Es maquilladora profesional, fue estilista de videoclips, de obras de teatro, de shows, de producciones fotográficas de distintos artistas, incluso de su hermana, Lali Espósito. Histriónica, frontal, cálida, se ganó su lugar como streamer y hoy es una de las figuras más importantes del exitoso programas de Luzu TV, “Patria y Familia”.
– Sí, nos va muy bien, por suerte y por trabajo, hemos trabajado mucho para que así sea, para ganar nuestra comunidad.
– Trabajaste siempre, hiciste muchas cosas.
– He trabajado, el dinero a veces es poder y cuando sos chico ese poder lo tienen tus padres porque vos no manejás plata. Entonces, para que no me dijeran que no había dinero y no podía salir, trabajaba.
– ¿Cuáles fueron los primeros trabajos cuando eras adolescente?
– Mi primer primer laburo fue productos de revista tipo Avon. También era maestra particular de alumnos de primaria y con eso tenía mis estipendios para salir el finde.
– Para salir, dijiste, no para comprarte pilchas.
– No, porque en ese momento tenía una relación distinta con mi cuerpo, no era tan afín a comprarme pilchas, tenía un veintiúnico pantalón, lo usaba y se lavaba para el fin de semana.
- Vas a cumplir 40, ¿qué tal eso?
– Pensé que a los 40 me iba a sentir un poco más grande y es cuando más viva estoy, y cuanto más me permito hacer cosas que cuando era más chica no me hubiera permitido hacer. Son unos buenos y lúdicos 40 años que voy a cumplir.
– ¿Sos de los que hacen balance cuando viene un número redondo? ¿Qué queda por hacer? ¿Qué quiero no dejar de hacer?
– No, terapia todos los miércoles y ahí hago todo. Si tengo un tema hasta que no encuentro el meollo de la cuestión no salgo de ese tema. De alguna manera voy haciendo balances todas las semanas en mi terapia con mi psicóloga. Estoy muy orgullosa de mi recorrido hasta acá.

“NO ERA SOCIALMENTE ACEPTADA POR SER NEGRA, POR SER GORDA, POR NO SER HEGEMÓNICA”
– Es la primera vez que te veo con ondas y el pelo está más claro. Está cambiando todo.
– Estoy cambiando, tal vez los 40 traigan un poco ese cambio. He invertido muchísimo dinero en alisar mi cabello toda la vida, lo odiaba a mi pelo. Pero también era parte de una cosa social, muchas situaciones podían dejarme afuera de cosas. No era socialmente aceptada por esto o por lo otro, por ser negra, por ser gorda, por no ser hegemónica. Y usar un pelo así con todo eso encima era llamar la atención. Yo quería pasar desapercibida, había que plancharse el pelo. Nos planchábamos el pelo con unas planchitas gigantes, nos hemos llegado a planchar el pelo con una plancha real. Había cosas que no teníamos la libertad de hacer, era como una falsa rebeldía.
“ME VESTÍA DE NEGRO PARA QUE NO SE NOTARA EL PESO, IBA A UNA CITA Y NO COMÍA, ‘ASÍ ÉL PIENSA QUE SOY FIT’”
– ¿Eras de las que se vestía de negro para que no se notara tu peso?
– Absolutamente. De las que me vestía de negro para que no se notara el peso, de las que iba a una cita y no comía porque pensaba “por las dudas no como así piensa que soy fit”. Esas cosas que uno hace y no entiende por qué. Un día tenés 40 y decís: ya fue, este es mi cabello, lo usaré, no tengo otros señores.
– ¿Cómo te llevás con el espejo ahora?
– Muchísimo mejor. Pero porque hubo muchos balances internos, de cosas que uno no quiere seguir llevando consigo. Y al tener todo menos peso encima uno florece de otra manera. Yo sentí florecer de otra manera al dejar de sostener lo que van a decir, si el pelo es lindo, si es feo, si soy linda, si soy…
– Nombraste varias cosas que son importantes, una es el color de la piel ¿Te acomplejaba?
– Para nada, yo amo mi color de piel. Soy una santiagueña muy orgullosa de serlo. Pero en la época en que yo iba al colegio el hate que hoy existen las redes era one on one, te decían cosas en vivo tus compañeros de primaria o de secundaria. El hate siempre existió, hoy se ve más, pero siempre ha existido, sobre todo en disidencias, en minorías.
“EN BUENOS AIRES ME HAN DICHO COSAS EN EL COLEGIO POR SER PROVINCIANA”
– En Santiago del Estero el color de la piel no era minoría.
– En Santiago no, pero yo me vine a vivir a Buenos Aires definitivamente cuando tenía ocho años. ‘Habla mal tu hija’, ‘dice malas palabras’, le decían a mi mamá, no sabían que en Santiago se decían así. Me han dicho cosas en el colegio por ser provinciana y aún hoy aparece el hate en algún que otro comentario.
– ¿Por el color de la piel?
– Si. Yo hice una entrevista acá y muchos de los comentarios tenían que ver con el color de la piel, con mi marronidad. Los que tenemos el color de piel, somos gordos o fuimos gordos, tenemos el rulo o lo que sea, nos acostumbramos a esa situación.
– ¿Esos son rulos naturales entonces?
– Estos son mis rulos naturales. Yo dejé a mi pelo ser y mi pelo dijo: al fin nena. Y se puso lindo de repente. No es mi color… Jajajaja.
– Querías ser rubia en algún momento.
– Un poco ya había sido rubia, mi rebeldía adolescente era teñirme un día de rojo fuertísimo, otro día de amarillo, otro día volvía a mi color y así. Esa fue mi rebeldía.
– ¿Recibías además críticas o de agresiones por el peso?
– Sí, también. En la época en la que yo crecí era una situación social instalada, era de esa forma.
– ¿Te sentías insegura?
– Sí, pero también siempre fui manda más. Insegura absolutamente, pero yo daba vuelta esa inseguridad con la carita, acá estoy yo.

– Que no se notara.
– Era para que no se notaba, pero tenía el efecto inverso. Porque la caracúlica llama la atención, la gente dice, ¿y a ésta qué le pasa? Cuando algo no me gusta, la cara se me transforma y no lo puedo disimular. Ahora lo estoy trabajando un poquito.
– ¿Para qué?
– Esa fue una pregunta que me hice. Hay dinámicas en las que no es necesario sostener la cara porque sí. Cuando es necesario recontra banco mi cara, cuando tengo que ser clara y concisa con algo y puedo poner los puntos. No es necesaria en todas las situaciones, porque tengo que avisarle a la cabeza que no me está corriendo un león, tranquila, no pasa nada. Me parece que lo que sucede es que al toque me defiendo de algo y entonces viene la cara.
– Como algo reactivo, a la defensiva.
– Es como algo reactivo.
– En los últimos días hay muchas reacciones contra Nathy Peluso porque bajó de peso.
– Sin embargo a Ibai, el streamer tan conocido que hizo su proceso de bajar de peso, la gente lo alentaba.
“BAJÉ 40 KILOS. FUE UN PROCESO NATURAL, EMPECÉ A DEJAR OTROS PESOS Y ESO SE TRADUJO EN MI PROPIO PESO Y EN MI PROPIO CUIDADO”
– Nathy Peluso no disimulaba, iba orgullosa con su cuerpo y ahora decidió bajar mucho de peso. Recibía críticas cuando mostraba su cuerpo antes y ahora también que bajó de peso.
– Ahí la crítica está dada por el hecho de ser mujer, no por subir o bajar de peso. En su momento, cuando bajé de peso, bajé 40 kilos, fue un cambio rotundo de mi fisonomía. En algún momento me cuestioné si no estaba traicionando algún principio y en realidad me di cuenta que fue un proceso natural. Empecé a dejar otros pesos y eso se tradujo en mi propio cuerpo y en mi propio cuidado. También existe esto de que el gordo está enfermo, no sé si siempre es así. No sé si el comentario “te lo digo por tu bien” suma.

– ¿En un momento necesitaste cambiar?
- Sí, dejar de sostener cosas que sentí que no debía sostener. Me quise poner las pilas, quise alimentarme mejor, quise conectar el ejercicio, lo logré y no me sentí culpable por eso después.
– ¿Cómo fue esa decisión?
– Subía las escaleras de mi casa en ese momento con 34 años, y me dolían las rodillas, no me sentía físicamente bien. Arranqué y a los tres meses ya había adelgazado. Pero no sólo había adelgazado, me sentía bien, había conectado con hacer ejercicio, con alimentarme bien, con tener un orden distinto. Y seguí, encontré bienestar en eso.
“YO ESTABA MUY ENOJADA CON MI YO GORDITA, LO SOCIAL SE TE TERMINA METIENDO Y UNO SE ASUME COMO TE DICEN QUE SOS”
– Eso es el espejo, es no sentirte vos cómoda con el cuerpo.
– El espejo puede ser una tortura, lo mismo que la balanza, porque por ahí no estás viendo algo real. Lo real es lo que vos sentís, lo que hay dentro de tu corazón. Yo estaba muy enojada con mi yo gordita, después entendí que ella me estaba salvando de todas las batallas.
– ¿Por qué estabas enojada?
– No sé, lo social se te termina metiendo un poco en la vena y uno se asume como te dicen que sos. Después te das cuenta, “yo no era así”, “yo no era esto solo, soy un montón de otras cosas”, pero primero un poco te comés el verso.
“SI SOS GORDO NO PODÉS BAILAR, SI SOS NEGRO NO TE PUEDE IR BIEN. UNO SE ASUME COMO TE DICEN QUE SOS”
– O sea que te asumías como yo soy gordita y listo.
– Al gordo, al negro, a la minoría, se la corre con que no puede hacer nada. Si vos tenés rulos no podés hacer esto, si sos gordo no podés bailar, si sos negro no te puede ir bien. Ahora hay otras herramientas, tal vez.
– ¿Te lo creés?
– Te comés el verso, por eso uno tiende a esconderse. Y por eso recibe tanto hate el que es gordito y baila y se muestra, porque hay un montón que no se anima y pone esa frustración en el veintiúnico que sí se animó.
– ¿Por qué te emocionaste recién? ¿Algo te angustió?
– No, no me angustió. Me emociona hablar de eso que sentimos quienes quedamos afuera, excluidos en algún momento por algún motivo, no importa cuál. Lo que me genera emoción es haberme creído eso. Haber creído que yo tenía que vestirme de negro, que mejor si no hablaba, que con cara de culo soluciono todo para que la gente no me hable, no se me acerque. Eso y haber podido dar vuelta esa sensación y saber que ante cualquier situación puedo tener mi voz, puedo tener mi voto, puedo hablar. Lo que me emociona es sentir que no hoy importa cómo seamos, también podemos hablar. Estoy acá sentada dando esta entrevista, correrme de esos preceptos me ha dado mi propia voz.
- Qué difícil empezar de cero. El momento en que te ponés cada día las zapatillas o relacionarte distinto con la comida. Todo ese cambio es un esfuerzo gigante.
– No quiero ponerlo en términos de esfuerzo porque en mi caso fue una elección. Yo elegí todos los días hacer algo en pos de lo que me daba bienestar. Comer bien, hacer ejercicio, sentirme físicamente distinta me generaba un bienestar real.
– Qué bueno si lo pudieras contagiar.
– Jajajaja. Creo que el contagio viene de no comerte el verso de lo que te dijeron los otros que vos eras. Poder limpiarse de todos los comentarios y de todo lo que existe alrededor, eso es lo que puedo divulgar.
– Anita, te escuché decir que sos madre soltera.
– Soy madre soltera, es medio raro eso. Hay un padre, pero tiene una participación extraña, una participación que denominamos “cuando él quiere”. Yo me considero así porque no tengo trato y de todo me ocupo yo. Esa es la realidad.

– Santino tiene 14. Las madres solteras, ¿a quién recurren cuando tienen una emergencia?
– Yo recurro a mi pareja, mucho a mi vieja, Santi tiene una relación bárbara con mi mamá. Cuando Santino tenía seis añitos me puse en pareja. Entonces todo este tiempo hasta ahora mi pareja me da una mano, pero mi vieja es la primera en la lista.
– Criar sola un bebé es complejo.
– En ese momento estaban mi vieja, mi hermana, las minitas de la familia. Mi vieja también fue madre soltera. Yo me separé cuando Santino tenía tres años y primero estaba re cagada en las patas. Yo quedé embarazada a los 25 y era un tema la maternidad .
– Es un viaje de ida, con lo bueno y lo malo que eso significa.
– Exacto. Una está siempre con lo bueno y lo malo que eso significa. No importa que tengan 14 o 25 años. Yo tengo 40 años y mi vieja sigue estando ahí para nosotros, es para siempre, es un vínculo muy, muy fuerte. Por eso también las emociones que conlleva, es un gran desafío la maternidad.
– Y es más fuerte cuando viven solo dos, o sea, ¿mamá e hijo?
– A veces sí, hay situaciones, yo tengo que trabajar. Hay que armar una logística, porque en mi familia también todo el mundo trabaja. A veces puede y a veces no puede el “0800 mi vieja” y la gran parte de la comunidad femenina que uno tiene siempre está predispuesta para darte una mano. Y yo con mis amigas que tienen hijos.
– Ya es un adolescente ¿De asesinatos y violencia de género hablás con él?
– Me ocupa mucho criar un buen varón. Yo sé que es responsabilidad de ambos padres, pero hay muchas como yo a las que nos toca criar medio solas. Aún con un otro al lado, muchas sabemos que el varón no se va a sentar a tener una conversación respecto de violencia de género, de las cosas que pasan, de cómo tratarnos, de cómo lidiar con los tratos que tienen con nosotros. Hablo muchísimo porque fui adolescente y temo que mi hijo sea el mismo adolescente que yo, jajajaja. Confío en el laburo que he hecho hasta acá como mamá.
- Hoy me llegó una encuesta de opinión sobre violencia de género y machismo. Les preguntaron a las mujeres, ¿alguna vez te acosaron? ¿Alguna vez te tocaron la cola? ¿Alguna vez un jefe te quiso seducir? Y más preguntas. La mayor parte de las mujeres dijeron que sí a todas las preguntas.
– Lamentablemente es así. Ante hechos tan concretos y tan aberrantes como que aparezca una piba de 14 años desmembrada y violada hay cosas que son tajantes. Pasamos de situaciones cotidianas y tontas que atravesamos todo el día a directamente pedir que no nos maten. Las micro cositas son tantas, y todo hace hoy sea moneda corriente que cada 31 horas maten a una mujer.

– Te pregunté si hablabas con varones porque damos por sentado que entre mujeres hablamos, no se ve públicamente muchos varones hablar de violencia de género, a algunos pocos.
– ¿Sabés cuando tal vez salgan a hablar? Cuando maten uno cada 31 horas. El otro día estaba con mis amigas en Plaza de Mayo por este tema y se escuchaba el murmullo de todas hablando de lo mismo y me hizo acordar a lo que te contaban en la escuela sobre 1810 cuando decían que la gente estaba afuera queriendo saber qué pasaba. Estábamos viendo cómo hacer para solucionar este tema que nos atraviesa transversalmente a todos.
– Entrevisté a tu mamá, Majo, cuando presentó su libro después de atravesar un cáncer de mama. Sos su hija mayor, imagino que debe haber sido muy fuerte para vos ese tiempo con una mamá en un estado muy vulnerable.
– Sí, como hijos es un momento muy complicado porque uno está entre el dolor de uno y no querer que el otro se suma en ese dolor o se hunda en ese dolor, entonces uno trata de apoyar como puede. Es un momento tan personal que quien tiene la batuta en esas situaciones es quien está atravesando eso, los demás acompañamos de la mejor manera que podemos. Creo que pudimos acompañar a mi vieja en sus decisiones, en lo que ella quería hacer con su tratamiento.
“ELLA DECIDIÓ RAPARSE Y YO LA RAPÉ, ERA EL MOMENTO DE ACOMPAÑAR A MI VIEJA”
– ¿Qué hacías con tu dolor y con tu miedo?
– En mi caso creo que bastante de como de tragarlo. Primero atendamos el quilombo, después veo cómo me soluciono yo. Nosotros ya veníamos de una situación muy dolorosa que había sido la pérdida de mi prima en el 2019 y quisimos actuar. No pude prestar atención a lo que me pasaba con la noticia, cuando mi mamá ya empezó a estar mejor de a poco pude ir soltando. Pero es un proceso donde estuvimos todos tensos hasta el momento que a ella le dieron el alta.
– Salís a apoyar y a resolver. Pero hay algo que tu cuerpo debe haber acumulado también, no había momento para llorar, ella te tenía que ver bien.
– En un momento ella intentó hacer un tratamiento con un casquito para no perder el pelo que en ella no funcionó y decidió raparse. Ese día yo la rapé, estábamos en una situación muy conmovedora, dolorosa. ¡Vamos ma! ¡Vamos, arriba! Fue un momento de mujeres, estábamos nosotras, acompañamos.
– No lloraste en ese momento.
– No quería. Quizás ahora que pasaron cinco años. No es tu momento, era el momento de acompañar a mi vieja.
“YO LE DIJE: ESTO TIENE QUE SER UN DOLOR COMPARTIDO, NO ESTÁS SOLA EN ESTA SITUACIÓN”
– Cuando me dieron el resultado de cáncer de mama llamé a mi hija mayor. Sos la hija mayor.
– Yo estaba con mi vieja y ella estaba dudando sobre cómo comunicarle al resto de la familia. Yo le dije: somos todos grandes, esta no es una situación que vos tengas que atravesar sola, pone las cartas sobre la mesa y vamos. Era más de mujer a mujer, obvio que es mi vieja, pero era: vamos, Majo. En ese momento era correr un poco los sentimientos de hijo, de cagarte todo por esta noticia que estás recibiendo, y decir: ya somos todos grandes acá, todos asumimos lo que está pasando, pero esto tiene que ser un dolor compartido. O sea, esto te está pasando a vos pero no estás sola en esta situación. Existe esa cosa de querer, sobre todo en las madres, cuidar y edulcorar la verdad. “Acá estamos todos, vamos para adelante. No estás sola en esta situación”. Me parecía importante que ella supiera eso.
“MI FAMILIA ES MI TESORO, SI UNO NO TIENE ESO NO TIENE MUCHO MÁS”
– Tenés una relación increíble con tu mamá.
– La amo. A mi vieja la amo. Mi familia es como el tesoro que uno tiene. Si uno no tiene eso, no tiene mucho más. Yo soy una persona llorona, discúlpenme gente, pero desde que dije basta de cara de culo, ahora me fuman como soy, sensible. Las enfermedades de la familia son temas muy sensibles. No sé si en algún otro momento yo me puse a pensar qué sentí yo cuando me pasó esto de mi vieja. Veníamos de una situación muy triste y muy desoladora, la pérdida de mi prima de 30 años por un cáncer de mama. Mi tía en ese momento estaba atravesando también un cáncer de mama, había muchos frentes abiertos. Y con muchos frentes abiertos también el cagazo es un poco mayor porque ves todo el panorama. Pero mi mamá le puso mucho huevo, como a todo en la vida.

- Está saliendo todo bien.
– Por ahora está saliendo todo bien, María Laura. Hemos venido de otras épocas en las que no ha salido todo tan bien y creo que este es el momento en el que nos merecemos que sí.
Últimas Noticias
Rocío Pardo: el amor con Nicolás Cabré, cómo es su vínculo con Rufina y la inseguridad que la acompañó durante años
La actriz y directora recordó cómo consiguió, con apenas 18 años, convertir un neuropsiquiátrico abandonado en una experiencia teatral que marcó su carrera. En diálogo con Infobae, compartió la historia de superación de su padre, habló de su presente laboral junto a Nicolás Cabré y contó por qué hoy disfrutan de compartir tanto el escenario como la vida

Diamantes de sangre, niños soldados y Maradona como pasaporte: el viaje de un documentalista argentino para contar guerras africanas
La guerra civil en Sierra Leona mató a más de setenta mil personas y esclavizó, secuestró y obligó a convertirse en soldados a diez mil niños y niñas. Pedro Fernández Quiroga viajó para contar la posguerra en una historia que tiene trauma y dolor pero más perdón y reconstrucción. En una nueva edición de Voces, el periplo de un argentino presto a entender lo que pasó y lo que pasa en el ecosistema africano y nadie cuenta

Tanya Hartfield llegó a Buenos Aires sin dinero y hoy ayuda a miles de mujeres a emprender: “Soy fanática de la plenitud”
En Ellas, la exmodelo y mentora repasó el recorrido que la llevó desde una infancia atravesada por las dificultades económicas en Misiones hasta construir una vida de independencia y libertad. Además, habló sobre la búsqueda de su hija, los desafíos de reinventarse profesionalmente y su propósito de acompañar a otras a fortalecer su confianza y desarrollar sus propios proyectos

Eugenia Tobal habló de la vida en pareja, el perro que la preparó para la maternidad y las constelaciones con caballo
En Casino Deluxe, la actriz repasó su presente sobre los escenarios, reflexionó sobre la crianza de su hija y se sinceró sobre los cambios físicos y emocionales que atraviesa durante la perimenopausia. Además, recordó la ausencia que más la marcó y explicó cómo construye su relación basada en la confianza y la libertad

“Cuídense mucho de esta persona”: la fuerte advertencia de Ingrid Grudke sobre su expareja tras una infidelidad y una estafa económica
En Desencriptados, la modelo recordó el doloroso episodio que vivió al descubrir la relación entre quien era su novio y la esposa de su sobrino, una situación que también tuvo consecuencias económicas y familiares. Además, habló de los riesgos del mundo del modelaje, de la independencia económica que construyó en más de 30 años de carrera y de su presente en el fisicoculturismo

