
Entre 1970 y 2015, el intelectual español Fernando Savater publicó casi un centenar de libros, entre ensayos filosóficos, análisis políticos, críticas, novelas, guiones de teatro. De esa profusa obra se pueden mencionar, entre otros títulos, Ética para Amador y Política para Amador —dos bestsellers mundiales—, pero también Borges, la ironía metafísica, Historia de la filosofía, El jardín de las dudas y La hermandad de la buena suerte.
Hasta entonces, Savater parecía tener la mente llena de palabras y la vida llena de experiencias: el tiempo que pasó en la cárcel franquista, los amores, las amenazas de la ETA, su compromiso político innegociable. Todo lo que había leído, vivido, soñado, sentido podía convertirse en material para escribir. Y así era; hubo un tiempo en que publicaba un nuevo título cada dos o tres meses. Por eso el silencio de los últimos casi cinco años —a excepción de un breve ensayo urgente contra el separatismo catalán— fue tan estruendoso.
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“Dije que ya no iba a escribir más libros”, escribe al comienzo del prólogo de su nuevo trabajo, La peor parte. Memorias de amor (Ariel). “Era la actitud más lógica, porque hasta entonces —durante muchos años— los escribí para alguien que ahora ya no podría leerlos”. El 18 de marzo de 2015 moría Sara, su mujer, víctima de un tumor cerebral al que le hizo frente durante largos y dolorosos nueve meses. Sara era su primera lectora. Se diría más: a pesar de los miles de lectores que tiene alrededor del planeta, “Pelo Cohete” —como él la llamaba cariñosamente por el peinado punk de su juventud— era su única lectora. Los 35 años que vivieron juntos fueron de felicidad, de escritura y diálogos; el resto, como diría Shakespeare, es silencio.

Crucé la línea final por tu amor
¿Por qué, entonces, volver a escribir? Tal vez porque es la condición inevitable de ser escritor. Y cuando se es escritor, “¿puede uno conformarse con llorar?”. La peor parte es un libro sobre el duelo, pero es más que eso. Es, sobre todo, la necesidad de dar un testimonio de amor. De hecho, el subtítulo es “Memorias de amor”. Hay en Savater una hidalguía elegante, una valentía frágil que pone el foco en el amor. El amor, que últimamente parece tan desprestigiado, tan delicado, tan líquido, es, para él, más que un sentimiento: es una decisión ética.
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En Niveles de vida, Julian Barnes se preguntaba por qué no se suicidaba, ahora que había perdido a su mujer, y a su pesar se respondía que prefería hacerle frente a la angustia y el dolor en tanto pudiera asegurarse que mantenía vivo el recuerdo de ella. Savater se plantea casi la misma encrucijada: el suicidio no es una opción, no hay salida fácil para la tristeza porque “se puede perder las ganas de vivir sin por ello adquirir ni mucho menos el apetito de morir”.
El desafío del texto, entonces, pasa por cómo entregarse a un texto sin entregarla a ella. Cómo no caer en la destreza automática del autor ni en la autocompasión ni, mucho menos, en “la cura” a través de la escritura. La peor parte no es una despedida: es el homenaje a la mujer con la que vivió la mejor parte de la vida y la resignación de saber que ahora sólo resta la peor. Es la aceptación del duelo y el deseo —sí: el deseo— de que no termine porque con el fin del dolor puede venir también el fin del amor. “Juro que desde que la perdí no he pasado ni una hora sin pensar en ella”, escribe. Y también: “No he vuelto a ser feliz de verdad, íntimamente, como antes lo era cada día, ni un solo momento desde que supe de la enfermedad de Pelo Cohete”.
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Seremos salvos por nuestro amor
En la tradición de la literatura de duelo se puede mencionar, por ejemplo, La ceremonia del adiós, de Simone de Beauvoir, La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero, El año del pensamiento mágico, de Joan Didion, la ya mencionada Niveles de vida, de Barnes, la reciente El amigo, de Sigrid Nunez. La lista es extensa. Savater entra en la serie casi por obligación, para cumplir con la voluntad de su mujer, quien, desfalleciente, le pidió que escribiera: “Si tú no lo cuentas, nadie sabrá lo que hemos sido el uno para el otro”.
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La peor parte es un libro culto como todo libro de un intelectual, es un libro impúdico como todo libro de amor, y es un libro triste como todo libro que intenta robarle un recuerdo a la muerte. La última parte, en la que narra los meses finales de la agonía de Pelo Cohete es desgarradora. Pero, aunque parezca absurdo, y como sucede con frecuencia en la obra de Savater, también tiene pasajes muy divertidos —la manera en que ella se presenta ante él por primera vez es deliciosa— y una idea fuerte: el amor “siempre es zozobra y contradicción”, pero es lo único que va a salvarnos.
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La peor parte de Fernando Savater se publicará en papel en noviembre, pero ya se puede conseguir en formato digital en Bajalibros.com
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