Slavoj Žižek (Foto: David Levene)
Slavoj Žižek (Foto: David Levene)

El filósofo esloveno Slavoj Žižek se convirtió en trending topic, no porque algún nuevo libro, sino por una columna en la que asegura que "deshacerse de la fetichización masculina de la vagina como el objeto misterioso último del deseo (masculino) y reclamar la vulva para las mujeres" puede llevar a "una realidad gris en la que el sexo está totalmente reprimido".

El autor de El sublime objeto de la ideología escribió para el medio estadounidense Spectator un descargo a partir de la reciente publicación de un libro fotográfico Womanhood, de Laura Dodsworth, que forma parte de una trilogía que además cuenta con Bare Reality y Manhood, en los que retrató pechos femeninos y penes, respectivamente.

Womanhood
Womanhood

El texto comienza así: "En la lucha contra el 'sexismo' (algunas) mujeres exigieron que termináramos con la fetichización de sus pechos y las aceptáramos como una parte más del cuerpo de una mujer. Uno de los resultados de esta lucha por los "pezones libres" fue que, en algunas grandes ciudades, grupos de mujeres organizaron caminatas de protesta donde estaban desnudas sobre el cinturón, el objetivo era precisamente deserotizar los senos. Ahora estamos entrando en el siguiente paso lógico en esta dirección: el objetivo ahora es "desmitificar" el objeto sexual definitivo".

Žižek además comparte un brief del nuevo libro: "La vulva se ve a menudo como un sitio de actividad sexual. Pero hablamos de muchas áreas que no son 'atractivas': períodos, menopausia, infertilidad, aborto involuntario, aborto, embarazo, nacimiento, cáncer" para luego hacer una enumeración de publicaciones y musicales centradas en la vulva tanto en EE.UU como el Reino Unido, y anuncia "otros pasos en este proceso" en el que "la vulva parece estar teniendo un momento cultural" como "nuevos campañas de períodos, 'alentar a los jóvenes a deshacerse de cualquier vergüenza sobre la menstruación'. Entonces, ¿por qué no ir al final y 'desmitificar' y des-fetichizar los excrementos? ¡Organicemos algunos talleres de observación de mierda!".

Luego, recurre a la cinematografía de Luis Buñuel para sostener su tesis. Enumera una serie de películas clásicas como La edad de oro o El discreto encanto de la burguesía, entre otras, en las que "un acto común y cotidiano se vuelve imposible de realizar tan pronto como se encuentra ocupando el lugar imposible de "la cosa", y comienza a encarnar el objeto sublime del deseo".

Y en otro pasaje, agrega: "Imagina que, en el arrebato de la pasión erótica, uno mira de cerca la vagina de la mujer amada, temblando con la promesa de placeres anticipados, pero luego algo sucede, uno como si fuera "pierde contacto", cae de lo erótico. La carne delante de los ojos aparece en toda su realidad vulgar, con el hedor de la orina y el sudor, etc. (Y es fácil imaginar la misma experiencia con un pene). ¿Qué sucede aquí? Para Lacan , es exactamente lo contrario que ocurre en la escena descrita: la vagina deja de ser 'un objeto elevado a la dignidad de una cosa' y se convierte en parte de la realidad común. En este sentido preciso, la sublimación no es lo opuesto a la sexualización sino su equivalente".

"Esto nos remite a los intentos continuos de 'desmitificar' la vulva. Para usar un viejo proverbio (y, por lo demás, muy problemático), parece que, al tratar de deshacerse del agua sucia, corren el peligro de arrojar al bebé también. Su ataque a la idea de la vagina como el objeto fetichizado del deseo masculino también amenaza con socavar la estructura básica de la sublimación sin la cual no hay erotismo. Lo que queda es un mundo plano de realidad ordinaria en el que la gente pierde toda la tensión erótica. Muestran sus órganos 'desfetichizados' que son solo eso: órganos ordinarios".

Las redes sociales no tardaron en generar una respuesta. A continuación, una selección de tuits:

 

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