Cómo será la economía del gobierno de Joe Biden y qué impacto tendrá en América Latina

El presidente electo confirmó esta semana las principales piezas de su equipo económico y ya es posible identificar cuáles serán sus prioridades y sus posibles consecuencias sobre el resto del continente

El presidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden, habla sobre la economía y el informe final de empleos en los Estados Unidos en su sede de transición en Wilmington, Delaware, el 4 de diciembre de 2020 (REUTERS/Leah Millis)
El presidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden, habla sobre la economía y el informe final de empleos en los Estados Unidos en su sede de transición en Wilmington, Delaware, el 4 de diciembre de 2020 (REUTERS/Leah Millis)

Joe Biden confirmó este lunes uno de los nombramientos más esperados desde que se convirtió en presidente electo de los Estados Unidos y comenzó una transición atípica, por la negativa de Donald Trump a aceptar la derrota. Janet Yellen será la secretaria del Tesoro y tendrá a su cargo la conducción de la política económica del nuevo gobierno.

La economista de 74 años será la primera mujer en ocupar el puesto, tras haber sido la primera en presidir la Reserva Federal entre 2014 y 2018, durante el segundo mandato de Barack Obama. No es la única con experiencia de gobierno reciente. El equipo económico lo completan otros funcionarios que también pasaron por el último gobierno demócrata, del que Biden fue vicepresidente.

Neera Tanden, que fue asesora de Obama, será la directora de la oficina presupuestaria de la Casa Blanca. Cecilia Rouse presidirá el Consejo de Asesores Económicos, del que había sido parte entre 2009 y 2011. Y Wally Adeyemo, que fue consejero económico internacional, será ahora subsecretario de Yellen.

Janet Yellen, la candidata del presidente electo de los Estados Unidos Joe Biden para ser secretaria del Tesoro (REUTERS/Leah Millis)
Janet Yellen, la candidata del presidente electo de los Estados Unidos Joe Biden para ser secretaria del Tesoro (REUTERS/Leah Millis)

Por las declaraciones de Biden durante la campaña y el perfil de sus colaboradores, se espera que el nuevo gobierno impulse un ambicioso programa de reactivación económica, financiado con un aumento del gasto público. Esa será la prioridad, ya que la economía estadounidense sigue sufriendo los efectos de las restricciones sociales dispuestas para disminuir la propagación del covid-19.

El ala izquierda del Partido Demócrata anhela también que se impulsen medidas para reducir la desigualdad. Que se reviertan los recortes de impuestos aprobados por el gobierno de Donald Trump y que se suba el salario mínimo, entre otras medidas.

También hay en América Latina expectativas por el impacto que puede tener una nueva política económica de Washington. Sobre todo, porque nadie había llegado a la Casa Blanca con tanto conocimiento de la región como Biden. Hay muchos países que aspiran a beneficiarse de un incremento de las inversiones y del comercio estadounidense. Y otros que temen que ocurra lo contrario.

Sin embargo, Biden enfrentará serias restricciones, que condicionarán lo que pueda cambiar en el país y en el continente. Para empezar, cualquier reforma importante necesita de mayorías parlamentarias que difícilmente consiga, incluso ganando los dos senadores que se elegirán el 5 de enero en Georgia. Por otro lado, Estados Unidos perdió gravitación económica en América Latina desde antes de la presidencia de Trump, en un proceso que fue aprovechado por China y que no será fácil revertir.

Joe Biden participó de la Cumbre de Líderes de Gobernanza Progresista en Viña del Mar el 28 de marzo de 2009. En la foto, junto a Cristina Kirchner, Lula Da Silva, Jens Stoltenberg y Michelle Bachelet (FOTO AFP/Martin Bernettiz)
Joe Biden participó de la Cumbre de Líderes de Gobernanza Progresista en Viña del Mar el 28 de marzo de 2009. En la foto, junto a Cristina Kirchner, Lula Da Silva, Jens Stoltenberg y Michelle Bachelet (FOTO AFP/Martin Bernettiz)

Entre las aspiraciones y las posibilidades

El Departamento de Trabajo informó el viernes un desempleo del 6,7 por ciento. Ya no está en los niveles críticos de abril, cuando llegó al 14,7%, pero sigue muy lejos del 3,5% en el que estaba antes de la llegada del coronavirus. Y lo más preocupante es que la recuperación se está ralentizando: en noviembre se crearon 245.000 puestos de trabajo, menos de la mitad que en octubre, cuando se informó una desocupación del 6,9 por ciento.

Por eso, estimular la producción económica para recuperar el nivel de empleo será lo primero que intentará el gobierno de Biden. Al ser presentada como futura secretaria del Tesoro —asumiendo que cuente con el aval del Senado—, Yellen calificó de tragedia la crisis sanitaria y económica que atraviesa el país y dijo que había que actuar con urgencia. “La inacción producirá una recesión reforzada que causará aún más devastación”, dijo este martes en Wilmington, Delaware.

La decisión de armar un equipo compuesto por ex integrantes de la administración Obama no solo tiene sentido porque son viejos conocidos de Biden. También porque tienen la experiencia de haber asumido tras la última gran crisis económica de Estados Unidos y del mundo. Y está claro que todos coinciden en que la única forma de salir rápido es con mucha inversión pública para compensar la retracción del sector privado.

Joe Biden nombró a muchos funcionarios que formaron parte del gabinete de Obama (Kpa/Zuma/Shutterstock)
Joe Biden nombró a muchos funcionarios que formaron parte del gabinete de Obama (Kpa/Zuma/Shutterstock)

El presidente electo dijo que espera que el Congreso apruebe un robusto paquete de alivio, tras el vencimiento del histórico programa sancionado en marzo para paliar los efectos de la crisis, que tuvo un valor cercano al 10% del PIB, algo sin precedentes. Además, Biden quiere crear 5 millones de puestos de trabajo nuevos con el programa “Compre estadounidense”, por el cual el Estado destinaría USD 400.000 millones a adquirir bienes y servicios. El plan incluye también subir el salario mínimo a 15 dólares la hora.

Por supuesto, el ala izquierda del Partido Demócrata espera mucho más que eso del gobierno. Quiere medidas estructurales para reducir la desigualdad de ingresos y alguna forma de gravar las grandes fortunas, algo que no termina de convencer a Biden.

También pretenden reformas para que la economía sea más verde. Si bien rechaza el Green New Deal por considerarlo demasiado disruptivo, el plan de Biden incluye una inversión multimillonaria en energías limpias para crear empleos en el sector, para compensar las posibles pérdidas que se produzcan en las industrias de combustibles fósiles, que dejarán de ser subsidiadas.

Mitch McConell, líder de los republicanos en el Senado. Con él deberá negociar el gobierno de Biden (EFE /Shawn Thew /Archivo)
Mitch McConell, líder de los republicanos en el Senado. Con él deberá negociar el gobierno de Biden (EFE /Shawn Thew /Archivo)

Sebastián Edwards, ex economista jefe para América Latina del Banco Mundial y profesor de economía internacional de la Universidad de California en Los Ángeles, cree que el nuevo gobierno tratará de implementar cambios importantes. “En el corto plazo, un estímulo fiscal rápido y contundente. En el mediano, un aumento de impuestos a las corporaciones y a los mayores ingresos. También habrá una reversión de muchas de las regulaciones de Trump en materia del medio ambiente”, dijo en diálogo con Infobae.

Pero aclaró que los avances más importantes se producirán en los ámbitos en los que se puedan legislar por decreto, a través de órdenes ejecutivas. Porque incluso las iniciativas más modestas tendrán dificultades para pasar por el Congreso. Aunque los demócratas controlan la Cámara de Representante con una mayoría muy ajustada, y pueden tener inconvenientes internos para ponerse de acuerdo, se suponen que van a poder aprobar la mayor parte de las iniciativas del gobierno. El gran obstáculo va a ser el Senado, donde los republicanos tienen asegurados 50 de los 100 escaños.

Los demócratas aspiran a ganar los de Georgia —actualmente en manos republicanas— para empatarlos en 50. En ese caso, si algún proyecto tuviera el apoyo de los 50 —lo cual no será nada fácil por las diferencias que existen entre ellos—, Kamala Harris podría desempatar en su rol de vicepresidenta. Pero incluso ganando las dos bancas, hay muchas votaciones en las que los republicanos podrían apelar al filibuster, la estrategia de obstrucción parlamentaria que usa la oposición para impedir que avance un debate, que solo se puede romper con 60 votos.

Joe Biden da un discurso en la sede del equipo de transición el pasado viernes (REUTERS/Leah Millis)
Joe Biden da un discurso en la sede del equipo de transición el pasado viernes (REUTERS/Leah Millis)

Eso significa que muy probablemente el Gobierno necesite acordar con el Partido Republicano para hacer reformas. De modo que difícilmente pueda haber cambios significativos, considerando el nivel de enfrentamiento que hay en la actualidad entre los dos grandes partidos. Es lo que impidió que se apruebe un nuevo paquete de estímulo, como pretendía Donald Trump, ya que las negociaciones se trabaron semanas antes de las elecciones. Biden se enfrenta al dilema de no hacer nada o impulsar políticas muy moderadas, por las que puede recibir críticas por izquierda.

“Todo depende de lo que ocurra con las elecciones en Georgia. Biden quiere un paquete de estímulo, que implica una combinación de aumentos de gasto, incluyendo ayuda a los estados y recortes de impuestos. Pero si los republicanos retienen el Senado, Biden tendrá que acordar con ellos. En ese caso, es poco probable que pueda cambiar gran parte de las políticas fiscales de Trump y que prosperen otras propuestas como el aumento del salario mínimo o la ampliación del seguro de desempleo”, dijo a Infobae Kevin Sylwester, profesor del Departamento de Economía de la Southern Illinois University.

La firma del T-MEC, el nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, antes del inicio de la cumbre del G-20 en 2018 (REUTERS/Kevin Lamarque)
La firma del T-MEC, el nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, antes del inicio de la cumbre del G-20 en 2018 (REUTERS/Kevin Lamarque)

Lo que América Latina puede esperar de Biden

“Los próximos años serán extremadamente difíciles para América Latina, particularmente para los países con una alta dependencia de Estados Unidos, sea en forma de exportaciones, flujos de capital, inversión o remesas. Esto presenta un reto a los gobiernos latinoamericanos, para que profundicen sus lazos económicos entre ellos y diversifiquen globalmente sus mercados de exportación, algo que podría impulsar un resurgimiento de la integración económica regional, pero con el fin de facilitar la inserción de América Latina en cadenas productivas globales. Si logran esto, algunos países latinoamericanos pueden convertirse en socios interesantes para el gobierno de Biden, que siempre estará en busca de colaboradores que asistan en la reactivación de la economía estadounidense”, explicó Thomas O’Keefe, profesor del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Stanford, consultado por Infobae.

Es cierto que Estados Unidos venía perdiendo protagonismo económico en América Latina cuando Trump asumió la presidencia, pero no hay dudas de que la tendencia se profundizó en estos años. Desde el principio estuvo claro que no iba a ser una prioridad para él intensificar los lazos interamericanos.

En sus cuatro años como presidente, solo una vez visitó la región: durante la cumbre del G-20, que se realizó en Buenos Aires, en 2018. Obama había visitado cinco veces América Latina, haciendo giras por varios países. George W. Bush fue solo a México seis veces, además de visitar a cerca de una docena de países en otras ocasiones.

Joe Biden en un encuentro bilateral con Enrique Peña Nieto en México, en 2016 (Foto: Embajada de Estados Unidos en México)
Joe Biden en un encuentro bilateral con Enrique Peña Nieto en México, en 2016 (Foto: Embajada de Estados Unidos en México)

Considero que el gobierno de Biden no significará un cambio rotundo para América Latina, aunque sí un cambio en el tono y el estilo con respecto a Trump. Conoce mucho más la región: como vicepresidente la ha visitado 16 veces y como senador trabajó en temas de Colombia y narcotráfico, y también abordó la cuestión migratoria. Biden pondrá en el centro de su agenda los temas de medioambiente, derechos humanos, promoción de la democracia y el retorno al multilateralismo que había abandonado Trump”, dijo a Infobae Cintia Quiliconi, profesora del Departamento de Estudios Internacionales de la FLACSO sede Ecuador.

Hay buenas razones para creer que Biden le prestará más atención al continente. La más importante es que lo conoce y le interesa, y por eso durante la presidencia de Obama ofició como su representante en la región. Pero no se puede perder de vista que hay razones estructurales que impiden cambios demasiado importantes.

“Creo que a Biden le gustaría sellar más acuerdos comerciales con los países latinoamericanos —dijo Sylwester—. Sin embargo, habrá restricciones políticas. Los votantes de Trump serán extremadamente escépticos, si no es que directamente se oponen. Y la izquierda tampoco es favorable al libre comercio. Así que el presidente electo será más cercano en la superficie a América Latina, pero no creo que veamos nuevos acuerdos comerciales ni iniciativas para integrar mejor a la región. Tampoco que la política económica estadounidense cambie tanto como para impactar enormemente a los países latinoamericanos”.

Biden junto a Juan Manuel Santos en Cartagena, Colombia, el 2 de diciembre de 2016 (AFP PHOTO / GUILLERMO LEGARIA)
Biden junto a Juan Manuel Santos en Cartagena, Colombia, el 2 de diciembre de 2016 (AFP PHOTO / GUILLERMO LEGARIA)

Más allá de la vocación multilateral de Biden y de su conocimiento de América Latina, hay que entender que mutó el papel de Estados Unidos en la economía latinoamericana. Décadas atrás, era el principal socio comercial de muchos países de la región, pero desde hace tiempo ese lugar lo ocupa China. Sobre todo en Sudamérica, donde solo Colombia y Ecuador lo tienen como principal asociado.

“Habrá más cercanía con la región, pero nada especial ni espectacular —dijo Edwards—. Habrá preocupación por los avances de China en el control de infraestructura y recursos naturales, y se harán esfuerzos para que nuestros países no acepten sus inversiones en forma libre y cuantiosa. Pero lo importante es entender que la ayuda no será ni generalizada ni abundante”.

Con México la relación es diferente, porque las economías de los dos países están muy imbricadas. Pero la obsesión de Trump con maximizar las ganancias comerciales de corto plazo y con restringir la llegada de inmigrantes lo llevó a tensionar el vínculo, como se vio en la difícil renegociación del NAFTA, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, rebautizado Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

Migrantes se reúnen en San Pedro Sula, Honduras, para participar en una caravana que se dirige hacia Estados Unidos. 30 de septiembre de 2020 (REUTERS / Stringer NI VENTAS NI ARCHIVOS)
Migrantes se reúnen en San Pedro Sula, Honduras, para participar en una caravana que se dirige hacia Estados Unidos. 30 de septiembre de 2020 (REUTERS / Stringer NI VENTAS NI ARCHIVOS)

“En términos generales, América Latina sigue siendo una región de poca importancia estratégica para la política exterior de Estados Unidos, tanto para republicanos como para demócratas. No es esperable un cambio sustancial en la relación con México, por lo que seguirán las dificultades históricas que enfrentan a los dos vecinos, si bien se espera un mejor tono, que es el que caracteriza a Biden. Sí podrían darse algunos cambios en el T-MEC, porque allí se negociaron cláusulas muy polémicas que la nueva administración podría estar abierta a revisar”, sostuvo Ignacio Bartesaghi, director del Departamento de Negocios Internacionales de la Universidad Católica del Uruguay, en diálogo con Infobae.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador puede ser optimista con la posibilidad de una mejora de las relaciones bilaterales. Más allá de que pueda haber un intercambio más fluido a partir de la política comercial menos beligerante que va a tener Biden, lo más importante es que probablemente disminuya la presión para que las fuerzas de seguridad mexicanas destinen tantos recursos a evitar el ingreso ilegal de personas a Estados Unidos.

El cambio del enfoque migratorio puede tener consecuencias económicas especialmente positivas para América Central, de donde proviene la mayor parte de las familias que tratan de entrar a Estados Unidos por la frontera sur. Como vicepresidente, Biden trabajó especialmente con los países centroamericanos e impulsó en el Congreso un paquete de ayuda de USD 750 millones.

Biden brinda con Dilma Rousseff en una recepción a la entonces presidenta de Brasil en Washington, el 30 de junio de 2015  (AFP PHOTO/BRENDAN SMIALOWSKI)
Biden brinda con Dilma Rousseff en una recepción a la entonces presidenta de Brasil en Washington, el 30 de junio de 2015 (AFP PHOTO/BRENDAN SMIALOWSKI)

Ahora tiene un plan para invertir hasta USD 4.000 millones en la región para promover programas sociales y estimular la inversión privada. La idea es que si mejoran las condiciones de vida en esas naciones, menos personas van a sentir la necesidad de emigrar. De todos modos, necesitará aprobación del Congreso para avanzar.

Será interesante ver qué sucede con Cuba y Venezuela, los vínculos más conflictivos de Estados Unidos en la región. En ambos casos, el enfrentamiento escaló durante el gobierno de Trump. Con Cuba, se revirtió parte de la flexibilización impulsada con Obama. Con Venezuela, se apeló a una estrategia de presión total con sanciones inéditas. Es evidente que Biden tiene una mirada diferente, pero no está claro cuánto puede llegar a cambiar en la práctica.

Cuba podría verse beneficiado con un alivio en las restricciones de viaje y del envío de remesas, aunque un retorno a la política abierta que llevó adelante Obama no parece posible —dijo Quiliconi—. En cuanto a Venezuela, probablemente se proponga una vuelta a los canales diplomáticos, pero Biden no tendrá un posición blanda en este tema. Y se espera que Brasil enfrente presiones de parte del gobierno en el tema del cambio climático”.

Donald Trump se presenta en una sesión fotográfica con el presidente brasileño Jair Bolsonaro antes de asistir a una cena de trabajo en el centro turístico Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida, el 7 de marzo de 2020 (REUTERS/Tom Brenner/Archivo Foto)
Donald Trump se presenta en una sesión fotográfica con el presidente brasileño Jair Bolsonaro antes de asistir a una cena de trabajo en el centro turístico Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida, el 7 de marzo de 2020 (REUTERS/Tom Brenner/Archivo Foto)

El país que más puede sufrir las consecuencias de la alternancia en Estados Unidos es Brasil. Durante el primer debate electoral, Biden dijo que el gobierno de Jair Bolsonaro debía comprometerse a cuidar la selva amazónica, amenazada por los incendios y el desmonte. El entonces candidato presidencial dijo que si Brasil no cooperaba podría enfrentar “consecuencias económicas”, sugiriendo que podría llegar a haber sanciones.

“El cambio más importante puede darse con Brasil, ya que Bolsonaro apostó por Trump y defiende una agenda que difiere de la de Biden en los principales asuntos internacionales. Si bien Brasil es un actor muy importante para Estados Unidos, reconstruir esa relación llevará un tiempo y eso afectará la relación con toda en América Latina. Mucho más si se tiene en cuenta que al menos durante el primer año o más de su gobierno, Biden deberá focalizarse en los asuntos internos”, afirmó Bartesaghi. “Otros países de la región como Chile, Perú o incluso Argentina, que atraviesan crisis políticas, sociales y económicas de consideración, están lejos de poder generar vínculos fuertes en el corto plazo con Biden”, agregó.

Bolsonaro, que es un admirador de Trump y que, al igual que él, no cree que el cambio climático sea un problema, es uno de los pocos líderes que aún no felicitó a Biden por su triunfo. De hecho, dijo que “hubo muchos fraudes” en las elecciones. Meses atrás, tras conocer las declaraciones de Biden sobre la Amazonía, le respondió con su tono habitual: “¿Cómo podemos hacer frente a eso? Solo con la diplomacia no es suficiente porque cuando se acaba la saliva hay que tener pólvora, si no, no funciona”.

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