
Mientras muchas especies de coral perdieron terreno frente al cambio climático y otras presiones ambientales, pero el coral mostaza (Porites astreoides) encontró una vía para mantenerse e incluso expandirse en los arrecifes del Caribe.
Su capacidad para reproducirse tanto asexualmente como mediante partenogénesis (desarrollo de un organismo a partir de un óvulo sin fecundación), marcó la diferencia y le otorgó una ventaja significativa frente a especies como el coral estrella lobulado (Orbicella annularis), que retrocedió notablemente.
Así lo indicó un estudio publicado en la revista Ecology, liderado por Don R. Levitan, investigador de Florida State University, que ofreció una nueva mirada sobre cómo ciertas estrategias reproductivas contribuyeron a la persistencia coralina en ecosistemas cada vez más amenazados.
Durante casi cuatro décadas, los arrecifes del Caribe experimentaron un deterioro constante asociado al aumento de la temperatura del mar, la contaminación y la sobrepesca. De acuerdo con la investigación, mientras muchas especies sufrieron disminuciones marcadas, Porites astreoides incrementó su abundancia relativa en numerosos sitios, convirtiéndose en una de las especies más persistentes de la región.

El estudio, basado en un monitoreo iniciado en 1987 en St. John (Islas Vírgenes de Estados Unidos), atribuyó el éxito de esta especie a su capacidad de reproducirse sin necesidad de parejas. A diferencia de Orbicella annularis, que dependió de la fertilización externa y de una alta densidad poblacional, Porites generó descendencia mediante clonación y partenogénesis, lo que facilitó su establecimiento incluso en ambientes degradados.
Comparación entre métodos reproductivos
Porites astreoides se reprodujo mediante la brotación interna de larvas, tanto sexuales como asexuales. Este proceso permitió que una sola colonia originara descendencia genéticamente idéntica, generando grupos clonales dentro del mismo arrecife. Las larvas se desarrollaron en el interior de la colonia madre y tendieron a asentarse cerca de ella, lo que favoreció la permanencia de genotipos exitosos a nivel local.
En cambio, Orbicella annularis realizó reproducción sexual externa a través de la liberación simultánea de gametos en el agua, un método conocido como “broadcast spawning”. Las larvas permanecieron en la columna de agua durante días o semanas antes de asentarse, lo que requirió sincronización y alta densidad de colonias, condiciones cada vez menos frecuentes.
Don Levitan explicó en el estudio: “El coral mostaza persiste porque es pequeño, madura rápido y puede reproducirse incluso sin pareja”. Esta flexibilidad ofreció una ventaja evolutiva frente a las limitaciones reproductivas de especies con estrategias más dependientes del ambiente.

En los sitios de Yawzi Point y Tektite, en St. John, el monitoreo documentó cambios relevantes entre 1987 y 2022. Según los datos del estudio, en Yawzi Point la cobertura de Orbicella annularis descendió de 40,4% a 2,5%, mientras que Porites astreoides pasó de 1% a 1,1%. En Tektite, la cobertura de Orbicella bajó de 24,2% a 9,2%, y la de Porites subió de 1,5% a 4%.
Aunque la cobertura total de Porites siguió siendo menor, su incremento relativo resultó notable. Además, su tasa de reclutamiento fue considerablemente mayor: hasta 180 veces más larvas asentadas y colonias jóvenes en comparación con Orbicella. Si bien Porites mostró una tasa de mortalidad anual del 29% en colonias pequeñas, frente a un 10% en Orbicella, la elevada producción de reclutas compensó esta pérdida, favoreciendo su persistencia.
Estructura genética y clonación
El equipo de Levitan, junto con Kevin C. Olsen (Oregon State University), Rachael M. Best (University of North Carolina at Chapel Hill) y Edmunds, detectó altos niveles de clonación y partenogénesis en las poblaciones de Porites astreoides. En los sitios analizados, entre 28,8% y 59,2% de las colonias correspondieron a clones genéticamente idénticos originados por reproducción asexual.
La retención local de larvas permitió formar agrupaciones familiares y preservar genotipos adaptados a cada arrecife. Pese al alto grado de parentesco entre individuos, no se encontraron indicios de endogamia ni pérdida de diversidad genética, lo que indicó que la reproducción sexual ocurrió con suficiente frecuencia para mantener la variabilidad.
En contraste, Orbicella annularis mostró una estructura genética más homogénea entre sitios, con baja clonación y escasa diferenciación local, reflejando su mayor dispersión larval y menor capacidad de adaptación a condiciones específicas.

Implicaciones ecológicas
La alteración en la composición de especies coralinas tuvo consecuencias directas sobre la biodiversidad y funcionalidad de los arrecifes. Orbicella annularis, por su tamaño y forma, fue una de las principales arquitectas del hábitat tridimensional que sostuvo gran parte de la fauna marina. Su declive se asoció a una pérdida de complejidad estructural.
Aunque Porites astreoides demostró una notable capacidad de supervivencia y expansión, su tamaño reducido y morfología limitaron su aporte a la estructura del arrecife. Según el estudio, esta transición hacia especies más pequeñas podría afectar negativamente la diversidad biológica y los servicios ecosistémicos dependientes de la arquitectura coralina.
El estudio concluyó que la combinación de clonación, partenogénesis y retención local confirió a Porites astreoides una ventaja en ambientes alterados, pero también anticipó un cambio funcional en los arrecifes, ahora dominados por corales de menor capacidad constructora.
Los autores destacaron la importancia de estos hallazgos para el manejo y conservación de arrecifes caribeños. Levitan subrayó que “la estrategia reproductiva es clave para la supervivencia y adaptación de los corales en ambientes cambiantes”. Edmunds, por su parte, enfatizó la necesidad de mantener investigaciones de largo plazo: “Si no seguimos estudiando rigurosamente el ambiente... aspectos críticos del mundo natural desaparecerán y solo vivirán en tabletas y teléfonos”.
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