
La fundación de Tenochtitlan surgió a raíz de que los mexicas partieron a Aztlán, lo que hoy en día es Nuevo México, en busca de nuevas tierras, pues ellos eran cazadores nómadas que siempre estaban en constante cambio territorial, si bien hay algunos debates históricos sobre si el año fue 1321 o 1325, desde entonces los habitantes establecieron sus costumbres y rituales.
“A nivel mundial, la imagen de los aztecas perpetuada en medios digitales, libros de texto, videojuegos y películas se asocia a las parrillas de cráneos, los tzompantli y los rituales de `sacrificio humano´ (una frase cargada de racismo colonialista en sí misma). Sin embargo, la civilización azteca era tan rica y profunda en los siglos XV y XVI como la de los europeos, ni más militarista ni sangrienta ( incluso, posiblemente menos si se compara con la Inquisición)”, mencionó el etnohistoriador británico Matthew Restall.
Pero más allá de eso, en varios escritos se afirma que en Tenochtitlan se practicaban hábitos sanitarios y de limpieza muy avanzados y estrictos. Muchas de estas acciones llamaron la atención de los españoles quienes llegaron el ahora territorio Mexicano.

Estas medidas de higiene están en el libro The dirt on clean de la escritora Katherine Ashenburg. Tal como actualmente es deber de cada vecino mantener aseada su sección de banqueta, en Tenochtitlan los jóvenes y niños debían barrer cada mañana su calle, su casa y sus templos. Las escobas estaban hechas mayoritariamente de popotillo, material que viene de planta Cambray.
En Europa era una práctica muy común arrojar los desechos como la orina desde las ventanas, incluso de ahí viene la expresión “¡Aguas!”, que se usaba para prevenir a los transeúntes de recibir un indeseable líquido en su ropa. Por el contrario, esta civilización procuraba utilizar las excreciones acumuladas en contenedores para hacer abono con ellas.
De igual forma había baños en cada plaza o lugar concurrido como los tianguis para evitar que las personas defecaran u orinaran en las calles.

Debido a las condiciones climáticas y el arduo trabajo que realizaban así como el culto a la limpieza, los habitantes de Tenochtitlan llegaban a bañarse incluso dos veces al día. También procuraban la limpieza bucal de sus dientes utilizando una mezcla de tortillas quemadas y miel de abeja, de manera que los problemas relacionados a las caries no eran frecuentes.
Para la higiene corporal, los habitantes de Tenochtitlan usaban diversas plantas y raíces como actualmente se usan los jabones, ya que producían espuma al estar en contacto con el agua, dos de ellas son copalxocotl y xiuhamolli. También se sabe que utilizaban el relleno de acocotes como un estropajo para exfoliar la piel y eliminar las células muertas. Esta planta todavía se comercializa en las jarcierías como un elemento esencial del baño.
Había temazcales para que la gente acudiera a purificarse físicamente de una manera más profunda. Para lograr una purificación física profunda, existían los temazcales, es decir, construcciones de piedra que sirven como baños de vapor.

Para tener este nivel de limpieza se requería un sistema de distribución de aguas, la construcción de acueductos fue planificada por el dirigente Nezahualcóyotl entre 1466 y 1478, dichas estructuras tenían dos objetivos, separar el agua dulce y salada que venía del lago y repartirla entre la población.
Aunque no se trate de un aspecto relacionado con la limpieza, los habitantes de Tenochtitlan tenían contemplada también la higiene alimentaria. De acuerdo con el chef e historiador Rodrigo Llanes Castro, los antiguos nahuas comían tortillas, tamales, chile, hongos, carnes de guajolote, pato y pescado, así como frutas de la zona.
“A través de las fuentes históricas —añadió Rodrigo Llanes— es como se puede indagar en la alimentación de los grupos poblacionales; por ejemplo, durante la Conquista en México la dieta mesoamericana consistía en tortillas, tamales, chile, hongos, hierbas comestibles (como quelites y espirulina), carnes como guajolote, pato y pescado, y frutas como mamey, piña y guanábana”, manifestó el especialista en un coloquio del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
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