
La vida de Noé Hernández Valentín fue fugaz, pero su nombre quedará marcado en la historia del deporte olímpico de México.
“El Chivo”, como lo llamaban sus amigos, nació en 1978 en Chimalhuacán, Estado de México, en el seno de una familia de escasos recursos. Gracias a eso, encontró en el deporte la mejor forma de divertirse. A los 12 años tuvo su primera pasión en el fútbol.
“Jugaba en las fuerzas básicas de Toros Neza. Tuve la oportunidad de debutar, pero unos gañanes me pidieron dinero. Si no tenía para comer, menos para pagar a alguien que me debute”, relató en una entrevista para TV Azteca, semanas previas a los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
Fue entonces que decidió cambiar el balompié por la marcha, invitado por uno de sus profesores de educación física de la secundaria, quien le enseñó a disfrutar de la caminata por el gran esfuerzo que se realiza, al convertir el sufrimiento y empeño en energía.

A los 14 años, Noé dedicó su tiempo a trabajar vendiendo figuras de unicel de personajes animados en los semáforos de la Ciudad de México y haciendo trabajos de albañilería: “me daban 50 pesos por colado”. Por las tardes, entrenaba en la escuela y cuando no podía en la terracería de los baldíos cercanos a su casa como si fueran pistas de atletismo:
“El Chivo" se disciplinó tanto que logró ingresar al Centro Deportivo Olímpico Mexicano.
En 1997, tuvo su primera oportunidad para competir a nivel internacional; ocurrió en Apodaca, Nuevo León, donde consiguió su boleto al Campeonato Centroamericano y del Caribe de Atletismo dos años después en Bridgetown, en la Isla de Barbados, donde se llevó la medalla de oro.
Sydney 2000: del anonimato a la gloría
Noé Hernández llegaba a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, en Australia, casi como un desconocido; era el tercer miembro del equipo mexicano de caminata, detrás de Bernardo Segura, que había sido medallista cuatro años atrás en Atlanta 1996, y de Daniel García, que se había colgado el oro en el Mundial de Atletismo de Atenas 1997.
Sin embargo, la noche del 21 de septiembre (en horario mexicano) en la prueba de 20 kilómetros, pasó del anonimato a ser una figura del deporte nacional: Con un perfil bajo, se metió entre los punteros y entró al estadio olímpico ante más de 80 mil asistentes para cruzar la meta en tercer lugar, detrás del mexicano Bernardo Segura y del polaco Robert Korzeniowski. Luego vino el drama, Segura fue descalificado y Hernández pasó a la medalla de plata.
Pero la historia de Noé no acabó ni cerca de aquella gran satisfacción, pues en la memoria de los mexicanos es muy recordado por llorar de manera emotiva cuando se comunicó vía telefónica con sus padres desde Sydney hasta Chimalhuacán:
“¡Eres tú papá, eres tú mamá!”, decía Noé con la voz entrecortada mientras dedicaba ese máximo logro a los dos seres que le dieron vida en televisión nacional. Hernández no solo había conseguido entrar al podio, también derrotar el hambre y las carencias.

Su camino hacía el retiro
Esa fue la última vez que la marcha mexicana llegó al podio olímpico en la prueba de 20 kilómetros. Tres años más tarde, en el Campeonato Mundial de Atletismo de París, Francia, el andarín mexicano rozó la medalla de bronce al ubicarse en el cuarto lugar, con una marca de 1:18.14 horas, la mejor de su carrera.
Una operación en la rodilla en 2006 lo mantuvo fuera de las pistas de atletismo por mucho tiempo, lo que afectó su desempeño en las competencias hasta no poder clasificar a los Juegos Olímpicos de Beijing, China, en 2008. Fue entonces que Noé Hernández se retiró sin volver a ganar algo grande.
Tras ello, se metió a la política con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) estatal, donde en se desempeñaba en el área encargada del deporte en su amado municipio de Chimalhuacán, con el objetivo de inspirar a los jóvenes y apoyarlos para que tuvieran una oportunidad en el deporte:
El trágico final

Más de 12 años después de su gran éxito en Sydney, el 30 de diciembre de 2012 fue herido de bala en el cráneo tras un tiroteo en el bar “La Reina de los Reyes”, ubicado en La Paz, Estado de México, en el que fallecieron dos personas. Luego de ser trasladado de emergencia al hospital de de Neurotraumatología, en el municipio de Aragón, donde tuvo diversas intervenciones quirúrgicas para reconstruirle la base frontal del cráneo, se informó que había perdido su globo ocular izquierdo y más del 70% de la vista en el derecho.
El 2 de enero de 2013, despertó del coma inducido al que fue sometido. El médico que lo atendía, Carlos Castillo Rangel, afirmó que el medallista movía perfectamente las extremidades de su cuerpo y obedecía las indicaciones de los especialistas que lo atendieron. Su evolución fue sorprendente: comía, se bañaba solo y se paseaba por el hospital.
El 8 de enero de 2013 fue dado de alta de la clínica:

Todo iba de maravilla, pero el 16 de Enero de 2013, a las 11:44 horas, Noé fue encontrado inconsciente en su casa, en el barrio de Xochiaca, en Chimalhuacán. El parte médico indicó que fue a causa de un paro cardio respiratorio. A las 12:15 se apagó la vida de un medallista olímpico, de un atleta que luchó siempre por sus sueños.
En su homenaje, el municipio de Chimalhuacán inauguró en 2016 una alberca olímpica con su nombre, con una inversión de 66 millones de pesos, a fin de promover el deporte.
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