El autor de la masacre de la escuela Santa Fe High School y los responsables de los cinco peores asesinatos masivos de la historia de EEUU. Arriba, de izquierda a derecha: Dimitrios Pagourtzis, Nikolas Cruz y Stephen Craig Paddock. Abajo: Seung-Hui Cho, Omar Mateen y Adam Lanza
El autor de la masacre de la escuela Santa Fe High School y los responsables de los cinco peores asesinatos masivos de la historia de EEUU. Arriba, de izquierda a derecha: Dimitrios Pagourtzis, Nikolas Cruz y Stephen Craig Paddock. Abajo: Seung-Hui Cho, Omar Mateen y Adam Lanza

Dimitrios Pagourtzis, de 17 años, le sacó una escopeta y un revólver .38 a su padre el pasado 18 de mayo y se fue a la escuela Santa Fe High School, en Texas. Ni bien ingresó empezó a dispararles a sus compañeros, a docentes y empleados de la institución. Quería suicidarse, pero no se animó. Tras resistir durante varios minutos, terminó entregándose a la Policía.

El adolescente asesinó a diez personas, en su mayoría alumnos como él, e hirió a otras 13. El caso es sin dudas conmocionante, pero la aterradora frecuencia con la que se producen hechos de este tipo en Estados Unidos hace que el recuerdo se diluya rápidamente, tapado por un nuevo ataque.

Apenas hay que retroceder tres meses para encontrar un episodio más trágico. Nikolas J. Cruz, de 19 años, entró el 14 de febrero al colegio Marjory Stoneman Douglas y, armado con un rifle AR-15, abrió fuego contra todos los que se le cruzaron. Después de matar a 17 personas y herir a 14, trató de huir, pero fue atrapado en las inmediaciones del campus.

En lo que va del año se registraron al menos 38 muertos en asesinatos masivos, contando sólo los casos en los que un tirador dispara indiscriminadamente contra un grupo de individuos en un lugar público, causando al menos cuatro víctimas fatales. Se excluyen los hechos de delincuencia común, cuando el móvil de los criminales es obtener un beneficio económico, y los enfrentamientos entre bandas rivales.

El dato más preocupante es que los muertos ascienden a 463 en la última década, un 166% más que en la anterior, que había terminado con 174. El incremento es de 255% en relación al período 1989-1998 y de 426% en comparación con 1979-1988, según la base de datos de tiroteos masivos que realiza la revista Mother Jones. The Washington Post, que hace un seguimiento similar, tiene números un poco más inflados porque contabiliza algunos ataques más, pero revela la misma tendencia: las muertes crecieron más que el doble en estos diez años.

La primera foto de Dimitrios Pagourtzis tras su arresto (AFP)
La primera foto de Dimitrios Pagourtzis tras su arresto (AFP)

Razones de un alza que preocupa

El año más mortífero de la serie fue 2017, que terminó con 117 víctimas fatales y 587 heridos. Estuvo marcado por la peor masacre de la historia estadounidense, protagonizada por Stephen Craig Paddock, de 64 años, que se alojó en el Mandalay Bay Resort and Casino de Las Vegas con un arsenal de guerra, y desde la ventana de su habitación disparó contra los cientos de asistentes a un festival de música country. Se suicidó después de matar a 58 personas y lastimar a 546.

"Parece probable que el número de tiroteos masivos y de muertes se haya incrementado por un efecto de imitación, por una mayor exposición a ejemplos de violencia en masa en las noticias y en las redes sociales, por un aumento de la disponibilidad de armas en Estados Unidos, y por la creciente convicción de que usar la violencia para resolver problemas es aceptable", explicó Donald P. Haider‐Markel, profesor de ciencia política en la Universidad de Kansas, consultado por Infobae.

La sucesión de ataques opera como fuente de inspiración para personas que, por distintos motivos, pueden estar predispuestas a cometer estas atrocidades. La facilidad para conocer cada detalle, y la multiplicación de imágenes y videos de cada suceso, estimulan el morbo estos individuos y los impulsan a actuar.

Nikolas Cruz, el atacante de la escuela de Parkland (Reuters)
Nikolas Cruz, el atacante de la escuela de Parkland (Reuters)

"Cada potencial tirador tiene más y más ejemplos a seguir, sean las acciones de otros tiradores, ISIS o alguien que maneja un camión o blande un cuchillo —continuó Haider‐Markel—. Ven la atención que reciben estos eventos y desean ese protagonismo, esperando agregar algún elemento nuevo o un mayor nivel de destrucción".

La acumulación de casos en el último tiempo es impactante. El segundo año más letal fue 2016, con 71 fallecidos y 83 sobrevivientes. En Pulse, una discoteca gay de Orlando, se produjo el 12 de junio el asesinato masivo más brutal después del de Las Vegas. Omar Mateen, de 29 años, entró a las 2 de la madrugada al club nocturno y comenzó a disparar. Asesinó a 49 personas, hirió a otras 53, y murió abatido por la Policía a las 5 de la mañana, tras un largo enfrentamiento.

"Una explicación posible es que los asesinos aprenden de las experiencias pasadas, estudian las técnicas de los anteriores homicidas. Muchos han hecho específicamente referencia a esos tiroteos pasados en sus declaraciones", dijo a Infobae Todd K. Hartman, profesor de ciencias sociales cuantitativas en la Universidad de Sheffield, Inglaterra.

Stephen Paddock, autor de la masacre de Las Vegas
Stephen Paddock, autor de la masacre de Las Vegas

Por qué Estados Unidos

Los asesinatos masivos no son un fenómeno exclusivo de la sociedad estadounidense, está claro. Pero lo que en otros países es episódico, coyuntural, como viene ocurriendo en Francia desde 2015 con la sucesión de ataques terroristas, en Estados Unidos es estructural. Son muchas las causas por las que esto es así.

"Estados Unidos tiene muchas más armas de fuego y están menos reguladas que en otras naciones. Es más fácil adquirirlas para las personas que quieren causar un daño sustancial. El país no tiene realmente más crimen que otros, pero por las armas es más probable que el crimen resulte en un mayor número de muertes", dijo Christopher Poliquin, doctorando de la Escuela de Negocios de Harvard, en diálogo con Infobae.

Para muchos estadounidenses, estar armados es parte de su identidad y es un derecho fundamental, tan importante como el voto. Para otros, en cambio, eso no debería impedir que haya mayores regulaciones, para que no cualquiera pueda estar armado. Ahí es donde entran en juego los grupos de interés que ejercen su influencia para impedir que se modifique la legislación.

Omar Mateen, el autor de la masacre de Orlando (Reuters)
Omar Mateen, el autor de la masacre de Orlando (Reuters)

"Un factor único de Estados Unidos son los importantes esfuerzos de lobby que realiza la Asociación Nacional del Rifle (NRA por su nombre en inglés), uno de los grupos más fuertes del país. La NRA asegura tener más de 5 millones de miembros en cada distrito legislativo, lo que significa que puede ejercer una enorme presión sobre los congresistas. Además, la Segunda Enmienda de la Constitución ya forma parte de la identidad estadounidense", dijo Hartman.

Esa combinación explica que la respuesta ante los asesinatos masivos sea diferente a la de otros países. Reino Unidos y Australia, por ejemplo, decidieron restringir el acceso a las armas luego de una serie de tiroteos trágicos. Cuesta imaginar que ese tipo de iniciativas puedan avanzar en Washington.

Seung-Hui Cho, asesino de la masacre de la universidad Virginia Tech
Seung-Hui Cho, asesino de la masacre de la universidad Virginia Tech

De todos modos, hay quienes consideran que el fenómeno no es más grave en Estados Unidos que en otras partes del mundo. "El año pasado hubo un número inusual de ataques. Pero, en términos generales, en las últimas décadas hubo un declive de eventos como los tiroteos en escuelas", afirmó John R. Lott, presidente del Centro de Investigaciones de Prevención del Crimen, en diálogo con Infobae.

"En un estudio mucho más grande que estamos terminando —agregó—, encontramos que la proporción estadounidense de muertes en asesinatos masivos a nivel global está muy por debajo del peso que tiene su población en el mundo".

En la mente de un asesino en masa

"No hay una lista de características que se puedan señalar y que permitan hacer una predicción —dijo Haider‐Markel—. Lo que sabemos es que todos los tiradores creen que ellos o el grupo al que pertenecen han sido tratados injustamente de alguna manera. La mayoría son hombres de menos de 40 años. Si bien algunos tienen problemas mentales, muchos no. Sin embargo, hay demasiada gente que encaja en ese perfil y que nunca hizo nada violento".

Graves problemas de socialización y un fuerte resentimiento hacia cierto grupo de personas, o hacia la sociedad en general, son atributos que suelen estar presentes. "Muchas veces hay factores subyacentes, como la reciente pérdida de trabajo o una depresión. La venganza es otro gran motivador para los tiradores, que tienden a verse como víctimas. Rara vez son gente que se quiebra y decide súbitamente dispararle a la gente sin razón. Típicamente, planean sus ataques de manera extensiva", sostuvo Poliquin.

Un análisis de los casos que ocurrieron en los últimos diez años muestra que el 21% se produjo en el lugar de trabajo del homicida, y el 13% en una escuela. El resto se reparte entre todo tipo de sitios, desde cuarteles militares hasta espacios religiosos.

Adam Lanza, autor de la masacre de la escuela Sandy Hook
Adam Lanza, autor de la masacre de la escuela Sandy Hook

El perfil más identificable es el de los adolescentes que atacan en sus colegios. Es el tipo de tirador masivo más estudiado. "La mayoría son varones de entre 14 y 17 años. Muchos tienen un temperamento violento y puede que sean crueles con los animales. Es posible que sufran alguna enfermedad mental, diagnosticada o no. Suelen ser indiferentes, iracundos y tristes. Les falta conexión con otros, tienen pocos amigos y problemas de conducta", explicó a Infobae Allison Paolini, profesora de consultoría educacional en la Universidad Winthrop, de Carolina del Sur.

Un tema central es el bullying. Algunos de los tiradores tienen antecedentes de haber sometido a compañeros, pero muchos otros de haber sido víctimas. Es habitual que tengan ideaciones suicidas y, de hecho, la mayoría planea matarse como colofón de sus asesinatos.

La conversión de estos adolescentes conflictuados en asesinos en masa revela, en parte, algunas de las limitaciones del sistema educativo para brindar contención a los alumnos. "No hay suficientes consejeros escolares para identificar y asistir a los estudiantes que están en riesgo. No alcanzan los recursos para ayudar a aquellos que padecen enfermedades mentales. Y los padres tampoco quieren reconocer que sus hijos tienen problemas. Entonces, hay muchos niños que no reciben la ayuda que necesitan", concluyó Paolini.

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