
El mundo natural aún guarda secretos en especies ampliamente conocidas. Un reciente hallazgo realizado por un equipo internacional de científicos expuso que la salamandra común europea, estudiada desde hace más de dos siglos y medio, muestra un fenómeno apenas documentado: biofluorescencia visible bajo luz ultravioleta.
Este descubrimiento, publicado en la revista Royal Society Open Science y divulgado por Smithsonian Magazine y National Geographic, desafía la percepción de que los grandes misterios solo residen en animales poco estudiados o exóticos.
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La investigación, que involucró a instituciones como el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, el Instituto de Biología Evolutiva (IBE) y el Instituto Max Planck de Ecología Química, reveló que estos anfibios, de manchas amarillas y piel negra, emiten un resplandor azul verdoso cuando son expuestos a luz ultravioleta.
Un fenómeno descubierto en expediciones nocturnas
El biólogo evolutivo Bernat Burriel-Carranza, del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, llevó una linterna ultravioleta en sus recorridos por bosques españoles. Durante una noche lluviosa, iluminó a una salamandra común y observó un patrón brillante y moteado en los flancos del animal. El episodio motivó un análisis más profundo, que se extendió entre abril de 2024 y noviembre de 2025 en España y Alemania.
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El equipo científico capturó imágenes bajo luz UV y tomó muestras de piel y secreciones tóxicas de varios ejemplares. Según detalló Smithsonian Magazine, la fluorescencia se concentra principalmente en las manchas amarillas, ubicadas a los lados y en el vientre, zonas donde se encuentran las glándulas que producen toxinas defensivas.
Además, las secreciones venenosas también brillan bajo luz ultravioleta, lo que sugiere que los compuestos fluorescentes podrían estar vinculados al mecanismo de defensa de la especie.
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Una molécula desconocida y una función por esclarecer
Estos anfibios no solo emiten luz en partes externas. El estudio citado confirmó la presencia de compuestos fluorescentes en la sangre y tejidos internos de los animales, lo que indicaría una distribución sistémica. Los científicos todavía no identificaron la molécula responsable de la biofluorescencia.
Los investigadores explicaron a National Geographic que todavía no identificaron qué compuesto era responsable de la fluorescencia observada, aunque señalaron que todas las evidencias apuntaban a una molécula desconocida en esa especie. Además, indicaron que identificarla sería fundamental para comprender su origen y función.
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El fenómeno de la biofluorescencia difiere de la bioluminiscencia: mientras el primero requiere una fuente de luz externa para activarse, el segundo depende de reacciones químicas internas. Por mucho tiempo, la biofluorescencia se asoció solo a organismos marinos y algunos artrópodos, pero descubrimientos recientes demostraron que también está presente en reptiles, aves y otros anfibios.
Hipótesis sobre la función ecológica del resplandor
El estudio presenta distintas hipótesis sobre la función ecológica de la biofluorescencia en la salamandra común. Una posibilidad es que el brillo contribuya a la comunicación intraespecífica, como la atracción de pareja durante la época reproductiva, que coincide con el aumento de luz ultravioleta lunar en otoño del hemisferio norte.
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Otra teoría sostiene que el resplandor serviría como advertencia para depredadores, reforzando el mensaje de toxicidad que transmiten las manchas amarillas de la piel y las secreciones venenosas.

Jennifer Lamb, especialista en biología de anfibios citada por Smithsonian Magazine, señaló que este tipo de descubrimientos contribuye a reducir las lagunas de conocimiento sobre la biofluorescencia, tanto en relación con las especies que presentan este fenómeno como con los mecanismos biológicos que lo producen.
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Un símbolo de la conservación en Europa
La salamandra común es un emblema de los bosques húmedos europeos y figura en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), donde aparece categorizada como vulnerable. Los nuevos descubrimientos refuerzan la importancia de proteger a la especie, ya que contribuyen a sensibilizar sobre su valor ecológico y los desafíos de su conservación.
El trabajo, liderado por Burriel-Carranza y con participación de especialistas de España y Alemania, subrayó que aún existen secretos biológicos en especies consideradas familiares.

“Es fascinante que una especie tan estudiada aún contenga fenómenos desconocidos como este. Nos recuerda que incluso los organismos más familiares pueden esconder secretos que solo se revelan cuando se observan con nuevas herramientas”, señaló Burriel-Carranza a National Geographic.
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