Gabo, el futbolero

Pasión del nobel de literatura por el Junior de Barranquilla


Gabriel García Márquez, nobel de literatura colombiano.
Gabriel García Márquez, nobel de literatura colombiano.

Fue el 14 de junio de 1950, en el estadio municipal de la ciudad de Barranquilla. Millonarios, con Cozzi, Ochoa Uribe, Pedernera, Di Stéfano, se enfrentó al Junior de Heleno de Freitas por una fecha del campeonato local. En las gradas, como un hincha más, estaba Gabriel García Márquez. Era el primer año de El Dorado (1949-1953), una época en la que jugaron importantes estrellas de las ligas argentina, peruana y brasileña en el fútbol colombiano.

El partido concluyó con un 2-1 a favor de Junior. La derrota del Ballet azul, cuya campaña de 1949 lo condujo a su primer título, fue motivo para que García Márquez, impresionado por la actuación del equipo liderado por de Freitas, escribiera El juramento.

Publicada en El Heraldo, la columna del escritor de 22 años fue recogida en la antología Textos costeños, publicada por Editorial Oveja Negra en 1983.

Con tono elocuente y humorístico, García Márquez se descubre a sí mismo como hincha en un espectáculo en el que, asegura, ocurre una “perdida absoluta y asentada del sentido del ridículo”, para rematar con un comentario acerca del partido.

“(...) Voy a decir lo que vi –o lo que creí ver ayer tarde– para darme el lujo de empezar bien temprano a meter esas patas deportivas que bien guardadas me tenía. En primer término, me pareció que el Junior dominó a Millonarios desde el primer momento. Si la línea blanca que divide la cancha en dos mitades significa algo, mi afirmación anterior es cierta, puesto que muy pocas veces pudo estar la bola, en el primer tiempo, dentro de la mitad correspondiente a la portería del Junior”.

Además, el escritor comparó las habilidades de los jugadores con las de ciertos escritores, en observaciones cuya ironía delata al lector voraz que fue García Márquez.

"Por otra parte, si los jugadores del Junior no hubieran sido ciertamente jugadores sino escritores, me parece que el maestro Heleno habría sido un extraordinario autor de novelas policíacas.

Haroldo, por su parte, habría sido una especie de Marcelino Menéndez y Pelayo, con esa facilidad que tiene el brasileño para estar en todas partes a la vez y en todas ellas trabajando, atendiendo simultáneamente a once señores, como si de lo que se tratara no fuera de colocar un gol sino de escribir todos los mamotretos que don Marcelino escribiera.

(...)Y esto por no entrar con los Millonarios, cuyo gran Di Stéfano, si de algo sabe, es de retórica".

“Del Junior, por supuesto”

“Del Junior, por supuesto”

Barranquilla fue una ciudad vital para Gabriel García Márquez. En ella encontró trabajo como periodista e hizo amistad con otros escritores, quienes lo impulsaron en el desarrollo de su arte.

Ramon Vinyes y José Félix Fuenmayor fueron los responsables de una tertulia literaria en la que el escritor puso a consideración sus primeros textos. El denominado Grupo de Barranquilla, del que hicieron parte Álvaro Cepeda, Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas y Alejandro Obregón, cuyas reuniones iniciaron en pequeñas librerías del centro de la ciudad y luego se asentaron en La Cueva, fue un espacio de fogueo para el joven escritor.

En esos años de juventud, mientras trabajaba en El Heraldo, asistió a los partidos del Municipal con otros compañeros de trabajo. En una conversación con el periodista argentino Jorge Barraza no solo confesó su amor por el Junior, sino que también recordó una de sus primeras iniciativas periodísticas, el semanario Crónica, que terminó como un diario deportivo a la manera de El Gráfico de Argentina.

“Ocurrió que, para el primer número, elegimos como personaje a un futbolista, Heleno de Freitas, el brasileño tan promocionado. Y causó sensación. Luego cambiamos el perfil de los protagonistas y el interés decayó totalmente. La gente exigía que versáramos sobre deportes. En esos tiempos llevábamos a los futbolistas a tomar ron blanco y a interesarlos sobre literatura en el estadero Los Almendros, frente al viejo estadio Romelio Martínez. Especialmente a los del Sporting de Barranquilla, el gran rival del Junior”.

Nunca ajeno al balompié, García Márquez fue un observador de la escena por muchos años. Incluso en esa conversación con Barraza acuñó una de sus sentencias, cargada de ironía, cuya vigencia anticipó al VAR:

“Mientras exista el árbitro, el fútbol será impredecible”.

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