
El virus Andes es un tipo de hantavirus que circula principalmente en la Argentina y Chile.
Provoca el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, una enfermedad grave para los humanos.
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Un equipo de científicos de los Estados Unidos logró describir la estructura de la proteína clave del virus al usar la tecnología de la microscopía crioelectrónica avanzada.
Publicaron sus resultados en la revista especializada Cell y revelaron detalles desconocidos sobre el ensamblaje del patógeno. Permitirían entender mejor cómo el virus se protege y se activa para infectar.
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Además, ya la información estructural detallada permitió a los investigadores desarrollar una candidata a vacuna. Fue administrada en ratones e hizo que las células de los animales produjeran anticuerpos neutralizantes contra el virus Andes.
“Ahora que tenemos un mejor plano de cómo es el virus, podemos diseñar vacunas y terapias con anticuerpos eficaces para los hantavirus”, afirmó Jason McLellan, profesor de biosciencias moleculares y titular de la Cátedra Robert A. Welch en Química en la Universidad de Texas en Austin, quien encabezó la investigación.
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En el estudio, también colaboraron investigadores del Departamento de Microbiología e Inmunología del Colegio de Medicina Albert Einstein en Nueva York y la empresa biotecnológica HDT Bio en Seattle, de Estados Unidos.
El universo oculto de los hantavirus

Los hantavirus forman una familia de virus transmitidos por roedores, responsables de enfermedades graves como la fiebre hemorrágica con síndrome renal y el síndrome cardiopulmonar.
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El virus Andes pertenece al grupo de los hantavirus del “Nuevo Mundo”, con una tasa de mortalidad que puede llegar al 50%.
El reservorio natural de este virus es el ratón colilargo, Oligoryzomys longicaudatus. Las personas se contagian por inhalar partículas liberadas en saliva, orina o heces de estos animales.
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A diferencia de otros hantavirus, el virus Andes puede pasar de persona a persona en situaciones de contacto estrecho.
Antes de que se realizara el estudio publicado en Cell, se conocía de manera fragmentaria la organización de las proteínas superficiales del virus. Faltaba una visualización completa de cómo se ensamblan y funcionan para entrar en las células humanas.
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Los investigadores se propusieron descifrar la arquitectura de las glicoproteínas Gn y Gc del virus Andes. Intentaron revelar detalles de su ensamblaje y cómo contribuyen a la capacidad infecciosa del virus.
Un mapa atómico para un enemigo invisible

El equipo de investigadores generó partículas similares a virus (VLP) que imitan la superficie viral, sin necesidad de manipular el patógeno real.
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Usaron la técnica de microscopía crioelectrónica para alcanzar una resolución de 2,35 Ångströms, casi a nivel de átomos.
Las imágenes mostraron que las glicoproteínas Gn y Gc forman tetrámeros, grupos de cuatro proteínas que se unen para crear una red estable.
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Descubrieron que ciertas partes de estas proteínas responden a la acidez y provocan cambios que posibilitan la fusión del virus con las células humanas.
Probaron en ratones diferentes variantes de glicoproteínas, incluidas versiones con una “etiqueta” que facilitó el ensamblaje experimental.

Las formulaciones optimizadas lograron altos niveles de anticuerpos que reconocen la proteína viral.
Los títulos de anticuerpos neutralizantes, que bloquean la infección, fueron equivalentes entre las versiones mejoradas y la proteína original.
Los científicos describieron también cómo un anticuerpo experimental se une a esa red de proteínas, lo que puede servir para futuras terapias.

Los investigadores aclararon que las partículas que usaron para el experimento no son exactamente iguales al virus Andes real.
Esas diferencias podrían afectar cómo se comportan las proteínas del virus y cómo responde el sistema inmune. Por eso, los resultados del estudio podrían no ser exactamente iguales si se prueban con el virus natural.
Sin embargo, destacaron el nuevo conocimiento abre rutas para el diseño racional de vacunas y terapias, al aportar una base estructural para combatir el virus Andes.

En diálogo con Infobae, Karina Hodara, doctora en biología y docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, comentó: “Es muy valioso que haya realizado este nuevo estudio. Pero hay que mantener cautela con los resultados porque las partículas que se utilizaron en los experimentos no fueron las del virus. Por lo cual, podría haber diferencias con el comportamiento real del virus”.
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