LeBron y Bronny James, después de que el heredero recibiera el premio MVP en el juego entre Sierra Canyon y St. Vincent-St. Mary (AP)
LeBron y Bronny James, después de que el heredero recibiera el premio MVP en el juego entre Sierra Canyon y St. Vincent-St. Mary (AP)

14 de diciembre de 2019. Columbus, Ohio. La capital del estado ubicado al Este de Estados Unidos está revolucionada. Así viene pasando en cada ciudad donde se presenta la nueva sensación del deporte estadounidense, un tal Bronny James, hoy –y al menos por ahora- más conocido como el hijo del gran LeBron y, a la vez, como la puerta de ingreso de muchas empresas para seducir a la masa de adolescentes consumistas. En esta ocasión la fiebre es incluso mayor y no es para menos. Se juega el partido más esperado de la noche en todo el país. Más incluso que cualquiera de los ocho juegos que este sábado hay en la NBA. Primero porque el duelo es justamente en el estado donde creció el Rey y enfrentará nada menos que al Príncipe heredero contra al alma mater de papá, St. Vincent-St. Mary, el secundario donde James empezó a ser conocido nacionalmente.

El high school de Akron está invicto (3-0), igual que Sierra Canyon, el famoso colegio privado de Los Angeles del que hablan todos hace años porque siempre recluta a buena parte de los mejores prospectos nacionales, en especial hijos de figuras NBA, como ahora pasa con Bronny y Zaire Wade, el hijo de Dwyane, ex estrella del Heat. Un choque entre dos de los mejores programas del país que promete mucho más que básquet. Por eso 262 periodistas se acreditaron para presenciar el encuentro, incluyendo medios top como el New York Times y el Washington Post. Tampoco sorprende que en el Nationwide Arena haya largas filas desde temprano y cuando el partido da comienzo, el estadio se encuentre casi lleno, con 13.000 personas (la capacidad es de 19.000). Una locura pensando que es un partido de chicos menores de 18 años que ni siquiera han llegado a una universidad. Y, sobre todo, si sumamos que el partido es televisado para todo Estados Unidos...

La multitud explota cuando Bronny entra a la cancha. La gente se pone de pie, sube los celulares y el ruido va en aumento. Y definitivamente se genera un pandemonium cuando el padre más famoso ingresa al estadio, luego de fletar un vuelo charter para llegar desde Miami -tras vencer al Heat- aprovechando el día libre antes de enfrentar a los Hawks en Atlanta. El Rey está viviendo un gran comienzo de temporada, jugando en alto nivel y logrando que los Lakers tengan el mejor récord del Oeste, pero le cuesta estar lejos de sus chicos… “Si me preguntás qué es lo único que apesta en esta joven campaña es que mi hijo haya jugado siete partidos y yo no haya podido ir a ninguno. Yo amo lo que hago y no tomo lo que me sucede como algo natural, vivir este momento es un sueño hecho realidad, pero perderme momentos con mis hijos es duro, me cuesta: el otro día a mi hija en gimnasia, a Bryce (el menor) en su primer partido en Orlando y lo de Bronny en este comienzo en el secundario. Lo entiendo, pero apesta”, asevera –en la previa- LeBron, a quien se lo puede ver en los aviones, micros y vestuarios mirando en su celular los partidos de su hijo mayor en Sierra Canyon. El padre no quiso faltar al octavo, sobre todo por lo que significaba. Y porque él mismo - imagínense entonces el poder que tiene-, dio el visto bueno para que se realizara este duelo organizado por Jeremy Treatman, dueño de una empresa que hace 20 años se encarga de televisar partidos top de nivel secundario o universitario y que lo primero que hizo fue consultar al Rey (de esta selva).

James llega con su séquito, 75 personas en total que incluyen familiares, amigos y gente cercana que viajaron desde Akron, la ciudad de 200.000 habitantes donde nacieron, se criaron y se conocieron LeBron y su esposa Savannah. Los dos están allí, como padres más que como celebridades. Pegados a la raya, sufren por su hijo. Y festejan cada acción positiva. Hay clima de partido importante, como si fuera de playoffs. Y Bronny responde, con sangre fría, bajo presión. Como papá. “Estaba más nervioso que él”, asegura LeBron por ESPN, justo el día que se cumple el 17° aniversario de su primera partido por TV nacional (St. Vincent-St Mary-Oak Hill Academy).

Al nene, sin embargo, no lo intimida que todos lo hayan venido a ver o que millones lo vayan a seguir por TV. Ni que sean sus primeros partidos de high school o que, a los 15 años, otorgue hasta tres de ventaja con algunos rivales. Tampoco que su padre esté por primera vez en la platea en este inicio en Sierra Canyon. Ni ser, justamente, el hijo de un verdadero monstruo, un ícono mundial que dominó la NBA por años y hoy puede sentarse en la mesa de los cinco mejores jugadores de la historia. Bronny nació siendo famoso. Y aprendió a lidiar con eso, a sacarse esa presión y disfrutar, desde muy chico. Y esta noche, siendo uno de los más jóvenes de la cancha, nada lo amedrenta ni pone nervioso. Por eso juega con naturalidad. Y deja que el juego le llegue.

El partido, justamente, le llega, como si fuera un designio del destino, en el final. Cuando todo se decide. Bronny surge, se hace grande, gigante, para robar una pelota clave a 39 segundos en un saque de costado y poner el doble de la ventaja tras una carrera furiosa, con determinación, sin miedos. Al costado, el clan James enloquece, en especial papá, dando saltos, tirando dos piñas al aire y gritando por esa anotación decisiva. Sus 15 puntos, con esa canasta decisiva, le valen el triunfo por 59-56 y llevarse el MVP (Jugador Más Valioso). Entonces, con el trofeo en mano, posa feliz junto a su padre. Ambos con la misma sonrisa. Porque, más allá que no usen el mismo número de camiseta (el adolescente se decantó por el N° 0), las similitudes brotan solas cuando se los ve en cancha, sobre todo en gestos, sonrisas, protestas y hasta ese andar como de pato recuerdan mucho a LeBron.

Todos lo miran, pero el pibe no quiere sobresalir. Se nota que no desea demostrar ni generar ovaciones. Y por eso sólo se apega a los fundamentos del juego, a cómo lo siente. A cómo juega LeBron, quien seguramente ha repetido estos consejos durante años. Cuando llega la doble marca, la pasa. Cuando debe tirar, lo hace. Y cuando hay que defender, se arremanga. Cuando hay un conflicto, como le pasó en partidos anteriores, tranquiliza al compañero. Y cuando la gente toma partido por el rival y él recibe cánticos de “sobrevalorado”, como también le ha pasado, se muestra impávido, sin responder ni, aparentemente, ponerse nervioso. No es casualidad ver el comportamiento de Bronny. El chico aprendió del mejor de todos, pero de la mejor forma. No parece ser de esos pibes modernos que quieren mostrarse, anotar muchos puntos y salir en redes sociales. Está claro, cuando se lo ve jugar, que prefiere hacerlo de la manera correcta. No hay dudas que allí está la mano de su padre. Y también de su propia esencia. Un chico al que tal vez le gustaría pasar inadvertido pero sabe que no puede. Y no reniega de eso. Se la banca bien y juega a su deporte favorito, sin pensar si algún día será como su padre. “Bronny trabaja duro y juega para sus compañeros. Seguramente cometerá errores como cualquier otro chico, pero estará siempre listo y entrenará muy bien. Será alguien a quien no le importe el ránking ni los números. Lo único que buscará será el éxito de su equipo. Eso se los puedo asegurar”, sentencia LeBron. Y Bronny lo hace quedar bien en la cancha.

Hijo y padre, en espejo. Así vive LeBron los partidos de Bronny (AP)
Hijo y padre, en espejo. Así vive LeBron los partidos de Bronny (AP)

Papá se siente bendecido. De lo que está viviendo Bronny y de haber podido presenciar una noche que se pareció más a un guión digno de Hollywood. “Realmente sentí un sentimiento surrealista. Fue muy especial ver a mi hijo jugar en mi estado, contra mi alma mater, que todavía está siendo dirigida por mi mentor y figura paterna de la infancia. Que todo esto suceda frente a mi familia, esposa, hijo, mi madre y hermana, sobrinos, mi tío, nuestros mejores amigos, incluyendo a quien me crié… Que Bronny haya jugado su mejor partido desde su joven carrera en el secundario, que hiciera la jugada más grande del partido y termina ganando el juego y el premio de MVP y todo en el contexto que mencioné… Es un cuento para un libro. Para mí, estar en el estadio, fue muy especial. Estaba muy nervioso por él, lo admito, pero a él lo vi controlado y tranquilo. Fue una noche increíble. Y se lo agradezco al hombre que nos mira desde arriba…”, escribió James en su cuenta de Instagram para compartirlo con sus casi 54 millones de seguidores.

LeBron Raymone James Junior nació el 6 de octubre del 2004, en Cleveland, mientras su padre, de apenas 19 años, comenzaba su segunda temporada en la NBA tras haber sido el Rookie del Año en la anterior (promedió 21 puntos, 6 asistencias y 5.5 rebotes). Bronny es el mayor de tres hermanos que tuvo la pareja conformada por LeBron y Savannah Brinson, dos chicos de Akron que se conocieron en el 2000 cuando él ya era una figura del secundario y ella estudiaba en otra escuela pública y justamente la archienemiga de St. Vincent-St. Mary, el Buchtel Community Learning Center. Ella era cheerleader y LeBron la vio en un partido de fútbol americano. La invitó a salir. “El se me acercó, yo ni sabía quién era”, recuerda Savannah. Se casaron en 2013 y llevan casi 20 años juntos. LeBron, según la revista Forbes, gana 37.5 millones de salario y 53 millones más por ser imagen de distintas marcas para estar en el top 10 de los deportistas mejores pagos del plantel. Por eso no sorprende que la pareja tenga una mansión de 21 millones en Los Angeles y otra de 9 en Akron. Bronny, que no luce como un nene millonario, pasó los primeros seis años en Cleveland y luego, cuando su padre se fue al Heat, vivió los siguientes cuatro en Miami. El regreso de James a los Cavs en 2014 hizo que la familia volviera al estado donde empezó todo. Y donde justamente este sábado pasado siguió la historia.

En la infancia, Bronny probó -como su padre- con varios deportes, incluido el fútbol (soccer), pero aseguran que LeBron le pidió no intentar con dos, el fútbol americano y el hóckey sobre hielo, por un tema de seguridad. Fue en Miami cuando el nene comenzó a competir en distintos equipos de básquet de la Unión Amateur (AAU). A los nueve, por caso, jugó para los Miami City Ballers, empezando a generar atención por ser más que el hijo de… En 2018, ya instalado con su familia en Los Angeles, empezó a jugar en los Blue Chips de North Coast, donde había estado Shareef O’Neal, el hijo de Shaq, que se lo cruzó y le ofreció sus consejos. “Tenemos mucho en común. No es fácil ser el hijo de una leyenda. A veces, jugar con 14-15 años, ante multitudes que esperan mucho de vos, no es fácil. Es difícil poder jugar y hacer tu juego. Pero veo que él la lleva muy bien, va por el buen camino”, dijo quien ahora juega en la Universidad de UCLA. Bronny llegó y fue importante en la conquista de torneos nacionales en Charlotte y Dallas, demostrando sobre todo una rapidez y versatilidad llamativas que empezaron a generar atención nacional, sobre todo de secundarios. Meses después se transfirió a Santa Monica Crossroads ante la necesidad de usar ese año que, por edad, le había quedado colgado antes del ingreso al secundario. En su debut, con papá sentado en primera fila, metió 27 puntos y clavó su primera volcada, lo que generó un boom en las redes sociales, donde es un absoluto influencer.

Hablamos de un chico apasionado por el básquet, que mide 1m88 y se desempeña en distintas posiciones y roles. Un pibe que, se nota, tiene dotes de líder y sigue los consejos de su padre sobre entrenamientos, dieta y el juego. Antes, jugaba con el N° 0 en honor a Russell Westbrook, su espejo de chico, luego pasó por el 23 de su padre, su referente en todo sentido, y ahora se ha quedado con el 0 para arrancar su periplo en el bachillerato. Fue a fin de mayo cuando se sumó a este instituto privado ubicado en el Valle de San Fernando, en el distrito de Chatsworth. Allí lo esperaba Zaire, el hijo (17 años y 1m92) de Wade con el que compartirá apenas esta temporada. También brillan Brandon Boston (uno de los 15 mejores jugadores de la clase 2000), Terren Frank (un alero de 2m01 que para el 2020 ya tiene destino de básquet universitario) y Amari Bailey (escolta de 1m92 que es una de las joyas para el draft 2022). La decisión de que Bronny se sumara a Sierra Canyon generó dudas porque el equipo, bicampeón estatal, tiene demasiado nombre y esto podría sumarle presión y tapar su progresión, pero el team James confió en la esencia del chico y del programa. LeBron nunca duda que su hijo se apegará a los fundamentos del juego y que el equipo estará por encima de todo. “Lo que pasa es que este chico aprendió del mejor de todos. Está bien preparado. Mejor de lo que podría estarlo cualquier otro. Ha sido un trabajo en equipo: su madre, su abuela, toda la familia. No tengo dudas que va a ser un jugador de División I (de la NCAA)”, asegura Paul Biancardi, analista de reclutamiento de ESPN y ex entrenador universitario.

Bronny es hoy, dando ventajas de edad, un buen jugador, un suplente importante que podría alternar como titular y, sobre todo, un chico con personalidad y mentalidad para estar en los momentos calientes y cerrar los partidos. Tiene un tiro más refinado que su padre a esta edad, aunque claro, aún carece del resto de los atributos, sobre todo los físicos que exhibía LeBron a esta edad. Estamos hablando de quien, para muchos, es el mejor jugador de la historia de los secundarios en Estados Unidos. Sin embargo, papá asegura que Bronny es mejor que él a los 15, que tiene un mejor lanzamiento y pasa mejor la pelota. Incluso escribió la frase “heredero al trono”, tras el debut de su hijo, como para sumarle –si faltara- algo de presión. Una presión que el mismo padre asumió haberle puesto antes de nacer. Sólo con la elección del nombre: LeBron Jr. Con el tiempo admitió haberse arrepentido. “No fue lo mejor, pero lo hice porque yo de chico no tuve padre y prometí que, cuando lo tuviera, no sólo le pondría junior sino que le daría todo lo que me dio aquel hombre a mí”, reconoce James. Así fue el camino que transitó con Bronny. Un progenitor absolutamente presente que ha estado en cada momento, en cada decisión, como un padre protector, guiándolo y enseñándole, dentro y fuera de la cancha.

Por lo pronto, el básquet secundario boom vive un boom gracias a Bronny, con las empresas ávidas de poder aprovechar esta fiebre. La cadena ESPN fue la que más fuerte apostó. En esta temporada incluso dará más partidos del hijo que del padre. ESPN llegó a un acuerdo con Sierra Canyon -del que no se conocieron las cifras- para televisar 15 juegos a nivel nacional. Cuando sólo agendó 14 de los Lakers y hay 16 equipos NBA que tendrán menos… “Tienen más que nosotros”, fue la reacción de Isaiah Thomas, el base de Washington Wizards, que apenas aparecerán cuatro veces en TV nacional. Uno dirá que son chicos, pero se trata de chicos ya famosos, con un manejo natural de las redes sociales que los convierten en poderosos influencers de masas de jóvenes, especialmente de la famosa Generación Z (nacidos después de 1995). Un ecosistesma que vive en las redes sociales. Bronny, por caso, está por alcanzar los 4 millones de seguidores en Instagram. Cuando abrió la cuenta, apenas tardó 18 horas en llegar a millón y hoy la maneja con desparpajo. Un personaje que sabe transitar un camino de avasallante exposición. Y que todavía tiene al menos 100 partidos más en el secundario. Un diamante en bruto. Para explotar en todo sentido. Pero, claro, no es el único. Cada ciudad y cada región puede explotar a su Bronny, aunque no sea el hijo de un monstruo así. Un fenómeno que promete expandirse.

El saludo entre la estrella y el proyecto. El sueño del jugador franquicia de los Lakers es llegar a compartir equipo con su hijo (AFP)
El saludo entre la estrella y el proyecto. El sueño del jugador franquicia de los Lakers es llegar a compartir equipo con su hijo (AFP)

Está claro que no es casualidad que Bronny haya decidido jugar en California, quizás el epicentro más importante del país y el estado donde está su padre, quien justamente –y tampoco por casualidad- eligió a los Lakers. Allí ya se vive un boom que ha impactado a propios y extraños. Gustavo Kuzner, un argentino de 41 años que remodela casa y hace 13 está radicado en un barrio cercano a Sierra Canyon HS, le contó a Infobae sobre este antes y después de Bronny. “Es terrible lo que cambió todo acá. Yo iba todos los viernes a ver los partidos de Sierra Canyon porque vivo cerca y tengo hijos de amigos jugando ahí. Y si bien era un secundario conocido no había la locura que vemos hoy. Se dio una revolución en toda la ciudad y, por ejemplo, pasamos de no tener que pagar a que las entradas se cobren arriba de 45 dólares y se vendan por la web. Así y todo se agotan. Bronny es una sensación hoy”, comparó.

Bronny disfruta el momento. En las redes sociales y en la cancha. Ser un furor no lo agobia ni lo limita. Han sido pocos los hijos de cracks que salieron de la sombra de su padre y a Bronny parece no pesarle. Tanto que ya hay varias universidades interesadas, comenzando por dos de las más importantes, Duke y Kentucky. Por lo pronto, el padre tiene un sueño y no lo oculta. “Si me preguntás cuál sería el mayor logro de mi carrera debería decir que compartir una cancha de NBA con mi hijo. Eso sería mi conquista N° 1. Ojalá podamos lograrlo”, dijo hace un año. Como lo vemos a él, dominante a los 34 años, y lo bien que viene Bronny en su progresión, no debería sorprenderlos que en cinco años –el mínimo de plazo, ya que hoy a la NBA pueden entrar con al menos 19 años- se de una cosa nunca antes vista: un Rey y un Príncipe compartiendo una cancha. Padre e hijo. No se sorprendan, con los James todo es posible.

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