Moras sin semillas y cerezas en arbustos: los nuevos cultivos que desarrolla la edición genética

Según un informe detallado de Wired Magazine, la tecnología CRISPR permite acelerar la modificación de rasgos específicos para obtener alimentos más fáciles de consumir y variedades con mayor resistencia frente al calor, las sequías y plagas

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CRISPR impulsa una nueva carrera científica para modificar la agricultura con cultivos más resistentes al calor, la sequía, las enfermedades y las plagas (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las moras sin semillas, los arbustos de cerezas y los cultivos capaces de resistir mejor el calor, las sequías, las enfermedades y las plagas forman parte de una nueva carrera científica que busca modificar la agricultura desde su base.

La herramienta que impulsa este proceso es CRISPR, una tecnología de edición genética que permite alterar rasgos específicos de las plantas con una precisión y una velocidad superiores a las técnicas tradicionales de mejoramiento.

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Entre las compañías que avanzan en esta dirección se encuentra Pairwise, una startup de Carolina del Norte que trabaja en variedades destinadas tanto a los consumidores como a los productores.

Cereza fresca, fruta jugosa y dulce, rica en antioxidantes y vitaminas, ideal para postres y meriendas saludables en verano - (Imagen Ilustrativa Infobae)
La edición genética permite a Pairwise desarrollar cerezos que crecen como arbustos y pueden facilitar la mecanización agrícola (Imagen Ilustrativa Infobae)

Su objetivo incluye desarrollar frutos más fáciles de comer, plantas que ocupen menos espacio y cultivos capaces de ofrecer mejores rendimientos frente a las condiciones de un planeta cada vez más cálido. Algunas de estas variedades todavía se encuentran en desarrollo y no llegarían a los supermercados estadounidenses antes de 2030.

Una mora sin semillas y con menos obstáculos para el cultivo

El trabajo de esta startup estadounidense de tecnología agrícola y biotecnología comenzó con una premisa concreta: utilizar la edición genética para modificar características que durante décadas requirieron largos procesos de selección y cruces entre plantas. En el caso de las moras, busca combinar ausencia de semillas, eliminación de espinas y un mayor rendimiento.

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La tecnología permite actuar sobre rasgos determinados sin tener que cruzar sucesivamente distintas variedades y esperar generaciones para comprobar el resultado.

Según el informe de WIRED, la empresa identificó la característica vinculada con las semillas y la modificó directamente en una variedad de mora que ya presentaba un buen sabor.

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Pairwise desarrolla con edición genética moras sin semillas, sin espinas y de mayor rendimiento para consumidores y productores (Imagen Ilustrativa Infobae)

La compañía recibió más de 50 aprobaciones regulatorias para cinco cultivos en nueve países. Por el momento, comercializa de manera limitada una variedad de mora de alto rendimiento en Colombia.

Su primer producto CRISPR en Estados Unidos fue una mostaza verde menos amarga, aunque la empresa decidió discontinuarla a comienzos de 2024 para concentrarse en otros desarrollos.

La edición genética busca acelerar décadas de mejoramiento

El mejoramiento vegetal tradicional depende de la selección de características y de cruces que pueden producir numerosas combinaciones genéticas.

El proceso puede extenderse durante generaciones y también generar compensaciones: una planta con mayor resistencia puede presentar menor rendimiento, mientras una variedad con una vida útil más extensa puede perder determinadas cualidades.

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La tecnología CRISPR permite alterar rasgos específicos de las plantas con más precisión y velocidad que el mejoramiento vegetal tradicional (Imagen Ilustrativa Infobae)

CRISPR modifica este proceso al permitir intervenir sobre genes concretos. Los científicos pueden activar, desactivar o ajustar la expresión de determinados rasgos. De acuerdo con los especialistas citados por WIRED, la edición genética puede ser al menos un 95% más rápida que el mejoramiento convencional de plantas.

Pairwise también trabaja con Bayer para optimizar características del maíz. Una de las investigaciones busca determinar el número de hileras de granos por mazorca para maximizar la producción. A esa modificación podrían sumarse otras relacionadas con tallos más cortos, tolerancia al calor y la sequía y un uso más eficiente de fertilizantes.

Michael Graham, responsable de investigación y desarrollo de la división de ciencias agrícolas de Bayer, destacó a WIRED el potencial de esta herramienta: “Ese es el gran avance, esta capacidad verdaderamente sin precedentes para imaginar el tipo de maíz que queremos y crearlo con rapidez y a gran escala”.

Frutas adaptadas a un clima más exigente

El portafolio de la empresa incluye proyectos para obtener cultivos con mayor rendimiento, una vida útil más prolongada y resistencia frente al calor, las sequías, las tormentas, las plagas y las enfermedades.

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La edición genética CRISPR también se aplica al desarrollo de duraznos sin carozo (Imagen Ilustrativa Infobae)

También desarrolla árboles frutales y de frutos secos capaces de producir su primera cosecha en uno o dos años, frente a los tres a ocho años que pueden requerir algunas variedades tradicionales.

Uno de los desarrollos más llamativos es el de los cerezos con forma de arbusto. El cambio podría permitir producir más fruta utilizando menos superficie y facilitar tareas mecanizadas como la fumigación y la cosecha.

La compañía también trabaja en duraznos sin carozo y en cultivos desarrollados junto con empresas agroindustriales, universidades e instituciones de investigación.

El desafío: regulación, inversión y aceptación del consumidor

La inversión en tecnología agrícola y alimentaria cayó un 70% desde el máximo registrado en 2021, cuando superó los USD 50.000 millones. Para Adam Bergman, director general de EcoTech Capital, durante la última década se destinaron unos USD 3.000 millones a startups dedicadas a semillas modificadas genéticamente.

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La expansión de los cultivos editados con CRISPR enfrenta desafíos de inversión, regulación y aceptación pública, en medio del debate sobre sus efectos ambientales y sanitarios (Imagen Ilustrativa Infobae)

La aceptación pública también representa una incógnita. Aunque los cultivos editados mediante CRISPR recibieron una respuesta regulatoria diferente a la de muchos organismos genéticamente modificados, persiste el debate sobre sus posibles efectos ambientales y sanitarios.

Julius Beau Lucks, codirector del Centro de Biología Sintética de la Universidad Northwestern, señaló a WIRED que “históricamente, ha habido una fuerte resistencia a la ingeniería genética en la agricultura”.

En África, Pairwise trabaja con organizaciones como la Fundación Gates y el Instituto Internacional de Agricultura Tropical (IITA) para desarrollar cultivos básicos más resistentes.

Entre los proyectos aparecen variedades de caupí, yuca y ñames semienanos orientados a enfrentar plagas, enfermedades y sequías, además de reducir las exigencias de trabajo agrícola.

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