Kaleb y KJ (Foto: Facebook)
Kaleb y KJ (Foto: Facebook)

Kaleb y KJ se conocieron hace cinco años. Su personalidad introvertida y su gusto por los videojuegos los unió rápidamente. Todo el tiempo querían estar juntos e insistían en pasar horas en la casa del otro.

Había cosas que tenían en común. Los dos tenían mejillas regordetas, eran muy callados la mayor parte del tiempo y ambos habían sido criados por madres solteras.

Cuando no estaban inmersos en juegos de video, a veces miraban una película. Pero en otras ocasiones salían a la intemperie y mataban las horas entre los edificios históricos de Greenfield Village, un pueblo antiguo de Michigan.

El único problema era la salud de Kenneth Gross Jr (KJ), quien desde pequeño fue muy enfermizo y a su corta edad ya había padecido dos trasplantes de médula ósea. El niño tenía leucemia.

Kaleb y KJ se conocieron hace 5 años (Foto: Facebook/ Kristy Hall)
Kaleb y KJ se conocieron hace 5 años (Foto: Facebook/ Kristy Hall)

A pesar de ello, KJ no recurría al dramatismo o a la depresión. "Era feliz aunque tenía que pasar por todas esas cosas" recalcó su amigo Kaleb Klakulak, en una entrevista con el diario The New York Times.

Pero la situación se tornó más complicada días después del cumpleaños de KJ, a principios del 2018, cuando tuvo que ser internado en el hospital porque necesitaba un trasplante de corazón. Los años de quimioterapia habían desgastado su órgano vital.

En el hospital los médicos colocaron un tubo en la garganta del pequeño que no le permitía hablar. Por primera vez KJ empezó a sentirse deprimido y afectado emocionalmente por su estado de salud.

Los doctores tuvieron que recurrir a Kaleb, quien no dudó en seguir visitando a su amigo, aunque fuera en condiciones difíciles y entre las paredes de un hospital.

Ambos eran callados y compartían el gusto por los videojuegos (Foto: Twitter)
Ambos eran callados y compartían el gusto por los videojuegos (Foto: Twitter)

El sabor amargo se fue diluyendo con el paso de los meses. Todos los martes Kaleb llevaba al sanatorio consolas de videojuegos y materiales para pintar. Los niños no tenían que hablar demasiado, pues según explicaron sus madres, siempre habían sido así entre ellos.

Mientras conseguían el corazón adecuado, los médicos colocaron en el pecho de KJ un dispositivo especial. Pero no funcionó como ellos esperaban.
KJ no podía hablar, pero sí era capaz de escribir en un pizarrón blanco las cosas que quería.

Más de una vez su madre le preguntó si quería un corazón nuevo y el niño solía responder: "Sí, mamá".

Sin embargo, un día de abril la madre volvió hacer la misma pregunta y en esa ocasión KJ se le quedó mirando fijamente, sin escribir ninguna respuesta.

Kaleb y KJ en el hospital (Foto: Facebook/ Kirsty Hall)
Kaleb y KJ en el hospital (Foto: Facebook/ Kirsty Hall)

El 1 de mayo cayó en martes. Kaleb se estaba preparando para ir a visitar a su amigo. Todo parecía estar dentro de lo normal, hasta que la madre recibió una llamada durante el trayecto hacia el hospital.

Era la mamá de KJ. Las cosas se habían complicado y lo mejor era desconectar el soporte que mantenía a su hijo con vida. Esa sería la última vez en la que se reunirían los amigos.

"¿Cómo se lo voy a decir a mi hijo?", pensó en ese momento la madre de Kaleb. "Fue un trayecto en auto extremadamente silencioso", recordó.

Ese día Kaleb no dijo gran cosa en el hospital. Había muchas personas y sólo se limitó a tomar el brazo de su amigo, quien todavía yacía inconsciente.

"Amado hermano, hijo y amigo"

Lápida de KJ (Foto: Twitter)
Lápida de KJ (Foto: Twitter)

Cuando KJ murió, su madre no tenía trabajo. Desde que habían internado a su hijo abandonó sus labores y no tenía dinero para pagar una lápida.
Kaleb escuchó cuando su madre habló de este tema con la mamá de KJ. "¿Cuánto cuesta una lápida?", preguntó.

A la madre de Kaleb se le ocurrió recaudar fondos a través de PayPal. Pero su hijo decidió no quedarse con los brazos cruzados y se puso a recolectar botellas en el vecindario y a barrer las entradas de sus vecinos. La meta era juntar cerca de 250 dólares.

Gracias a una nota que publicó el medio estadounidense The Detroit News, la recolección de fondos se multiplicó y actualmente la página de donaciones ha recaudado más de 3.300 contribuciones.

Las expectativas fueron superadas y sólo las madres de los niños saben cuánto se logró recaudar al final, una cifra que muy probablemente superó por mucho los 250 dólares.

La mamá de KJ dijo que en su lápida pondría:

"KJ Gross

Amado hermano, hijo y amigo"

Kaleb, por su parte, ha decidido mantener ciertas reservas desde la muerte de su amigo.

"No ha hecho otros amigos desde entonces", dijo su madre en una entrevista con CNN. "Creo que es algo difícil para él porque tiene miedo. No quiere perder a nadie más".

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