
El plumaje esponjoso de los pájaros los mantiene calientes. Sus picos los mantienen frescos y liberan calor cuando la temperatura se eleva demasiado. Pero cuando los animales necesitan un termostato más flexible, utilizan sus patas. Los apéndices más grandes permiten una mayor disipación de calor. Sin embargo, se sabía poco sobre la importancia relativa para la termorregulación.
Ahora, una nueva investigación, basada en imágenes térmicas de 14 especies de aves en Australia, que fue publicada en Biology Letters, encontró que las aves pueden eliminar o retener el calor corporal ajustando el flujo sanguíneo a sus patas.
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A medida que la Tierra se calienta, es posible que incluso desarrollen patas más largas para ayudarles a refrescarse más fácilmente. Se espera que futuros trabajos puedan ayudar a los científicos a comprender mejor cómo las aves de todo el mundo afrontarán el cambio climático.
Los picos y patas de los pájaros proporcionan una excelente manera de refrescarse. Están llenos de venas que no están aisladas por plumas, lo que permite a los animales reducir su temperatura corporal cuando hace demasiado calor. Por eso los loros y otras aves que viven en ambientes tropicales tienen picos tan grandes y patas tan largas.
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La nueva investigación estuvo a cargo de un equipo de trabajo integrado por profesionales de dos universidades de Australia: la Universidad de Brock y la Universidad Deakin.
Termostato incorporado
Gran parte de lo que los científicos saben sobre esas capacidades térmicas se basa en estudios de laboratorio. Para descubrir qué sucede en la naturaleza, los profesionales decidieron tomar imágenes térmicas de animales en parques públicos. Su viaje se vio obstaculizado por la pandemia de COVID-19, por lo que eligieron lugares cercanos a casa en el estado australiano de Victoria.
El equipo utilizó una cámara térmica y se centró en especies como el pato de bosque australiano (Chenonetta jubata), el calamón (Porphyrio porphyrio) y el soberbio reyezuelo (Malurus cyaneus). Tomaron nota de la velocidad del viento, la temperatura, la humedad y la radiación solar para compararlas con sus fotografías y, en última instancia, estimar las temperaturas de la superficie de los cuerpos de las aves.
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En los días cálidos, con una temperatura del aire de hasta 40°C, las aves utilizaban tanto el pico como las patas para eliminar el exceso de calor corporal. En las condiciones invernales, que descendieron hasta 2,5°C, los picos de las aves continuaron irradiando calor. Sin embargo, sus patas permanecían frías en los días con menores temperaturas, lo que sugiere que no perdieron calor a través de sus patas al mismo ritmo porque restringieron el flujo sanguíneo a esas áreas.
Los hallazgos tienen sentido, ya que las aves podrían tener menos control sobre los vasos sanguíneos de sus picos debido a su proximidad a sus cerebros, que necesitan un flujo sanguíneo constante.
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El trabajo podría ayudar a explicar por qué las aves que viven en climas fríos tienden a desarrollar picos más pequeños. A medida que las temperaturas globales aumentan, los científicos de la presente investigación predicen que las especies que experimentan una variedad de temperaturas a lo largo del año podrían desarrollar patas más grandes, lo que ayudaría en ambientes cálidos sin el costo de perder calor en el frío. “Es posible que veamos más cambios de forma en sus extremidades en relación con las necesidades que con el tiempo se les presenten”, concluye el artículo de investigación.
*Alexandra McQueen es autora principal del estudio y ecologista evolutiva de la Universidad Deakin en Australia.
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