El iceberg A23a, considerado uno de los más grandes y antiguos del mundo, se encuentra en proceso de desintegración tras casi cuatro décadas desde su desprendimiento de la Antártida. Imágenes satelitales recientes y el análisis de expertos indican que esta colosal masa de hielo, que en su momento duplicó el tamaño del área metropolitana de Londres, se fragmenta rápidamente en aguas más cálidas al norte de la isla Georgia del Sur.
Según datos recopilados, su desaparición podría concretarse en cuestión de semanas, lo que marcaría el final de un fenómeno natural que ha captado la atención de la comunidad científica internacional. Actualmente, A23a perdió más de la mitad de su volumen original, aunque aún conserva una extensión de 1.770 kilómetros cuadrados y alcanza los 60 kilómetros en su punto más ancho. A principios de 2025, su peso se estimaba en casi un billón de toneladas.
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El monitoreo satelital realizado por el programa Copernicus muestra que en las últimas semanas enormes fragmentos, algunos de hasta 400 kilómetros cuadrados, se desprendieron del bloque principal. Al mismo tiempo, numerosos trozos menores, que son lo suficientemente grandes como para representar un riesgo para la navegación, flotan dispersos en el Atlántico Sur.
Andrew Meijers, oceanógrafo físico del British Antarctic Survey (BAS), explicó a AFP que el iceberg “se está desintegrando de forma bastante dramática” a medida que avanza hacia el norte, y advirtió: “Está básicamente pudriéndose por debajo. El agua es demasiado cálida para que se mantenga. Se está derritiendo constantemente”. El experto prevé que este proceso continuará y que, en pocas semanas, A23a dejará de ser identificable como una estructura coherente.
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La historia del gran iceberg comenzó en 1986, cuando se desprendió de la plataforma de hielo Filchner, en la Antártida. Poco después, encalló en el mar de Weddell, donde permaneció inmóvil durante más de 30 años. En 2020, logró liberarse y fue arrastrado por la llamada “callejón de los icebergs”, una ruta oceánica impulsada por la poderosa Corriente Circumpolar Antártica que transporta estos gigantes hacia el Atlántico Sur.
En marzo de 2025, A23a encalló nuevamente, esta vez en aguas poco profundas cerca de la isla Georgia del Sur, a unos 90 kilómetros de la costa. Este episodio generó preocupación por el posible impacto en las colonias de pingüinos y focas de la región, aunque el iceberg se desplazó poco después y continuó su trayecto hacia el norte. Al hacer esto, incrementó su velocidad y llegó a recorrer hasta 20 kilómetros diarios.
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Proceso de desintegración y factores científicos
El proceso de fragmentación responde a una combinación de factores físicos. El BAS detalla que la exposición a aguas más cálidas, junto con la acción de olas y mareas, acelera la ruptura del hielo en bloques cada vez menores, que finalmente se funden. Meijers subraya que, aunque la mayoría de los icebergs no sobrevive tanto tiempo ni recorre distancias tan largas, el tamaño excepcional de A23a le permitió resistir durante décadas. Sin embargo, una vez fuera de la protección de las aguas gélidas antárticas, la desintegración resulta inevitable.
El paso por las proximidades de Georgia del Sur dio lugar a interrogantes sobre su efecto en la fauna local. De acuerdo con el oceanógrafo, si el iceberg permanecía encallado, no se esperaba un impacto significativo en las poblaciones de pingüinos y focas. No obstante, la presencia de un obstáculo de tal magnitud podría obligar a los animales adultos a modificar sus rutas hacia las zonas de alimentación, lo que implicaría un mayor gasto energético y, potencialmente, una reducción en la cantidad de alimento disponible para crías y cachorros.
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Por otro lado, el BAS señala que la desintegración del iceberg podría tener un efecto positivo al liberar nutrientes en el océano, lo que favorecería la productividad biológica y, en consecuencia, a los depredadores locales.
La fragmentación de A23a también plantea desafíos para la navegación y la pesca en el Atlántico Sur. Mientras el bloque principal es fácilmente detectable y evitable por los operadores marítimos, los fragmentos menores resultan mucho más difíciles de rastrear y pueden convertir ciertas áreas en zonas peligrosas o inaccesibles para la actividad pesquera.
Impacto ecológico y relación con el cambio climático
Desde una perspectiva científica, los “megabergs” como A23a desempeñan un papel relevante en el ecosistema marino. El BAS realizó estudios y muestreos alrededor del iceberg para analizar cómo su deshielo y el movimiento de aguas profundas enriquecen la superficie oceánica con nutrientes y micronutrientes, como el hierro.
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Este proceso puede estimular el crecimiento de fitoplancton, base de la cadena alimentaria marina, y contribuir a la captura de carbono atmosférico en el fondo del océano. Sin embargo, los investigadores advierten que aún se requiere más investigación para cuantificar el alcance de estos efectos.

El fenómeno de desprendimiento de grandes icebergs es parte del ciclo natural de las plataformas de hielo antárticas y de Groenlandia. No obstante, científicos del BAS advierten que la frecuencia de estos eventos aumentó en las últimas décadas, en paralelo con la pérdida de masa de las plataformas de hielo, un proceso que atribuyen al cambio climático de origen humano.
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Desde el año 2000, las plataformas antárticas perdieron aproximadamente 6.000 gigatoneladas de hielo, lo que contribuyó al aumento del nivel del mar y podría desencadenar cambios irreversibles en la circulación oceánica, especialmente en la Antártida occidental.
El seguimiento de A23a y otros icebergs se realiza mediante observaciones satelitales diarias, que permiten a los científicos proyectar sus trayectorias y analizar su evolución estructural. El BAS desplegó, además, vehículos autónomos para estudiar el impacto de estos gigantes en la química y la dinámica del océano.
A pesar de la resistencia que mostró A23a, los expertos coinciden en que, una vez que un iceberg abandona las aguas heladas de la Antártida, su destino está sellado: la fragmentación y el deshielo son solo cuestión de tiempo.
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