
Son muchos los finales trágicos que ha dejado el boxeo a lo largo de su historia, la mayoría de ellos por ir hasta el final, por tomar los duelos "a todo o nada". Abandonar no está bien visto, y si lo hacen, el peso del público caerá sobre ellos, y la historia los juzgará por el resto de sus carreras.
Esto último pasó el 20 de octubre de 2000, cuando el boxeador polaco Andrew Golota decidió no continuar su pelea contra Mike Tyson en el tercer round, mientras Alem Certo, su entrenador, le suplicaba que volviera al cuadrilátero.
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Se retiró bajo una lluvia de residuos que caían desde la grada del Palace of Auburn Hills de Michigan. Poco le importó, él había salvado su vida.
Aquel octubre de 2000 los dos peleadores se enfrentaron en uno de los duelos más importantes del año. De un lado, el estadounidense (48-3-1) debía reivindicar su nombre después de los polémicos episodios con Evander Holyfield, Orlin Norris y Lou Savarese. Del otro, el europeo estaba obligado a realizar un buen papel para pasar a la historia grande del deporte polaco (contaba con 36 victorias, 29 por nocaut y 4 derrotas).
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La velada comenzó con un Mike Tyson muy agresivo, buscando el rostro de su rival, a tal punto que a falta de 12 segundos para el final del primer asalto logró derribarlo con un gancho de derecha.
Con un corte en el ojo izquierdo, Golota dio inicio al segundo y último round que disputaría esa noche. El gigante de 1,93 metros salió a buscar el combate, el cual se intensificó con el bullicio del público. Fue golpe por golpe, y la participación del árbitro fue en aumento hasta que sonó la campana.
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Todo indicaba que la tercera etapa iba a ser muy prometedora, ya que el polaco se había reivindicado de aquella caída. Sin embargo, algo pasaba en la esquina del púgil de 32 años. Las cámaras enfocaron el momento en el que increpaba al juez Frank Garza y, posteriormente, una discusión con su entrenador.
"Renuncio. Se acabó", le informó a su esquina. "Quédate", "Siéntate ahí", "Detente", le suplicaba Alem Certo. Comenzó el desconcierto en el recinto de Michigan, y Mike Tyson, en su rincón, se adjudicaba la victoria sin entender lo que había sucedido.
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Andrew Golota se dio media vuelta y se retiró del cuadrilátero sin hacer declaraciones. Fue un largo camino hasta los vestuarios, en el que tuvo que soportar la rabia de los aficionados que lo abuchearon y le arrojaron todo lo que tenían a mano, con tanta ira que el impacto de un vaso le abrió la herida que tenía en su ojo izquierdo.

La reputación del polaco había quedado devastada, había perdido por abandono, y el público no se lo perdonaría hasta enterarse, dos días después, de lo que había sucedido.
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"Tomó una buena decisión", aseguró Wesley Yapor, uno de los médicos que atendió al boxeador en el Resurrection Medical Center, después de la pelea. "Otro golpe severo en la cabeza podría haberle significado un peligro extremo y el riesgo de una parálisis", determinó.
"Todas las lesiones en la cabeza son serias y la adrenalina durante la pelea puede mantener a una persona despierta y alerta en el momento, retardando los efectos", advirtió el especialista. Golota había sufrido una conmoción cerebral, un pómulo izquierdo fracturado y una hernia de disco entre la cuarta y quinta vértebra cervical.
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"No sé por qué Gołota renunció. En la segunda ronda, comenzó a responder", se preguntaba Mike Tyson un tiempo después en declaraciones al Przegląd Sportowy, "Yo tenía miedo de mí y de mi salud, y fui feliz cuando terminó", admitió.
Golota, por su parte, advirtió que no fue por miedo que abandonó: "Recibí cabezazos en los dos asaltos. Tras el primero, estaba muy mal, mi visión estaba nublada y además estaba enojado con el árbitro por no haberle hecho la menor advertencia. Luego del segundo round perdí el control de lo que pasaba y actué únicamente por instinto".
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Aquella pelea dejó secuelas. El polaco no volvió a pisar un ring hasta mediados de 2003, cuando venció a Brian Nix por nocaut técnico. En medio de su recuperación, más precisamente el 17 de enero del 2001, se anunció la suspensión de Tyson y la anulación de la victoria sobre Golota.
El estadounidense se había negado a realizar una prueba de orina en la previa, y posteriormente se descubrió un positivo por marihuana. La pelea quedó sin ganador.
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