
La identificación de los “grassy trees” —una categoría que agrupa al bambú, las palmas y las bananos— surge como una de las alternativas más sólidas para enfrentar el cambio climático, según un análisis publicado por New York University el 24 de octubre de 2025.
El estudio, dirigido por Aiyu Zheng, investigadora del Departamento de Estudios Ambientales de New York University, define a los “grassy trees” como un grupo de plantas que no encajan estrictamente en las categorías tradicionales de árboles o pastos.
“Bambú, palmas y bananos, que no se ajustan del todo como ‘árboles’ o ‘pastos’, en realidad forman un grupo poderoso que llamamos ‘grassy trees’ y que reúne lo mejor de ambos mundos”, explicó Zheng.
Su naturaleza híbrida —mezcla la altura y estructura de los árboles con la rapidez de crecimiento de los pastos— les permite adaptarse y recuperarse con más facilidad ante eventos extremos como incendios, tormentas o cosechas, frente a los árboles convencionales.

Beneficios ambientales, sociales y económicos
El análisis de New York University destaca que los “grassy trees” sobresalen por su resiliencia y por su capacidad para restaurar suelos degradados, almacenar carbono, apoyar la biodiversidad y sustentar a las comunidades locales.
De acuerdo con Mingzhen Lu, profesor asistente y autor principal, este trabajo ofrece el “primer panorama global sobre cuánto carbono capturan y almacenan los grassy trees, demostrando que son abundantes, prácticos y profundamente integrados en las culturas tropicales, por lo que merecen ser considerados junto a otras soluciones basadas en la naturaleza”.
Reconocer a los “grassy trees” como una categoría propia permite mapear con mayor precisión su distribución y cuantificar sus aportes ecológicos y económicos. El estudio señala que, aunque su capacidad de almacenamiento de carbono es intermedia —menor que la de los árboles convencionales, pero superior a la de los pastos—, su productividad es considerablemente alta.
Además, su utilización abarca la producción de materiales renovables, entre ellos plásticos biodegradables a partir de bambú, y esto contribuye a reducir los residuos plásticos a escala global.

Experiencias concretas y potencial a futuro
Los beneficios de los “grassy trees” se evidencian en ejemplos concretos presentados por New York University. En Sudamérica, la palma moriche sostiene la biodiversidad de humedales y proporciona frutos y aceites nutritivos a comunidades.
En Etiopía, el bambú de tierras bajas ayudó a restaurar suelos degradados y fuentes de agua; además, impulsa una industria verde en crecimiento que genera empleo. En el sudeste asiático, los bananos proporcionan sombra a huertos familiares diversos, fortalecen la seguridad alimentaria y los ingresos rurales.
El potencial de los “grassy trees” abarca mucho más que estos casos. El equipo de investigación de New York University, al analizar datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de más de 30 países con presencia significativa de bambú o palmas, identificó regiones con grandes oportunidades para utilizar estos recursos en soluciones de sostenibilidad asequibles.
Zheng enfatizó que, al tratarse de especies ampliamente cultivadas y conocidas en los trópicos —ya sea en bosques naturales, plantaciones comerciales o arboledas comunitarias—, los “grassy trees” se convierten en una guía práctica: seleccionar la especie adecuada, respaldar la gestión local y monitorear los resultados respecto al carbono capturado, ingresos generados y resiliencia lograda.
El reconocimiento formal de los “grassy trees” como una forma de crecimiento única abre la puerta a nuevas investigaciones que ahondarán en su valor ecológico y social, según concluye el equipo de New York University, lo que inicia una etapa para explorar su potencial a mayor escala.
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