La ciencia mapea la contaminación en el Atlántico: los sitios críticos

Una investigación reciente revela que pequeños restos plásticos y fibras provenientes de la actividad humana se distribuyen ampliamente en aguas oceánicas y su origen puede rastrearse a grandes distancias

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los residuos plásticos y fibras menores a 5 milímetros se dispersan en el Atlántico, su monitoreo resulta complejo por las corrientes y el viento (Imagen Ilustrativa Infobae)

La presencia de pequeños residuos derivados de la actividad humana afecta a extensas zonas de los océanos y representa un reto para la protección de los ecosistemas marinos. Estos fragmentos, que incluyen microplásticos, fibras textiles y otros materiales de menos de 5 milímetros, se dispersan por el agua a través de corrientes, vientos y procesos biológicos, lo que dificulta su monitoreo y eliminación.

Un estudio elaborado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB), publicado en la revista Environmental Pollution, analizó la distribución y las fuentes de estos contaminantes a lo largo de casi 8.000 kilómetros del Atlántico. El equipo identificó las principales zonas de acumulación y rastreó el origen de las partículas, que se concentra principalmente en la costa de África Occidental.

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Cuáles son los lugares del Atlántico donde más se acumulan los residuos

Los análisis realizados a lo largo del recorrido oceánico muestran que los residuos plásticos y fibras diminutas se encuentran en todo el Atlántico, desde zonas tropicales hasta regiones templadas. El estudio señala que las concentraciones más altas aparecen cerca del ecuador, frente a Brasil y en torno a los 10° de latitud norte.

Vista microscópica del aire mostrando miles de partículas de polvo y diminutos microplásticos, con fibras textiles rojas, azules y amarillas flotando.
Las partículas pequeñas, más abundantes, suelen ser fragmentos de microplásticos, mientras que las grandes corresponden sobre todo a fibras textiles (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según la investigadora principal, Stéphanie Birnstiel, “estos contaminantes pueden acumularse incluso en áreas alejadas de la costa, como el centro del Atlántico, y recorrer largas distancias desde sus lugares de origen”.

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La investigación identifica dos grupos principales de partículas: las más pequeñas, de entre 10 y 315 micrómetros, y las más grandes, de 315 micrómetros o más. Para comparar, el diámetro de un pelo humano está entre los 17 y los 181 micrómetros. El documento detalla que las partículas pequeñas son mucho más abundantes y, en su mayoría, corresponden a fragmentos de microplásticos.

Por su parte, el grupo de mayor tamaño está formado sobre todo por fibras, especialmente fibras celulósicas, que suelen desprenderse durante el lavado de prendas, en particular de algodón. Aunque provienen de materiales naturales, presentan baja capacidad de degradarse debido a los procesos químicos y los aditivos que se utilizan en su fabricación.

El estudio también muestra que la cantidad de estos residuos es mayor en el hemisferio norte que en el sur. Los autores asocian esta diferencia con la mayor densidad de población, el desarrollo industrial y los mecanismos de acumulación que se dan en el Atlántico Norte. Según Patrizia Ziveri, profesora de ICTA-UAB y coautora, este patrón refleja cómo las actividades humanas y las corrientes oceánicas influyen en la distribución de estos residuos a escala global.

Estrategias para rastrear el origen de las partículas

Detalle de un dedo cubierto por un guante de látex celeste, mostrando microplásticos de colores variados y algunas fibras blancas adheridas a la superficie.
Las corrientes oceánicas y las actividades humanas modifican la distribución de microplásticos y fibras a escala global, según los autores (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo utilizó un sistema que extrae agua del mar de forma continua a través del casco del barco, lo que permitió recolectar 52 muestras tomadas a unos 4,5 metros de profundidad entre abril y mayo de 2022. El protocolo de laboratorio incluyó pasos para separar y limpiar las partículas presentes en el agua, además de analizarlas según su tamaño, forma y composición química con técnicas como la espectroscopía infrarroja y microscopios avanzados.

Para averiguar de dónde venían y cómo se movían estos residuos, el equipo recurrió a un modelo de simulación que tiene en cuenta la velocidad y dirección de las corrientes marinas. Los resultados mostraron que la mayoría de las partículas encontradas en el Atlántico Sur tienen su origen en la costa de África Occidental, especialmente en zonas urbanas cercanas al mar, aunque también se detectaron aportes desde el norte de Brasil y la Península Ibérica hacia el noroeste de África y las Islas Canarias.

El análisis se realizó bajo estrictos controles para evitar que las muestras se contaminaran con partículas del ambiente o del propio laboratorio. Para esto se usaron materiales libres de plástico, pruebas para detectar contaminantes y procedimientos dentro de cabinas especiales.

Claves para enfrentar la dispersión de microplásticos y fibras

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La atmósfera puede transportar fibras y fragmentos plásticos a zonas muy alejadas del océano, lo que agrava la dispersión de estos contaminantes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Saber con exactitud dónde se acumulan y de dónde provienen los pequeños residuos plásticos y fibras en el Atlántico ayuda a que científicos y autoridades puedan desarrollar mejores estrategias para proteger el océano. Factores como el viento, las olas, las corrientes y las interacciones con organismos marinos influyen en el transporte y la acumulación de estos contaminantes tanto en el hemisferio norte como en el sur.

El estudio también señala que, además de los residuos que llegan directamente desde las costas y los ríos, la atmósfera puede transportar fibras y fragmentos hasta zonas muy alejadas en el océano. Esto demuestra que la contaminación por estos materiales no conoce fronteras y debe abordarse a nivel global.

Las conclusiones del estudio ofrecen datos concretos sobre la cantidad, el tipo y el origen de estos residuos, y abren nuevas oportunidades para mejorar el monitoreo y la reducción de este problema tanto a nivel regional como internacional.

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