Carmona, la primera mujer oficial del Ejército que da los golpes contra el narcotráfico en el sur de Colombia

Se ha convertido en una de las grandes fichas de los comandos del Ejército y en un objetivo militar para los grupos subversivos en Nariño.

Subteniente del Ejército, Juliana Carmona.
Subteniente del Ejército, Juliana Carmona.

Juliana Carmona, de 24 años, es la mujer que le está abriendo las puertas a otras uniformadas para ocupar un lugar en el frente de batalla contra la ola de narcotráfico que opera en las selva del departamento de Nariño, fronteras con Ecuador. La revista Semana la entrevistó y contó su diario vivir desde que, en 2015, decidió integrarse las Fuerzas Militares.

Actualmente, desde Nariño, adentrada en las selvas dirige un pelotón de 40 hombres, a los cuales les tocó la renovación de mentalidad, pues ahora en su cambuche conviven con una mujer y es la que los comanda.

“Yo salí al área de operaciones con una unidad de soldados profesionales y el reto, más que para mí, era para ellos, porque algunos tenían 10 o 12 años de servicio y nunca habían tenido una mujer en el área y llego yo, y les cambian muchas cosas, por ejemplo, el uso del baño, porque ya hay una mujer en el pelotón, manifestó la subteniente”, a la revista Semana.

Su llegada a la zona de combate fue en 2020, cuando el coronel Oswaldo Forero, comandante del Grupo Cabal en ese momento, le dio el voto de confianza para salir al área.

“Subteniente Carmona, de usted depende que más mujeres comanden pelotones. De su trabajo depende si se abren o se cierran las puertas”, el advirtió el coronel.

Según la revista, su primera misión fue hacerse cargo de la unidad Alazán 1, en Ricaurte, Nariño, una zona infestada de cultivos ilícitos, desde entonces la caída de cargamentos de coca, los desmantelamientos de laboratorios y los contundentes golpes al narcotráfico empezaron a ser más evidentes.

La llegada de Carmona con sus hombre en las selvas en las que delinquen al menos dos estructuras del ELN, disidencias de las Farc y Clan del Golfo retumbo, y más al enterarse que era una mujer quien comandaba al grupo de hombres que los tenían acorralados. Desde ese momento, la cabeza de ella tiene un precio, y no por sus contundentes golpes, sino porque , al parecer, ella incomodaba en el ego de estos hombres.

“El primer resultado que dimos fue un laboratorio de pasta de coca y una refinería ilegal. Para llegar al resultado caminamos dos horas bajando y tres horas subiendo”, detalló Carmona a Semana.

Bajo su mando, en apenas 12 meses, ha desmantelado tres laboratorios de base de pasta de coca, cinco refinerías ilegales, siete válvulas ilícitas para extraer petróleo del Oleoducto Trasandino, ha incautado 302 kilos de clorhidrato de cocaína listos para ser enviados a Centroamérica y avaluados en más de 1.500 millones de pesos y, ha realizado 19 capturas de disidentes de las Farc, miembros del ELN y personas del común en todo el cordón fronterizo de Nariño con Ecuador, así como el decomiso de material de contrabando.

Su rutina de vida es ruda, pues ella no duerme todos los días en el mismo lugar, cada día arma su cambuche y duerme en hamaca, se despierta todos los días a las 3:30 de la madrugada y a las 4:30 da parte del estado de su pelotón a sus comandantes. Desarma su lecho y emprende las largas caminatas que la llevan a dar los golpes que la convirtieron en la primera mujer del ejército que le da la cara al flagelo de la guerra que causa el narcotráfico.

Semana menciona cómo logró obtener honores tras una misión en el puente de Rumichaca, en la frontera con Ecuador, por custodiar los puntos estratégicos por donde se saca droga hacia el vecino país. De acuerdo con la revista, el último golpe que logró fue la incautación de 302 kilogramos de coca. En medio del control y vigilancia ella, junto con sus hombres, se dieron cuenta de que entraría el cargamento a su área de operación y la meta era no dejarlo salir, por lo que dio la orden de instalar varios puntos de control, posteriormente le ordenó a su centinela que la acompañara a un recorrido en carro por la región, horas más tarde la droga cayó.

Ella, junto con sus hombres, observaban el vehículo que cargaba el alcaloide, lo pararon, el conductor, muy tranquilo, presentó los papeles, pero para la subteniente presintió que algo no estaba bien, por lo que decidió encararlo con vehemencia le preguntó por el alucinógeno hasta que este confesó que la llevaba oculta en la parte posterior del vehículo, bien empacada.

En cuanto a su vida personal, Carmona le contó a la revista que lo más difícil es estar lejos de su familia, en especial de sus abuelos, además, detalló que hace años tenía un novio en el pueblo donde vivía, pero que el durar meses incomunicada complicó las cosas y dejó la vida amorosa para otro momentos de su vida.

“En mi pueblo tenía un novio, pero lo dejé cuando entré a la escuela. También dejé a mis papás, mi hermana y –lo que más duele– mis abuelos, porque siento que me estoy perdiendo mucho de ellos”, contó la uniformada de 24 años.

En su estancia por la Fuerzas Militares, se ha caracterizado por su terquedad, desde un inició se negó rotundamente a ser parte de las mujeres que trabajaban en el área administrativa, ella siempre quiso ser parte de las armas de combate: la caballería le emocionaba. En sus inicios, como prueba de su gallardía estuvo en el Grupo de Caballería Mecanizado n.° 3 José María Cabal, en Ipiales, donde duró un año lidiando con soldados, hasta que logró salir.

Cuenta la uniformada que todo esto se convirtió en un reto personal, pues en su pueblo y hasta en su familia, cuando ella inició su carrera profesional, pensaron que no podría con la disciplina y el entrenamiento, pero ahora, lo que desea cada día es regresar de los operativos con todos sus hombres completos.

“Mi sueño es ser general del Ejército”, dice sin titubear Carmona.

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