
El pintor y escultor colombiano Fernando Botero, quien es uno de los artistas más importantes del siglo XX, este martes, cumple 90 años de vida. El artista antioqueño es el segundo de los tres hijos del matrimonio de David Botero Mejía y Flora Angulo Jaramillo, quien nació el 19 de abril de 1932.
Las obras del pintor colombiano han llegado a diversas partes del mundo, dejando así en alto el arte nacional, pues a mediados del siglo pasado, luego de terminar sus estudios, Botero trasladó su arte a varios países de Europa y también a diferentes partes de Estados Unidos, como lo fue New York.
El artista de Medellín ha sido reconocido por sus pinturas y esculturas voluminosas. Frente a esto, Juan Carlos Botero, hijo de Fernando Botero, quien además es escritor, ha aclarado en varias ocasiones que su padre no pinta “gordos” como mucha gente cree, sino que se ha dedicado a exaltar el volumen de los sujetos y objetos del interés del artista, logrando así plasmar su propia distorsión de la realidad.
Algunas de las más sobresalientes pinturas de Botero son: “Ecce Homo”, “Cabeza de Cristo”, “Mona Lisa a los 12 años”, “La colombiana”, “Concierto campestre”, “Colección los músicos”, “Mujer frente al espejo”, “La carta”, “Celestina”, “La noche” y “Caminar por la colina”. Entre las esculturas más destacadas están “La mano”, “Torso”, “El pájaro”, “La dama”, “La ballerina asquadra”, “El soldado romano”, “Colección gatos”, “La pareja”, “La maternidad”, “El caballo” y “La guitarra”.
Además, a lo largo de su carrera ha donado a museos y otras instituciones, tanto en Colombia como a otros países, varias de sus obras. De hecho, su primera donación fue para el Museo de Antioquia, al que le dejó siete óleos, un pastel y dos acuarelas; y así lo ha seguido haciendo con otras entidades. Una de las colecciones más importantes de Botero fue una donación que dio al Banco de la República de Colombia, la cual cuenta con 123 obras de su autoría y 87 de artistas internacionales, para así formar el Museo Botero en la capital.
Sobre esta donación, en el 2000, Botero dio un discurso en el que agradeció poder dejar las obras en mención en un espacio como lo es este museo. “Para mí es un placer infinito saber que estas obras pertenecen hoy a Colombia; saber que los estudiantes que ingresen a esta casa, entrarán en contacto con las corrientes artísticas más importantes de nuestro tiempo, contemplando aquí permanentemente, obras originales de grandes maestros; saber que los amantes de la pintura y la escultura puedan venir a visitar este remanso de paz y pasearse tranquilamente por estas salas, dejándose inundar por la estética moderna. Que quede pues este pequeño oasis de cultura en medio del frenesí de la vida ciudadana. Debo confesar que no fue fácil desprenderme de estas obras, con muchas de las cuales conviví durante años. Sin embargo, el hecho de saber que estos cuadros están ahora aquí, en mi país, al alcance de todos, me proporciona un placer muy superior a esa nostalgia y la justifica con creces”.
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