Global Change Biology.
Entre 2002 y 2022, el ritmo acelerado de calentamiento y los cambios en el uso del suelo están transformando la química y la función ecológica de los ríos, haciendo de estos ecosistemas una fuente de gases que hasta ahora estaban subestimadas en los balances globales de carbono.
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El análisis presentado por Ricky Mwangada Mwanake, Elizabeth Gachibu Wangari y Ralf Kiese estableció que, durante el período estudiado, las emisiones adicionales generadas por la acción humana en los ríos alcanzaron aproximadamente 1.500 millones de toneladas métricas de CO₂ equivalente.
Este volumen no había sido integrado previamente en los presupuestos globales de gases de efecto invernadero, según se detalló en Global Change Biology.
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La investigación, realizada a partir de datos provenientes de más de 1.000 puntos de monitoreo fluvial y complementada con observaciones satelitales y métodos de aprendizaje automático, demostró que, en promedio, los ríos han perdido oxígeno a una tasa de 0,058 miligramos por litro cada década.
Este ritmo resulta hasta 2,5 veces más rápido que el observado en lagos y océanos, según indica el artículo.
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Las causas: el efecto combinado del calentamiento y las actividades humanas
La descomposición biogeoquímica favorecida por microorganismos en los cursos de agua convierte los aportes de carbono y nutrientes, provenientes de la agricultura y las aguas residuales, en dióxido de carbono (CO₂), metano (CH₄) y óxido nitroso (N₂O), todos ellos gases con alto poder de calentamiento global, según planteó el trabajo.
La acumulación de materia orgánica y nutrientes aumenta la respiración microbiana y reduce los niveles de oxígeno.
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Los ríos ubicados en áreas sometidas a las presiones combinadas del calentamiento han registrado aumentos de hasta 1.644% en la saturación de metano, 52% en la de CO₂ y una reducción del 5% en la concentración de oxígeno en comparación con regiones de menor impacto.
Según Global Change Biology, los cambios más rápidos se observaron en regiones con expansión urbana, donde el aumento de la temperatura del agua se combina con mayores aportes de nutrientes y carbono. Esto acelera los procesos microbianos y crea puntos críticos en los que los factores adversos se refuerzan, conduciendo a la acumulación de gases de efecto invernadero en el agua.
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Dimensión global y tendencias regionales

La modelización realizada mediante aprendizaje automático y sustentada en datos satelitales, incluyendo índices de vegetación, radiación fotosintética y topografía, permitió estimar tendencias anuales entre 2002 y 2022 en 5.084 cuencas hidrográficas de todo el planeta.
En Asia, las caídas de oxígeno disuelto llegaron a ser cuatro veces mayores que en otras regiones, acompañadas por un relevante crecimiento de la temperatura del agua y la densidad poblacional.
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En contraste, algunas regiones de América del Norte demostraron capacidad de resiliencia: la disminución de áreas agrícolas y el incremento de coberturas forestales se vincularon con menores incrementos en los gases de efecto invernadero, aunque el calentamiento fluvial igualmente indujo una reducción de oxígeno en la mayoría de los cauces monitoreados.

Consecuencias ambientales y posibles estrategias de mitigación
La pérdida acelerada de oxígeno en ríos representa un riesgo fundamental para la vida acuática, al favorecer la generación de condiciones tóxicas para organismos dependientes del oxígeno.
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Además, la emisión neta de gases como el CO₂, metano y óxido nitroso convierte a estos ecosistemas en actores directos del cambio climático global, con impactos que exceden el ámbito local.
Como señaló Ricky Mwanake del Karlsruhe Institute of Technology: “Si logramos proteger mejor los ríos reduciendo el ingreso de sustancias nocivas, este efecto puede revertirse. Esto significa que proteger los ríos es, ni más ni menos, una forma activa de proteger el clima”.
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El análisis sugirió que estrategias como la restauración de bosques ribereños y la reducción de vertidos urbanos y agrícolas pueden atenuar tanto la acumulación de gases de efecto invernadero como la desoxigenación del agua.
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