Pérez Reverte: "Ninguna mujer que haya leído una novela mía me acusará jamás de machista"

Irreverente y provocador como siempre, el autor de la saga de Falcó habló en Madrid con Infobae Cultura sobre el personaje de su saga, un inescrupuloso que ocupa la vereda de enfrente de su clásico personaje Alatriste, "un héroe moral". También reflexionó sobre el oficio de escribir y la capacidad que tiene la escritura de alejarlo de la melancolía: "Escribir me permite envejecer sintiéndome todavía parte del mundo que viví. Y eso es mi salvación"

Guardar

Madrid. Enviado especial. Acostumbrado a moverse con comodidad en ambientes imponentes, Arturo Pérez Reverte espera a Infobae Cultura en el lobby del Palace Hotel de Madrid. El lugar es simplemente deslumbrante: paredes revestidas en madera oscura, grandes cuadros y arañas de cristal hacen que un espacio pensado para el tránsito cobre un nuevo sentido. Da la impresión de que fuera un anexo del Museo del Prado o del Reina Sofía, que están del otro lado del parque. Remata el salón una cúpula vidriada con círculos concéntricos de diferentes colores por los cuales, a medida que avanza la tarde, el sol va dejando diferentes tonos de verdes, rojos, azules.

El hotel, fundado en 1919, bien podría ser uno de los escenarios de Falcó o Eva (Alfaguara), las primeras dos novelas del "espía amoral" Lorenzo Falcó. La saga —ya está la promesa de una tercera entrega— sigue al personaje por las zonas más políticamente incómodas de la Guerra Civil española, donde el bando republicano se muestra tan cruel y corrupto como el ejército nacional. El escritor, que antes de desembarcar en la ficción se dedicó a ser corresponsal de guerra —y cubrió más de 20 conflictos—, tiene, además, una vasta trayectoria en sagas literarias, ya que, hace 22 años, le dio vida al Capitán Alatriste durante siete novelas.

“Eva”, la nueva novela protagonizada
“Eva”, la nueva novela protagonizada por el inescrupuloso y seductor Falcó

Pero Alatriste y Falcó son personajes muy distintos. Más aún: opuestos. No sólo por los tres siglos que los separan —Alatriste vivió en el siglo XVII, Falcó a fines de la década del 30—, sino por las diferencias en cómo encajan el desencanto del mundo. "Alatriste es un héroe moral", dice Pérez Reverte. "Ha tenido fe y ha creído en cosas como Dios, Patria, bandera y la vida le ha ido quitando esas grandes palabras de la cabeza. Mata, hace cosas duras, pero mantiene unas reglas y códigos morales que le permiten mantener la dignidad. Falcó es un sinvergüenza. Nunca ha sido honrado, es un vividor, cínico, mujeriego, sin ningún tipo de escrúpulo moral. Pero es un tipo simpático, encantador, guapo y valiente. Yo podría confiarle mi dinero, mi hija, mi vida, mi reputación a un tipo como Alatriste, pero me iría a tomar copas con un tipo como Falcó. Y si fuera mujer, me enamoraría de un tipo como Alatriste, pero querría que me llevara a la cama un tipo como Falcó."

En 2006, Viggo Mortensen llevó
En 2006, Viggo Mortensen llevó al cine al Capitán Alatriste

Pérez Reverte piensa de una manera muy analítica, que lo lleva a responder a través de categorías y clasificaciones nunca estrictas pero tampoco abstractas. Parte aguas y luego borra las fronteras, vuelve a dividir y, otra vez, reajusta los límites. Se apropia de las preguntas y las reformula. La entrevista, entonces, es un fascinante ejercicio de pensamiento. De hecho, Pérez Reverte se toma varios instantes en dar cada respuesta. "Falcó y Alatriste son incompatibles", dice. "Pero se da una cosa curiosa, porque ningún novelista pone lo que no tiene. Hay algo de mí en Falcó y también en Alatriste. Es evidente que no soy ni uno ni otro, pero es verdad que comparto miradas con ellos. En todas las personas se dan esas dos maneras de ver la vida".

En algún momento, Jorge Fernández Díaz, a quien usted le dedicó Eva, dijo que la ficción le servía para contar las mafias. ¿A usted para qué le sirve?

—Yo no tengo una intención de contar mafias ni nada. Utilizo las mafias, cuando las utilizo, como pretexto narrativo. He tenido una vida muy agitada. Salí de casa muy joven. Había leído mucho antes de salir por lo que tenía una formación esmerada y eso me permitió, cuando fui a Beirut, a Sarajevo, a Angola, a Argentina, mirar el horror, el dolor, la tortura, la violencia, el mal, de una manera nutritiva.

¿Qué significa "nutritiva"?

—Que me educó. No solamente educan la bondad y la belleza. El horror, la violencia, la brutalidad, la violación, la muerte, la sangre también. Educan sobre lo que es la vida y el ser humano. La vida que llevé como reportero unida a los libros que había leído y que leí durante esa época me dio una forma de mirar el mundo. Me llevó a unas conclusiones sobre la vida, el amor, la amistad, el sexo, la violencia, la condición humana. Tengo una novela que se llama El pintor de batallas, que es la médula de toda mi obra periodística y narrativa. Cualquiera que me quiera conocer tiene allí la clave de todo. Esa vida me dejó una mirada sobre el mundo. Y yo, escribiendo novelas, desarrollo esa mirada. Llego a conclusiones. La literatura me permite llegar al extremo. Nunca he matado, nunca he violado ni torturado. He hecho cosas duras, difíciles, amargas y no siempre santas, pero la literatura me permite ponerme en el lugar de quienes lo han hecho. Cuando hablo de nutritivo quiero decir que todo eso me dio un background, una documentación sobre el mundo y los seres humanos que utilizo ahora como base para mi trabajo como escritor.

El espía Lorenzo Falcó se
El espía Lorenzo Falcó se presenta con la novela que lleva su apellido. La segunda será “Eva” y ya está la promesa de una tercera entrega.

Estando ahora en Madrid y con la estatua de Cervantes a 100 metros, dice que salió de su casa después de haber leído y casi que parece una figura quijotesca.

—Es verdad. Qué curioso: llevo haciendo entrevistas 30 años y nunca me había planteado eso. A mí, como a Don Quijote, los libros me hicieron salir a buscar aventuras. Yo había leído libros de aventuras, de piratas, de guerras y quería saber si era verdad. Quería tener compañeros valientes, conocer a mujeres hermosas, visitar burdeles en Bangkok y estar en combates en África. Fui adonde los libros me llevaron. Y volví con mi mirada propia, con mi propia experiencia. Los libros me sacaron de casa, sin duda. Sin libros no hubiera salido. No sé qué sería, pero los libros me hicieron lo que soy.

¿Qué libros eran?

—Cientos de libros: Conrad, Stevenson, Dumas, Stendhal, Dostoievski, Balzac, Galdós, Dickens… Ahora los leo con la mirada de quien ha vuelto de la isla de los piratas. Es una lectura muy interesante porque puedo contrastarlos con una vida vivida. Ya no son proyectos de futuro sino que se mezclan con recuerdos personales. Ahora leo muy poca novela nueva, casi lo único que hago es releer literatura o historia antigua porque es como una especie de cerrar el ciclo.

En esa dicotomía entre literatura y vida, usted está más cerca de Hemingway que de Borges.

—Sin duda. Porque Borges viajó a través de la biblioteca. Yo tuve un doble viaje, con los libros y en la vida. Entonces, claro, vuelvo de la isla de los piratas con la mochila llena de cosas mías también. No tengo el talento de Borges pero tengo la experiencia que Borges no tuvo. No me estoy comparando con Borges, por favor.

No, no. Es una mención que traje yo.

—Mi novela es fruto de mi biografía y de los libros. Soy lo que leído más lo que he vivido más lo que imagino, y eso me produce mucha felicidad. Mi vida como lector no ha sido un mero ejercicio de cultura o de formación o de teoría, ha sido también un ejercicio de vida. Mi vida como lector me ha llevado a una vida personal y en esa vida personal tengo un mundo propio que me acompaña. Y soy feliz porque me acuesto todas las noches pensando en qué voy a escribir.

El escritor Arturo Perez Reverte,
El escritor Arturo Perez Reverte, entrevistado para Infobae

¿Por qué escribe?

Pérez Reverte se queda en silencio durante 17 segundos.

—Si yo no escribiera sería un viejo en la ventana mirando caer la lluvia mientras recuerda. Tendría una magnífica biografía a la espalda, mujeres guapas, amigos estupendos, aventuras, peleas, burdeles rotos en Beirut, amaneceres grises e inciertos. Formidable, ¿no? Pero todo sería recuerdo. Sería un viejo jubilado recordando lo que fue. Escribir me permite seguir en activo. Estoy vivo. Estoy con mujeres guapas, estoy con amigos generosos, tengo peleas, viajes, incertidumbre, conozco amaneceres grises. Escribir me mantiene apartado de la ventana, de la melancolía. Me permite envejecer sintiéndome todavía parte del mundo que viví. Y eso es mi salvación. No es mi elixir de juventud, porque tampoco es que me sienta joven, pero me mantiene en activo.

Falcó vendió 300.000 ejemplares. Cada uno de sus libros tiene una tirada y una expectativa de ventas enorme. ¿Hay alguna presión que sienta para no defraudar al público, a la editorial, a usted mismo?

—Ahora ya menos. Hubo un tiempo que sí, hace siete o diez años. Con la editorial no: la editorial son mercenarios, pagan bien libros que venden. Me tratan muy bien, pero un escritor es lo que vale y lo que les aporta. Una editorial es un centro comercial. No me debo a la editorial, pero al público sí. En un momento determinado temes defraudar. Llevo 30 años escribiendo novelas y hubo un momento en que temí que mi mundo se agotaría. ¿Habré contado todo? ¿Voy a repetirme? He visto a otros autores repetirse. ¿Me esperará ese futuro? Hubo un momento en que lo temí. Pero pasó el tiempo y como se me ocurrían cosas nuevas, me relajé. Cuánto me puede quedar como novelista: ¿10 años? Son tres o cuatro novelas. Me siento sin complejos. Y eso es gracias a los lectores, que me han sostenido a lo largo del tiempo. Soy un escritor relajado, ya no siento presión.

¿Hay diferencias entre la clásica novela de espías anglosajona y la de América y España?

—Sin duda. Hay un factor humano —por usar un término de Graham Greene— en la novela meridional de espías distinto al anglosajón. Hay un mayor… Es la primera vez que intento expresarlo en voz alta. Las nuestras son más honradas. Al lector le es fácil sentirse cerca y tomarse una copa con el Mario Conde de Padura o con el Montalbano de Camilleri o con Falcó o con el Remil de Jorge Fernández Díaz. Mientras que a los anglosajones los ves como personajes más herméticos. Tú no puedes ser amigo de James Bond. Ni de Bourne. Ni siquiera del Smiley, de John Le Carré, que es el mejor de todos. Están fuera de tu territorio. Esa proximidad emocional que se da con nuestros personajes no se da con los anglosajones. Por eso, la novela policial o de espías meridional, cuando es buena, es mucho más satisfactoria y tiene mucha más calidad literaria y humana que la novela anglosajona. Un detective cubano, argentino, español o italiano es mucho más interesante, mucho más rico, mucho más humano, mucho más contradictorio, mucho más real que un detective o un espía anglosajón.

Todos estos detectives que menciona comparten algo fundamental, que es el placer de la comida. Pienso en los platos que comen Mario Conde y el comisario Montalbano, por ejemplo.

—Porque son reales. Tú no te crees a James Bond. Lo disfrutas, lo pasas bien, pero sabes que es mentira. Tú no hueles a James Bond, no te follas a la chica de James Bond. Pero sí te follas a la mulata de Padura. O a la que se folla Falcó. O hueles los spaghetti que come Montalbano. Ese es un factor muy interesante; nunca había hablado de esto.

Tanto en Falcó como en Eva, el ejército republicano tiene puntos oscuros, es corrupto y cruel.

—Como el otro.

¿Pero por qué esa caracterización?

—Primero, que es verdad. Fue así. Y mi familia luchó en el bando republicano. Después: yo he hecho muchas guerras. Tengo 21 o 22 guerras, de las cuales 7 eran guerras civiles. Y después hay un factor de provocación. Me gusta dar una visión, no equidistante porque sé dónde estoy: estoy con los republicanos, sino ecuánime. Uno puede ser republicano y asumir que en su bando había hijos de puta y en el otro había héroes también. Pero España se ha polarizado tanto que no es posible.

¿Sigue siendo así aún hoy en día?

—Sigue siendo así. Desgraciadamente. Porque, además, hay una incultura enorme. Se habla por tuits. No se lee nada. Todo con 140 caracteres —bueno, ahora unos cuantos más. Hay algo de provocación para contar la guerra como es. La república liberal quedó destruida durante la guerra. Era imposible. Solamente quedaba o una república comunista o una dictadura fascista. Al final eran dos dictaduras. Las dos igual de nefastas.

Pérez Reverte cree que los
Pérez Reverte cree que los detectives de las novelas escritas en español son más creíbles y humanos que los sajones

Eva, el personaje de Eva, tiene un trato muy diferente a como habla de las mujeres en sus columnas de opinión.

—Ninguna mujer que haya leído una novela mía me acusará jamás de machista. En las columnas me burlo de la estupidez, que es distinto. Yo no me burlo del feminismo. Tengo una hija. Al contrario, lo apoyo. Pero la estupidez es otra cosa. El folclore estúpido hace daño al feminismo. En todas mis columnas me burlo de los extremos, de la estupidez que intenta generar continuamente nuevos frentes para estar en titulares, para tuitear, para conseguir subvenciones. Pero jamás me he burlado del feminismo como debe ser. Nunca. En todas mis novelas, las mujeres son personajes fuertes. Hay tipas que no me han leído nunca y que se basan en el feminismo fácil de clichés para criticarme. Y, ¿sabe qué pasa?, como mis lectores me hacen libre —no en España sino en 42 países— y me conocen desde hace 30 años, me puedo permitir que los que no me conocen digan lo que quieran.

Quería cerrar la entrevista con una pregunta urgente, que es por su opinión sobre el proceso de independencia de Cataluña.

—No. No voy a hablar de Cataluña porque al día siguiente que salga esta entrevista dirán "Pérez Reverte ha dicho tal cosa de Cataluña". Me parece una aventura grotesca y no quiero participar en ella ni siquiera tangencialmente.

LEER MÁS:

 

Vea más notas de Cultura