
La cocaína es una droga estimulante adictiva elaborada a partir de las hojas de la planta de coca (Erythroxylon coca), nativa de Sudamérica. Su consumo puede presentar complicaciones médicas graves, como el trastorno por consumo de cocaína y la sobredosis, destacó el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (NIDA).
“La cocaína activa con fuerza los mecanismos de recompensa y refuerzo en el cerebro. La recompensa se refiere a la euforia o subidón que se produce al tomar la droga; el refuerzo se refiere al deseo de volver a tomar la droga“, describió el instituto.
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En busca de una explicación a este consumo problemático, un equipo de la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos, identificó genes ligados a la adicción a la cocaína y señaló una posible vía de tratamiento fuera del cerebro: una enzima del hígado que metaboliza la droga, según un estudio publicado en Nature Communications.

El hallazgo, obtenido en casi 900 ratas con alta diversidad genética, plantea que el riesgo de desarrollar consumo compulsivo depende no solo de mecanismos cerebrales, sino también de cómo el organismo procesa la cocaína, según la Universidad de California en San Diego.
El estudio detectó 6 regiones genéticas principales asociadas con conductas semejantes a la adicción, como el aumento progresivo del consumo y el tiempo transcurrido entre una dosis y otra, de acuerdo con la Universidad de California en San Diego. Para llegar a ese mapa, los investigadores analizaron millones de marcadores genéticos en cada animal.
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Los autores centraron parte de sus resultados en un grupo de genes llamado Ces1, responsable de producir una enzima que metaboliza la cocaína, según la universidad. Las variaciones en esos genes se vincularon estrechamente con la frecuencia y el carácter compulsivo de la autoadministración de la droga en las ratas.
Según el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos, la cocaína se puede inhalar, frotar en las encías, inyectar en la sangre o fumar. Además, la adulteración de la cocaína con fentanilo es uno de los principales contribuyentes al aumento en el número de muertes por sobredosis de drogas.
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El estudio sitúa en el hígado un objetivo terapéutico

Olivier George, profesor de psiquiatría de la Escuela de Medicina de UC San Diego y coautor correspondiente del trabajo, dijo en un comunicado de la Universidad de California en San Diego: “Encontrar una enzima basada en el hígado que moldea la conducta de consumo de cocaína fue un verdadero momento de revelación para nosotros”.
George añadió en el mismo comunicado: “Nos recuerda que la adicción no está solo en el cerebro. Es un rompecabezas complejo que involucra cómo todo el cuerpo procesa la droga”.
Según la Universidad de California en San Diego, aunque se sabe desde hace tiempo que el trastorno por consumo de cocaína tiene un fuerte componente genético, los científicos han tenido dificultades para identificar los genes concretos que vuelven a algunas personas más vulnerables.
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Abraham A. Palmer, profesor de psiquiatría de la Escuela de Medicina de UC San Diego y coautor correspondiente, explicó en el comunicado que ese objetivo es clave porque permitiría desarrollar fármacos dirigidos a esos genes para acercar el perfil biológico de las personas susceptibles al de quienes presentan resistencia genética.

La investigación sugiere de forma directa que modificar con medicamentos las enzimas que metabolizan la cocaína podría cambiar el efecto de la sustancia en el cuerpo y reducir su capacidad adictiva, según la universidad. Ese planteo desplaza parte de la búsqueda terapéutica hacia mecanismos periféricos, en lugar de limitarla al sistema nervioso central.
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El equipo utilizó ratas heterogeneous stock, un modelo experimental diseñado para imitar la amplia diversidad genética observada en poblaciones humanas, según la Universidad de California en San Diego. Ese enfoque permitió capturar diferencias entre individuos genéticamente propensos a la adicción y otros naturalmente más resistentes.
El trabajo también replicó una asociación genética ya conocida en seres humanos: Trak2. Para los autores, esa coincidencia refuerza el puente entre la investigación animal y la medicina humana y fortalece la idea de que las vías biológicas identificadas en el laboratorio podrían derivar en terapias aplicables fuera del ámbito experimental.
Montana Kay Lara, investigadora posdoctoral de la Escuela de Medicina de UC San Diego y primera autora del estudio, dijo en el comunicado de la universidad: “Ver que la señal de Ces1 valida una hipótesis que ha circulado durante décadas es increíblemente emocionante”. También afirmó: “Nos da un objetivo concreto para probar si cambiar la forma en que se metaboliza la cocaína puede atenuar el impulso hacia el consumo compulsivo”.
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Palmer sostuvo en el mismo comunicado que el trabajo muestra el valor de una colaboración científica sostenida entre especialistas en conducta de roedores y genetistas cuantitativos. “Una década de esfuerzo coordinado a través de múltiples cohortes y socios federales hizo posible un descubrimiento que ningún laboratorio por sí solo podría haber logrado”, dijo.
Según los investigadores, el grupo pasó a una nueva etapa del proyecto para determinar con precisión cómo estas mutaciones genéticas alteran la función de la enzima. Los investigadores también prevén usar los amplios bancos biológicos preclínicos sobre adicción del estudio, que reúnen muestras de sangre, orina, cerebro y otros tejidos.
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Ese material podría servir para identificar marcadores biológicos capaces de predecir algún día el riesgo individual de desarrollar un trastorno por consumo de sustancias, según el estudio.
Los efectos de la cocaína a corto y largo plazo

Según el NIDA, los efectos fisiológicos a corto plazo del consumo de cocaína incluyen la contracción de los vasos sanguíneos; pupilas dilatadas; y aumento de la temperatura corporal, la frecuencia cardíaca y la presión arterial. “Algunas personas que consumen cocaína reportan sentimientos de inquietud, irritabilidad, ansiedad, pánico y paranoia. También pueden experimentar temblores, vértigo y espasmos musculares“
El consumo de cocaína puede presentar complicaciones médicas graves. Algunas de las más frecuentes son:
- Efectos cardiovasculares, como las alteraciones del ritmo cardíaco y los infartos;
- Efectos neurológicos, como dolores de cabeza, convulsiones, accidentes cerebrovasculares y coma;
- Complicaciones gastrointestinales, como dolor abdominal y náuseas.
“Además del aumento del riesgo de accidente cerebrovascular y convulsiones, se han reportado casos de hemorragia intracerebral, o sangrado dentro del cerebro", afirmó NIDA. Según estudios, gran número de funciones cognitivas se ven afectadas por el consumo de cocaína a largo plazo, como mantener la atención, inhibir los impulsos, la memoria, tomar decisiones y realizar tareas motoras", finalizó el instituto.
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