
A unos 3,2 kilómetros bajo la superficie del Océano Pacífico, en un tramo del ecuador que se extiende entre Indonesia y Centroamérica, una fractura en el lecho marino avanza a una velocidad que desafía cualquier comparación con los movimientos en tierra firme.
La falla transformante de Gofar avanza a 140 milímetros por año, más de cuatro veces la velocidad de la falla de San Andrés, en California, y durante las últimas 3 décadas registró terremotos de magnitud 6 con una regularidad de cinco a seis años, siempre en los mismos puntos y con la misma intensidad. Esa repetición llamó la atención de la ciencia.
PUBLICIDAD
Un equipo multiinstitucional de investigadores publicó en la revista científica Science un hallazgo que cambia la comprensión actual sobre cómo se generan los grandes sismos en este tipo de fallas.
La geóloga Jessica Warren, de la Universidad de Delaware (UD), forma parte del equipo que identificó el papel de ciertas zonas silenciosas a lo largo de Gofar. Esas zonas, que no generan terremotos de gran intensidad, funcionan como frenos que regulan cuándo y dónde ocurren los eventos sísmicos mayores.
El enigma de las zonas tranquilas
Antes de este estudio, los geocientíficos enfrentaban una pregunta sin respuesta clara: ¿Por qué algunas secciones de Gofar registran numerosos microsismos antes de una ruptura principal para luego cesar su actividad, mientras que otras permanecen en calma antes del gran evento y acumulan réplicas después?
PUBLICIDAD
El nuevo trabajo responde a esa pregunta y contradice los modelos actualmente aceptados sobre el comportamiento de los terremotos. Los investigadores analizaron dos zonas específicas a lo largo de la falla que, según sus cálculos, detuvieron aproximadamente 15 terremotos de magnitud 6 en los últimos 30 años.
La conclusión del equipo es que esas secciones sin actividad mayor actúan como barreras naturales que controlan la ocurrencia de los grandes sismos en fallas transformantes.
Dos expediciones, un mismo patrón
El peso de los datos descansa sobre la comparación entre dos campañas de medición separadas por más de una década. En 2008, el investigador Jeff McGuire realizó el primer experimento sísmico en Gofar.
PUBLICIDAD
Once años después, en 2019, Warren lideró una expedición a bordo del buque de investigación R/V Atlantis, donde desplegó 51 sismómetros a 3,2 kilómetros (dos millas) de profundidad en el lecho marino para registrar la actividad sísmica entre 2019 y 2020.

La similitud entre ambos conjuntos de datos fue determinante. “Cuando hicimos esa observación en 2008, puede que haya sido un caso aislado, pero obtener estos nuevos datos y ver un comportamiento tan similar nos dio una nueva perspectiva de lo que está sucediendo en la falla”, señaló Warren en una entrevista para la Universidad de Delaware.
El estudio contó con la participación de un equipo internacional integrado por investigadores de varias universidades y centros de investigación, entre ellos la Universidad de Indiana, la Institución Oceanográfica Woods Hole, la Institución Scripps de Oceanografía de la UC San Diego y el Servicio Geológico de los Estados Unidos.
PUBLICIDAD
El papel del agua y la estructura interna
Uno de los ejes del estudio gira en torno al agua. A diferencia de las fallas terrestres, donde los científicos deben rastrear el movimiento del agua de lluvia y los acuíferos, en el entorno oceánico el fluido es constante e ilimitado. Una vez que la roca se fractura, el agua penetra en el sistema y altera la fricción entre las superficies. Comprender ese mecanismo es, según Warren, uno de los próximos objetivos del equipo.

Las muestras de roca extraídas del lecho marino son parte central de esa investigación. El laboratorio de Warren analiza cómo las rocas de la falla se fracturan y deforman durante un terremoto, y cómo la presencia de fluidos modifica ese proceso.
PUBLICIDAD
A eso se suman mapas del fondo marino de alta resolución que, por primera vez, permiten identificar con precisión la ubicación exacta de la falla y sus ramificaciones.
De Gofar al riesgo sísmico global
Los resultados de la investigación tienen implicaciones más allá del Pacífico. El lecho marino ofrece un entorno geológico más uniforme que la corteza terrestre, lo que lo convierte en un laboratorio natural para estudiar variables que luego pueden extrapolarse a fallas continentales.
Observar el ciclo sísmico completo de Gofar, en su mayor parte ya medido, permite identificar qué aspectos del comportamiento de las fallas son universales.
Warren señaló que el siguiente paso es trasladar los conocimientos obtenidos en esta falla particular al estudio más amplio del comportamiento de las fallas sísmicas.
PUBLICIDAD
En ese sentido, advirtió que se trata de un proceso prolongado para mejorar la comprensión del riesgo sísmico, que no implicará cambios inmediatos en los modelos actuales, aunque sí podría aportar mejoras significativas en las próximas décadas.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Las abejas melíferas silvestres entran por primera vez en la Lista Roja de la Unión Europea
El dictamen se basó en una investigación de la Universidad de Hohenheim y Agroscope que proyectó una caída del 56% en una década si no se suman individuos procedentes de colmenas gestionadas

Las seis alertas de la ONU sobre el agua mundial: ríos en mínimos, glaciares en retroceso y datos que preocupan
En 2025 se registró uno de los años más secos para el caudal de los ríos en más de tres décadas, según un informe de la Organización Meteorológica Mundial. La situación de la cuenca del Río de la Plata, la Patagonia y los Andes subtropicales

Mide más que el Coliseo Romano y pasó inadvertido dos años: cómo es el nuevo cráter hallado en la Luna
Un fragmento estelar impactó contra el satélite terrestre en la primavera de 2024. Generó una cavidad de 222 metros de diámetro cuya existencia permaneció oculta hasta los recientes análisis

Lo criaron como un gato doméstico, cazaba gallinas y maullaba distinto: el ADN confirmó que era una especie silvestre desconocida
Tilcayo, hallado de cachorro en las Yungas de Bolivia, convivió con una familia por más de un año, hasta que comenzaron a notar conductas extrañas. Un estudio genómico permitió identificarlo y reordenó el mapa de los felinos sudamericanos
El ajolote, la salamandra que puede regenerar distintas partes de su cuerpo y enfrenta la extinción en estado salvaje
Investigadores y especialistas en herpetología, explicaron que la presencia natural de este anfibio quedó restringida a pocos sitios del sur de Ciudad de México, en un escenario marcado por la contaminación, la pérdida de hábitat y la introducción de otras especies



