Pilar Quintana ganó el Premio Alfaguara

La escritora caleña, quien fue destacada por su novela “Los abismos”, es la cuarta colombiana en ganarse este premio. Laura Restrepo, Juan Gabriel Vásquez y Jorge Franco son los otros nacionales que han recibido el galardón.

La escritora colombiana Pilar Quintana ganó el premio Alfaguara de novela con “Los abismos”, una historia familiar contada desde el punto de vista de una niña. El jurado reconoció esta novela ambientada en los años 1980 sobre “la oscuridad del mundo de los adultos, a través del punto de vista de una niña que desde la memoria de su vida familiar intenta comprender la conflictiva relación entre sus padres”, dijo el presidente del jurado, el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince.

“La autora ha creado una historia poderosa, narrada desde una aparente ingenuidad, que contrasta con la atmósfera desdichada que rodea a la protagonista”, añadió Héctor Abad Faciolince.

Pilar Quintana, nació en Cali en 1972, comentó, tras recibir el galardón, que la obra, ambientada en su ciudad natal, tiene algo de autobiográfico y le requirió “muchas reescrituras”. Según dijo en una entrevista, lo más difícil fue “adoptar el punto de vista de una niña, en esta novela poblada de personajes femeninos y donde la naturaleza ocupa un lugar físico y simbólico”.

“Los niños entienden todo a su alrededor, pero no lo entienden como nosotros”, por lo que “tuve que dedicarle mucho trabajo a esa parte, para lograr que la novela lograra contar lo que estaba pasando del punto de vista de la niña”, dijo Quintana.

La autora, que es mamá de un niño de cinco años, explicó que le interesaba en particular investigar en los “mandatos sociales” que pesaron fatalmente en las mujeres de la generación de su madre, y dijo haber encontrado un revulsivo creativo en su propia maternidad. “Yo quería indagar en las relaciones de una niña con una mujer que tuvo frustraciones en su vida”.

La autora caleña destacó anteriormente con la novela “La perra” (2017), ya que fue finalista el año pasado de los National Book Awards, uno de los grandes premios de Estados Unidos, en la categoría de literatura traducida. Una historia ambientada en la selva del Pacífico colombiano y protagonizada por una mujer humilde y que, a falta de poder tener hijos, adopta a una cachorrita huérfana.

Guillermo Arriaga, escritor y guionista mexicano, fue el ganador el año pasado con su obra “Salvar el fuego”, que se traducirá próximamente a italiano, francés, alemán y holandés. “Los abismos” será uno de los títulos líder del año para Alfaguara, el sello de ficción más visible del grupo editorial Penguin Random House.

El premio Alfaguara estuvo dotado con 175.000 dólares, una escultura de Martín Chirino y la publicación simultánea en todo el territorio de habla hispana, el próximo 25 de marzo. Según Alfaguara hubo este año un “récord de participación absoluto”, ya que se recibieron 2.428 manuscritos, la mitad desde España y el resto de países del continente americano, Argentina, México, Colombia, Estados Unidos, Chile, Perú y Uruguay.

El jurado estuvo presidido en esta 24ª edición por Héctor Abad Faciolince, escritor del libro que Alfaguara reeditó recientemente “El olvido que seremos”, adaptada al cine primero por su hija Daniela Abad con el documental Cartas a una sombra en 2015 y el año pasado por el director español Fernando Trueba.

En el jurado estuvieron las escritoras Irene Vallejo (Premio Nacional de Ensayo 2020 en España por “El infinito en un junco”) y Ana Merino (premio Nadal 2020 con “El mapa de los afectos”), la directora internacional del Hay Festival, Cristina Fuentes La Roche, y la directora editorial de Alfaguara, Pilar Reyes, quien ayudo en la elección del ganador pero no votó.

Fragmento de Los abismos

Mi colegio quedaba a unas pocas cuadras de nuestro edificio. Yesenia me llevaba caminando por las mañanas y por las tardes me esperaba a la salida. Por el camino me hablaba de su tierra. Las frutas, los animales, los ríos más anchos que cualquier avenida.

-Ese - decía señalando al río Cali - no es un río sino una quebrada. Una tarde llegamos directo a su cuarto. Estaba en el primer piso, al lado de la cocina. Un cuartico con baño y un ventanuco. Nos sentamos en la cama, una frente a la otra. Habíamos descubierto que no conocía las canciones ni los juegos de manos. Le estaba enseñando mi favorito, el de las muñecas de París. En cada paso se equivocaba y nos reventábamos de la risa. Mi mamá apareció en la puerta.

-Claudia, hacé el favor de subir. Estaba serísima.

-¿Qué pasó?

-Que subás, dije.

-Estamos jugando.

-No me hagás repetir. Miré a Yesenia. Ella, con los ojos, me dijo que obedeciera. Me paré y salí. Mi mamá agarró mi maleta del suelo. Subimos, entramos a mi cuarto y cerró la puerta.

-Nunca más te quiero ver en confianzas con ella.

-¿Con Yesenia?

-Con ninguna empleada.

-¿Porqué?

-Porque es la empleada, niña.

-¿Y eso qué?

-Que uno se encariña con ellas y luego ellas se van.

-Yesenia no tiene a nadie en Cali. Se puede quedar con nosotros para siempre.

–Ay, Claudia, no seás tan ingenua.

A los pocos días Yesenia se fue sin despedirse, mientras yo estaba en el colegio.

Mi mamá me dijo que la habían llamado de Leticia y tuvo que volver con su familia. Yo sospechaba que esa no era toda la verdad. Mi mamá se ranchó en su versión y no hubo forma de que dijera otra cosa.

A continuación llegó Lucila, una señora mayor del Cauca que no se metía conmigo para nada. Fue la empleada que más tiempo estuvo con nosotros.