El presidente iraní Hasan Rohani (AP)
El presidente iraní Hasan Rohani (AP)

A medida que la presidencia del iraní Hassan Rohani se dirige hacia lo que promete ser menos que un final brillante, la especulación comienza sobre la próxima fase de la lucha de poder que ha sido una característica permanente del régimen Khomeinista desde el principio mismo de la revolución islámica en 1979.

Algunos observadores de Irán argumentan que la verdadera columna vertebral del régimen consiste en la seguridad militar que ha establecido el "Guía Supremo" Ali Khamenei como líder absoluto del régimen. Si bien esa visión refleja un aspecto de la realidad iraní, sería un error concluir que los jefes militares seguirían contentos con el statu quo actual. La naturaleza del poder político, en cualquier sistema, es que quienes disponen de una parte de él siempre quieren más. Los jefes militares de Irán no son la excepción. Al lanzarse como los verdaderos protectores del régimen tienen concretos reclamos, muchos jefes militares se han quejado de la supuesta corrupción e incompetencia de los mulás y burócratas khomeinistas que han dirigido la revolución desde 1979. Lo nuevo y sorprendente es que hoy sus reclamos avanzan con aspiraciones a proponerse como los candidatos aptos para gobernar la nación.

Los jefes militares, más específicamente los altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC por sus siglas en ingles), siempre han promovido sus ambiciones a través del vasto imperio mediático que controlan dentro y fuera de Irán. Lo nuevo es que hoy están avanzando en su apuesta por el poder de manera directa y más abierta. La última ocasión fue el lunes pasado durante el Congreso General de comandantes y comisarios políticos y religiosos del IRGC. Si bien el último congreso, celebrado en 2016, fue un evento de bajo perfil, la reunión del lunes pasado recibió el carácter de una convención de un partido político son los medios oficiales.

El evento puso el centro de atención en dos generales con ambiciones políticas apenas disimuladas. El discurso de apertura se reservó para el Jefe de Estado Mayor, Muhammad Baqeri, considerado el intelectual del grupo, mientras que el Mayor General Qassem Soleimani, Comandante del Cuerpo Al-Quds (Jerusalén), fue elegido como el segundo a cargo.

Muhammad Baqeri (AFP)
Muhammad Baqeri (AFP)

El discurso de Baqeri fue publicado por medios árabes, duró más de 50 minutos y persiguió tres objetivos claves. El primero fue persuadir a la gente de que Irán no se dirigía a una guerra y que el ejército dirigido por él era lo suficientemente fuerte como para hacer frente a cualquier eventualidad. Sorprendentemente, su análisis pareció excluir cualquier papel para las autoridades políticas de la República Islámica. Todo lo que Irán necesita para estar a salvo de una invasión extranjera es el “Guía Supremo” y su máquina militar. El segundo objetivo de Baqeri es enviar una señal conciliadora a los enemigos reales o imaginarios de Irán, en particular a los Estados Unidos. Lo hizo de dos maneras: al afirmar que, en lo que respecta a establecer la influencia de Irán en el Líbano, Siria, Irak y Yemen, se trataba de una misión cumplida y que Teherán no tenía intención de abrir nuevos frentes o intensificar su presencia en la región. Baqeri dijo que Irán “reconoce su responsabilidad hacia la seguridad y la estabilidad regionales, desempeñando un papel clave en ese dominio, sin intención de enemistades o albergar ningún pensamiento de agresión, fomentando la inseguridad y la guerra”.

En un mensaje que pareció codificado, el general Baqeri agregó que Teherán está “tratando de fomentar la calma a través de la cooperación regional”. Profundizando aún más en su mensaje conciliador, el general pidió hacer frente a las sanciones impuestas por EEUU “con paciencia y magnanimidad”.

El tercer objetivo de Baqeri fue presentar al IRGC como un jugador importante en la vida económica de Irán, alegando que su controvertida presencia en miles de empresas es en bien del interés público. Baqeri dio a entender que, si bien el IRGC como actor económico era transparente y “blanco como la nieve”, el sector público controlado por el gobierno estaba plagado de corrupción, nepotismo e ineficiencia. La implicación era que si el IRGC estuviera a cargo de todo, la mayoría de los problemas económicos y sociales actuales de Irán desaparecerían.En cuanto al general Soleimani, un maestro de relaciones públicas, habló en su característico estilo hiperbólico, alegando haber derrotado al ejército estadounidense y reveló que EEUU no era más que un espantapájaros. Compartió un tema clave con el general Baqeri: la afirmación de que el liderazgo político, es decir, Rohani y su equipo, habían fallado en casi todo y que su fecha de caducidad había pasado mucho tiempo.

¿Significa esto que Irán tiene dos generales que están buscando directamente un camino hacia el poder político de la revolución islámica? A diferencia de muchas de las llamadas “naciones en desarrollo”, Irán no tiene una tradición de intervención militar en la política y mucho menos en el gobierno. El régimen khomeinista ha visto presidentes de todo tipo. Sin embargo, solo uno, Mahmoud Ahmadinejad, logró sobrevivir durante dos períodos completos. Los otros cuatro presidentes restantes, dos de ellos tenían turbantes negros, lo que significaba descendencia de Fátima, la hija del profeta Mahoma. Los otros dos tenían turbantes blancos, lo que indica su puro origen iraní. Algunos observadores, incluidos algunos entre la oposición leal al régimen, creen que es hora de dejar de lado el “turbante” ya sea color negro o blanco y dar a la “gorra” militar la oportunidad de salvar al asediado régimen.

Hassan Rohani y Hossein Salami, comandante de la Guardia Revolucionaria (AFP)
Hassan Rohani y Hossein Salami, comandante de la Guardia Revolucionaria (AFP)

En los últimos 40 años, varios generales, activos o retirados se han lanzado al ring con la esperanza de ganar la presidencia. Sin embargo, ninguno logró causar una gran impresión, y mucho menos llegar a la etapa de desempate. Hoy, con los mulás y sus burocratas en gran medida desacreditados, los militares pueden tener una mejor oportunidad esta vez, al menos dentro del movimiento khomeinista. De hecho, los grupos informales que promueven la idea de un presidente militar para el régimen islamico ya están avanzando. Un grupo de exiliados en Florida, liderado por un ex diplomático de alto rango, está haciendo campaña para el general Soleimani, quien también ha sido celebrado por un comentarista persa de la BBC como “un comandante sufí”. Otro grupo dirigido por un profesor de la Universidad Irani-Americana en Nueva Jersey está haciendo campaña para reclutar al general Baqeri con la ayuda de varios oficiales retirados del IRGC.La razón detrás de estas campañas incipientes es que sería mejor dejar que quienes detentan el poder real en Irán también lo ejerzan dentro de un contexto transparente y legal. Esto puede o no ser un argumento sólido. Sin embargo, es innegable que el régimen khomeinista está entrando rápidamente en una fase letal de su propia descomposicion politica de la que nadie podra salvarlo de sus contradicciones internas. En consecuencia, el hecho de que un nuevo presidente khomeinista use turbante religioso o gorra militar son de poca utilidad o relevancia, mas aun cuando la cabeza no está funcionando.