
Con menos de 250 ejemplares en libertad, el kākāpō (Strigops habroptilus), único loro no volador del mundo y endémico de Nueva Zelanda, enfrenta un estado crítico de conservación.
Esta especie, de notable tamaño y plumaje verde apto para el camuflaje, vio su población reducida por múltiples amenazas: depredadores introducidos, enfermedades emergentes y el riesgo de resistencia a antibióticos en los tratamientos médicos.
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No obstante, investigaciones recientes brindan una perspectiva más optimista, ya que los antibióticos continúan siendo eficaces para tratar estas aves, lo que representa una oportunidad significativa para su conservación. Así lo reportan Popular Science y el estudio en Frontiers in Microbiology.
Considerada una de las aves más singulares y amenazadas del planeta, el kākāpō habitaba toda Nueva Zelanda y, según el registro fósil, llegó a ser la segunda ave más abundante del país. La llegada de humanos y de mamíferos depredadores, sumada a la caza, llevó a la especie al borde de la extinción.
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Actualmente, la totalidad de la población se encuentra bajo manejo intensivo en islas libres de depredadores, como Whenua Hou/Codfish y Anchor/Pukenui, y en el santuario Maungatautari (Sanctuary Mountain), en Waikato.
Los ejemplares alcanzan hasta cuatro kilogramos y superan los 90 años de vida, pero su reproducción ocurre de manera esporádica y el éxito de eclosión resulta bajo, dificultando su recuperación, según los investigadores.
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Un escenario de amenazas múltiples
Entre las mayores amenazas actuales, los depredadores como ratas y armiños impiden la reintroducción del kākāpō en su hábitat original.
Además, la especie enfrenta enfermedades emergentes, como la cloacitis exudativa —popularmente conocida como “crusty bum disease”— que provoca inflamación en el tracto digestivo y reproductivo, infertilidad y, en casos graves, la muerte.
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Esta afección estuvo presente en la población durante casi dos décadas y representa una amenaza directa para la viabilidad y reproducción de la especie, detalla Popular Science.
El desafío de los antibióticos y la resistencia
El tratamiento de la cloacitis exudativa y otras dolencias depende del uso de antibióticos, especialmente enrofloxacino y la combinación de amoxicilina con ácido clavulánico, según lo expuesto en Frontiers in Microbiology.
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El uso frecuente de estos medicamentos plantea un dilema: si bien resultan clave para la supervivencia inmediata, existe el peligro de que las bacterias desarrollen resistencia, lo que pondría en riesgo la eficacia de los tratamientos futuros.
La resistencia a antibióticos es una preocupación creciente incluso en fauna silvestre. “El uso de antibióticos en una especie tan amenazada representa una espada de doble filo: el tratamiento resulta beneficioso de manera inmediata, pero podría facilitar la proliferación de genes de resistencia a largo plazo”, advierten los investigadores.
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Para evaluar el verdadero impacto de los antibióticos en la salud del kākāpō, un equipo de la Universidad de Auckland y colaboradores internacionales llevó a cabo un estudio exhaustivo con técnicas de metatranscriptómica. Analizaron muestras de la cloaca de catorce adultos y varios polluelos de las islas Whenua Hou y Anchor, además de un seguimiento individual al macho conocido como Joe durante su tratamiento.
Los resultados, publicados en Frontiers in Microbiology, indican que, si bien se detectaron genes asociados a resistencia a antibióticos en la microbiota intestinal de los kākāpō, estos parecen surgir de modo natural y no por exposición clínica directa. Además, los tratamientos continúan siendo eficaces y no se observaron repercusiones negativas en la salud de las aves hasta ahora.
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El estudio identificó 515 genes de resistencia a antibióticos expresados en la población, agrupados en 65 categorías distintas, lo que sugiere una potencial resistencia frente a 32 clases de antibióticos.
No obstante, la mayoría de los genes corresponden a mecanismos naturales de defensa bacteriana, no a resistencia adquirida por fármacos. Los polluelos presentan mayor diversidad y abundancia de estos genes respecto a los adultos, aunque esta expresión disminuye al crecer.
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En el caso de Joe, tras el tratamiento, hubo un aumento temporal en la expresión de genes de resistencia, seguido por una reducción significativa, demostrando la efectividad del tratamiento. “El caso de Joe sugiere que la proliferación de la mayoría de los genes de resistencia disminuye al finalizar el proceso antibiótico”, señalan en Frontiers in Microbiology.
Virus, genética y vulnerabilidad oculta
Otro hallazgo relevante es la ausencia de virus aviares conocidos en la población de kākāpō, tanto en adultos como en polluelos.
Los virus detectados pertenecen en su mayoría a familias que infectan plantas, hongos o bacterias, lo que podría estar relacionado con la dieta o el entorno de estas aves.
Esta situación podría deberse a los cuellos de botella genéticos sufridos por la especie, que perdió entre el 70% y el 80% de su diversidad genética desde el siglo XIX, según el estudio.

Sin embargo, los investigadores recuerdan que podrían existir virus aún no detectados o que se eliminen antes de que los síntomas sean identificables.
Conservación y esperanza para el futuro
La conservación del kākāpō depende de un monitoreo permanente y de la actualización constante de estrategias de manejo y tratamiento. El Kākāpō Recovery Programme, dirigido por el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda, realiza controles sanitarios periódicos y ajusta los protocolos con base en los últimos avances científicos.
Aunque el uso de antibióticos sigue siendo fundamental, los expertos insisten en la importancia de la vigilancia continua para evitar la aparición de resistencias. “Con solo 237 aves en libertad, salvar al kākāpō es uno de los principales proyectos de conservación de Nueva Zelanda”, destaca Popular Science.
La actualidad ofrece un margen de esperanza: los antibióticos mantienen su eficacia entre los kākāpō, permitiendo que estos tratamientos sigan siendo esenciales para la supervivencia de la especie. Sin embargo, la observación constante y la investigación continua resultan cruciales para garantizar que este loro único persista y no desaparezca.
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