Un estudio publicado en la revista Frontiers y realizado en zoológicos de Suiza mostró que los lobos que son jefes reproductores de su manada reaccionan mucho más intensamente ante la orina de un lobo desconocido que los lobos subordinados. Este hallazgo ayuda a entender cómo defienden su territorio y abre la posibilidad de usar olores para evitar conflictos entre lobos y ganado.
Un experimento para observar a los lobos en acción
Entre abril y junio de 2024, un grupo de científicos de la Universidad de Neuchâtel trabajó con 13 lobos distribuidos en cinco manadas de cuatro zoológicos suizos. De esos animales, seis eran jefes reproductores y siete no eran jefes.
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El objetivo era analizar cómo responde cada lobo ante señales olfativas, que en la naturaleza son clave para comunicarse y marcar territorio.

Para el experimento, los especialistas instalaron estaciones de olor en los límites de los recintos, a la altura en la que un lobo suele orinar. En estas estaciones aplicaron orina de lobo, proveniente de un proveedor comercial de Estados Unidos, y, como control, orina humana.
Así, podían ver si los animales reaccionaban solo por novedad o si realmente distinguían el olor de un potencial intruso.
Durante 20 días seguidos, cámaras grabaron todas las reacciones de los lobos. Los científicos prestaron atención a varias conductas: acercarse, olfatear, frotarse, orinar, defecar o rascar en las cercanías de la estación de olor. El análisis de las grabaciones sumó en total 55 horas de observación.
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Los líderes marcan la diferencia
Los resultados fueron claros: los lobos reproductores, que son los líderes de sus manadas, mostraron 13 veces más conductas de investigación y marcaje ante la orina de otro lobo que ante la orina humana.

Además, estos jefes pasaron cerca de las estaciones de olor casi el doble de veces que los lobos subordinados. En números, los jefes sumaron 312 pasadas frente a 118 de los subordinados cuando el olor era humano, y 308 frente a 116 cuando el olor era de lobo.
Las conductas más frecuentes entre los jefes fueron olfatear, en un 73% de los casos, y frotarse, en un 20%. Por su parte, los subordinados respondieron casi siempre solo olfateando por curiosidad, sin pasar a acciones más marcadas de marcaje o frotamiento.
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No se detectaron diferencias notables entre machos y hembras, pero sí una relación fuerte entre la intensidad de la reacción y el estatus social dentro de la manada.
Un caso que llamó la atención de los investigadores fue el de una loba que, cuando era subordinada, no mostró interés por la orina de otro lobo.

Meses después, al convertirse en hembra reproductora en otra manada, su reacción fue mucho más intensa ante el mismo estímulo. Esto sugiere que la respuesta a las señales de olor no es automática, sino que depende de la posición social del animal.
Gwendolyn Wirobski, especialista en comportamiento animal y parte del equipo de investigación, explicó que los lobos líderes tienen más que perder: deben defender su territorio, sus crías y su pareja.
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Por eso, prestan más atención a cualquier señal de posible amenaza. Según la experta, las señales olfativas son información social que cada lobo interpreta de manera flexible, según su propio rol en el grupo.
Barreras de olor para proteger al ganado
El estudio tiene una limitación: la orina de lobo usada era comercial y no se conocía el sexo, edad ni condición reproductiva del animal donante. Esto hace que no se sepa con precisión qué mensaje químico estaban recibiendo los lobos, ya que las señales pueden variar según las hormonas y características del emisor.

A pesar de esa incertidumbre, la investigación abre una puerta para encontrar nuevas formas de evitar conflictos entre lobos y ganado.
El objetivo es identificar qué olores específicos funcionan mejor según el sexo, la edad o el estatus social del lobo, y usarlos para crear barreras olfativas que mantengan alejados a los animales de los rebaños.
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El equipo de científicos planea continuar con pruebas en zoológicos y, más adelante, en hábitats naturales, colaborando con expertos en bioquímica para trabajar con muestras de lobos identificados. Aún faltan años de investigación antes de que estas “biocercas” puedan usarse en el campo, pero el avance es prometedor.
En la naturaleza, las peleas entre manadas son una de las principales causas de muerte entre los lobos. Comprender cómo se comunican a través del olor y cómo interpretan las señales del entorno puede ayudar no solo a proteger al ganado, sino también a conservar a los propios lobos, utilizando métodos respetuosos con la vida silvestre y evitando el uso de la violencia.
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