Una de las primeras ideas para Isla de perros, primer film de animación cuadro por cuadro de Wes Anderson desde Fantastic Mr. Fox, era que fuera contada desde la perspectiva de un grupo de cineastas de los 60 que se imaginaban cómo sería el año 2007 para los perros.

Ese primer plan no funcionó, y así fue como el director y sus colaboradores (Jason Schwartzman, Roman Coppola y Kunichi Nomura) decidieron que el film funcionara como una carta de amor a Japón y, en particular, al cine de directores como Kurosawa o Hayao Miyazaki, que aporta la presencia de la naturaleza, la espiritualidad y el silencio, aspectos no tan centrales de la animación occidental. "La historia podría suceder en cualquier lugar, pero empezó a tomar forma cuando nos dimos cuenta de que debería suceder en una versión de fantasía de Japón", dijo Wes Anderson en una de las presentaciones de la película.

Además de inspirarse en el cine japonés, Anderson puso su atención en los típicos especiales navideños americanos para tv, como Rudolph, el pequeño reno, de Larry Roemer y Kizo Nagashima. En otra entrevista, Wes Anderson explica: "Siempre me gustaron las criaturas en los films de Ray Harryhausen, pero fueron los especiales navideños los que realmente hicieron que quisiera hacer Isla de perros".

“Isla de perros”, la última película de Wes Anderson
“Isla de perros”, la última película de Wes Anderson

Para los fans de la animación stop-motion, el nombre de Ray Harryhausen seguramente suene conocido. Productor cinematográfico y técnico en efectos especiales, Harryhausen trabajó en películas emblemáticas del cine fantástico, como Jasón y los argonautas y Furia de titanes, y es uno de los mayores referentes de la técnica de animación utilizada en el último film de Wes Anderson.

Hoy mayormente en desuso producto del enorme y meticuloso trabajo que implica, la animación stop-motion se caracteriza por la construcción artesanal de personajes y sets, que son luego animados cuadro a cuadro por un equipo, en el caso de Isla de perros, de 27 animadores y diez asistentes.

Hay otros referentes del género además del querido Harryhausen, como Phil Tippett, conocido por su trabajo en La Guerra de las galaxias, Robocopo por haber hecho la animación preliminar de Jurassic Park; Henry Selick, director de El extraño mundo de Jack y James y el durazno gigante; y el estudio Laika, responsable de obras maestras de la animación, como Coraline y Kubo y la búsqueda del samurái. Pero a diferencia del look hiperestilizado, fluido y prolijo de Laika, la animación de Wes Anderson es intencionalmente analógica, tambaleante e inquieta, con un estilo levemente desprolijo y peculiar que contrasta con el enorme detalle de la dirección de arte, los colores, vestuarios, decorados y sets.

Para Isla de perros, Anderson volvió a colaborar con Tristan Oliver, director de fotografía de Fantastic Mr. Fox y un técnico con amplia experiencia en el cine de animación cuadro a cuadro. Oliver trabajó en películas como Chicken RunWallace & Gromit, la batalla de los vegetales, en Paranorman para el estudio Laika, y en la multipremiada Loving Vincent, un film revolucionario y experimental que llevó la animación cuadro por cuadro a otro nivel (aunque basada no en figuras corpóreas sino en pinturas al óleo).

Además de la fotografía, en las películas de Wes Anderson suele ser central la dirección de arte, y para Isla de perros, Anderson volvió a colaborar con el ganador del Oscar Adam Stockhausen y con Paul Harrod, que también trabajó en Fantastic Mr. Fox. Juntos imaginaron un Japón algo distópico (la historia transcurre veinte años en el futuro), que mezcla el urbanismo de los 60 con el período Edo del siglo XIX. Para ello se realizaron 240 mini-sets para los cuales todo se construyó a mano, incluyendo las olas y las nubes, hechas con algodón.

El escenario es un Japón distópico
El escenario es un Japón distópico

Al contrario de Fantastic Mr. Fox, que contaba con una paleta otoñal exuberante llena de tonos cálidos, la mayor parte de Isla de perros transcurre en un basural lleno de colores desaturados, algo que representó un amplio desafío para amoldarse a la estética tan particular del director de Los excéntricos Tenenbaum y Vida acuática.

La isla llena de basura fue segmentada por colores. Primero, al conocer a los héroes del film, un grupo de perros que colabora con un niño para encontrar a un perro perdido, se ve un paisaje de metales ferrosos y oxidados, la típica imagen de un basural lleno de chatarra. Luego, una zona blanca repleta de diarios, una playa negra colmada de monitores CRT viejos y baterías de auto y varias zonas más en donde también aparece la codificación por color de acuerdo con los objetos que conforman la mayor parte de la basura de la zona, en un trabajo que hace referencia a las imágenes de Edward Burtynsky y Chris Jordan, fotógrafos que han trabajado documentando enormes pilas de basura.

Al contrario de Fantastic Mr. Fox, una película protagonizada por animales antropomórficos, en Isla de perros los perros se comportan… bueno, como perros, excepto por el detalle de que hablan. En este sentido, la animación resultó particularmente compleja, al tener que capturar todos los detalles del movimiento animal (como suele pasar con la animación, las caminatas fueron particularmente complicadas) y la expresividad en los rostros, que tomaron como referencia mucho material de archivo y animales reales.

Para las figuras de perros se utilizó alpaca y lana merino, de las que se usan para los típicos ositos de juguete, y resina para las figuras humanas, que proveen un look particular ya testeado por los animadores de Laika en Paranorman. Estudios como Laika aprovechan al máximo la tecnología e imprimen grandes cantidades de cabezas y rostros con diferentes expresiones, aprovechando la técnica de la impresión 3D, que permite ahorrar mucho trabajo en la animación y creación de personajes.

El film se hizo con la técnica de stop-motion
El film se hizo con la técnica de stop-motion

En Isla de perros el trabajo es más artesanal, pero aun así, muchos personajes contaron con bocas y expresiones de reemplazo, para saltar rápidamente de una emoción a otra. El estilo de animación más sucio permite que esto sea algo así como una marca de estilo: cuando un personaje cambia de expresión, lo hace sin cuadros intermedios a otra completamente diferente, y esto, combinado con el perfecto timing cómico y el uso de los silencios de Wes Anderson, logra el efecto ideal, según Mark Waring, director de animación.

El estilo de animación desprolijo se logra mediante la utilización de dos fotogramas para cada acción (shooting on twos), en oposición con una animación más fluida de un fotograma para cada posición. Por supuesto, el trabajo sigue siendo monumental: en total se construyeron 1.000 figuras, 500 perros y 500 humanos, y cada personaje fue construido en cinco escalas diferentes, con un trabajo de alrededor de 16 semanas para cada personaje.

En total se construyeron 1.000 figuras, 500 perros y 500 humanos, y cada personaje fue construido en cinco escalas diferentes
En total se construyeron 1.000 figuras, 500 perros y 500 humanos, y cada personaje fue construido en cinco escalas diferentes

Gran parte del look del film está inspirado en el trabajo de Kurosawa, (películas como El perro rabioso, Los siete samuráis, Trono de sangre, Ran) pero también en el arte japonés Ukiyo-e. Producido mayormente durante los siglos XVII, XVIII y XIX, este estampado japonés comparte algunas características con el estilo visual de Anderson, caracterizado por su look pictórico lleno de encuadres simétricos y ensambles de personajes. En particular, se tomó como referencia el trabajo de artistas como Utagawa Hiroshige y Hokusai, autor de la conocida obra La gran ola, de Kanagawa. Además, es importante en Isla de perros la influencia de la arquitectura metabolista, en especial el trabajo del arquitecto japonés Kenzo Tange.

Según Paul Harrod, director de arte, la idea era crear una estética situada veinte años en el futuro, pero "(…) no veinte años a partir de hoy. La idea era imaginar cómo sería el futuro del Japón de 1964". Otros arquitectos, como Frank Lloyd Wright, también sirvieron como fuente de inspiración a la hora de construir edificios y decorados que combinaran arquitectura japonesa tradicional con una línea más modernista, propia del siglo XX. Las diversas capas y abundancia de líneas horizontales resultan apropiadas para la forma de encuadrar de Wes Anderson, habitué de los grandes planos frontales y la simetría.

La simetría, el clásico toque de Anderson, también se respeta en la película
La simetría, el clásico toque de Anderson, también se respeta en la película

El mundo sonoro de la película es igualmente impactante. En primer lugar, por las voces: este es uno de los films de Wes Anderson más cargado de estrellas. Edward Norton, Bill Murray, Tilda Swinton, Jeff Goldblum, Frances McDormand, y algunas figuras que hacen su debut en la filmografía andersoniana, como Bryan Cranston, Greta Gerwig, Ken Watanabe y Scarlett Johansson. Un reparto que, si estuviéramos en una película de acción real, sería absolutamente delirante.

Por suerte, el cine de animación, con mayor flexibilidad de agenda (básicamente los actores pueden grabar voces desde cualquier lugar y a cualquier hora), permite la posibilidad de reunir tantas ilustres figuras. Y finalmente, pero no menos importante, la banda sonora. El compositor es el recientemente ganador del Oscar Alexandre Desplat, que ya colaboró con el director en El Gran Hotel Budapest, en Fantastic Mr. Fox y en Un reino bajo la luna, y también habrá canciones presentes en películas japonesas clásicas, así como temas de West Coast Pop Art Experimental Band y Sauter-Finegan Orchestra.

*Isla de perros, 22 de abril, 22.10 hs, en espacio Incaa, Cine Gaumont. 

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