La clave, pasar de la basura a los residuos

Botar la basura, cualquiera que sea, sin ninguna política ambiental de fondo deja una huella muy grande y difícil de resolver una vez que ha impactado, por ejemplo, fuentes de agua.

Un trabajador camina frente a bloques de plástico en una planta de reciclaje, que recicla desechos plásticos retirados del río Nilo, en Giza, Egipto. 24 de mayo, 2021. REUTERS/Mohamed Abd El Ghany
Un trabajador camina frente a bloques de plástico en una planta de reciclaje, que recicla desechos plásticos retirados del río Nilo, en Giza, Egipto. 24 de mayo, 2021. REUTERS/Mohamed Abd El Ghany

No es un secreto que mares, ríos y quebradas se volvieron cementerios de plástico, llantas, colchones, electrodomésticos, basura industrial y una larga lista de sustancias y materiales. En ese comportamiento pesan tanto la inacción del Estado y de la empresa privada como la falta de conciencia y educación ambiental de las comunidades. Suena difícil de resolver, pero lo es si no se priorizan estos temas en planes de desarrollo y en acciones relacionadas con la sostenibilidad ambiental.

Podemos insistirle a la gente que en casa seleccione los residuos que genera, pero si de puertas para afuera el ejercicio termina en un relleno sanitario, se pierde la tarea. Además, son recursos que se están enterrando, por lo que el salto hay que darlo eliminando los rellenos sanitarios. Casi todo lo que va a esos sitios se puede transformar, por ejemplo en combustible, y así no se le hace daño al planeta. Es un camino expedito si hay voluntad desde los gobiernos porque son muchos los modelos y experiencias mundiales en ese sentido.

Por eso, es incomprensible que una ciudad como Santa Marta, con un territorio pequeño, tenga un relleno tan grande, cada día con menos capacidad y con poca aplicación de prácticas de la economía circular.

Cifras tímidas en Colombia establecen que al año solo se recicla el 17% de al menos 12 millones de toneladas de residuos sólidos. En Santa Marta se ha avanzado en los últimos años al 3%, equivalente a 6.000 toneladas al año. Antes no se recogía ni mil toneladas al año. Lo demás va a los rellenos y a mares, ríos y quebradas, una costumbre que hizo carrera como si se tratara de barriles sin fondo. En Colombia hay 174 rellenos sanitarios y 101 botaderos a cielo abierto no autorizados, de acuerdo con cifras de la Superintendencia de Servicios Públicos. El espacio en los rellenos, en muchos casos, ya es insuficiente, convirtiéndose en fuentes de gases efecto invernadero por el alto volumen de residuos orgánicos que son depositados allí.

En términos prácticos, se deben profundizar las campañas de selección de los residuos desde casa, pero los encargados de su recolección, transformación y disposición final deben ser juiciosos para que los resultados en bien del medio ambiente sean evidentes. A todo el proceso hay que incluirle innovación, incluso a la utilización de materiales más amigables y que faciliten su reutilización. En el caso de empaques se debe avanzar hacia unos que se degraden, porque a pesar de ser materiales aprovechables, al mezclarse con otros elementos, se contaminan. Esto habitualmente impide su aprovechamiento y terminan en el relleno. Debemos entender que hoy se trata de residuos que se pueden transformar y no de basuras sin un destino final y que afecta la salud del medio ambiente.

En otros países, como España, esta gestión se contabiliza. Un informe reciente da cuenta de la evolución que ha tenido el programa de reciclaje. Hace 20 años, solamente se reciclaba el 5% de los envases de todo tipo de materiales. Hoy llega al 80% en el caso de cartón y papel, 75,8% en plásticos y 85,4% en metálicos. Por supuesto, la ciudadanía tiene mucho que ver en esos resultados: el 83,5% separa en casa casi todos sus residuos. En cuanto al impacto sobre el medio ambiente, en el 2019 se evitó la emisión a la atmósfera de 1,67 millones de toneladas de CO2.

La preocupación allá está hoy en mejorar la tecnología para tener más información sobre el comportamiento de las personas al momento de depositar los residuos en contenedores públicos distribuidos por todo el país y que suman casi 400.000. Además, trabajan en lograr que el plástico y el papel llegue a los sitios de recuperación en las mejores condiciones.

En Colombia hay mucha tarea por delante.

(*) Ambientalista. Hasta junio dirigió el Departamento Administrativo Distrital de Sostenibilidad Ambiental (Dadsa). Es gerente de la Empresa de Servicios Públicos (ESSMAR) de Santa Marta (Colombia).

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