
En una de las exploraciones científicas más profundas realizadas en la Antártida, el equipo liderado por el biólogo marino Cristian Lagger llevó a cabo inmersiones sin precedentes en el fondo marino del océano Austral.
Utilizando tecnología avanzada, visitaron zonas nunca antes documentadas para buscar nuevas especies y actualizar las estimaciones sobre el almacenamiento de carbono en esta región, según informó National Geographic.
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Las recientes expediciones científicas en el fondo marino antártico permitieron identificar especies desconocidas, recolectar muestras esenciales y precisar el papel que el océano Austral desempeña en la regulación del clima global. Estos resultados resaltan la importancia de proteger y estudiar estos ecosistemas excepcionales para el futuro del planeta.

La expedición tuvo una duración de tres semanas y empleó un vehículo operado a distancia desde el buque de investigación Falkor (too), propiedad del Schmidt Ocean Institute. Lagger y su equipo, conformado por investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET), exploraron un tramo de zanja oceánica. En varias inmersiones, lograron alcanzar profundidades superiores a 4.000 metros, lo que permitió observar entornos habitados por una notable variedad de seres vivos.
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El objetivo principal fue recolectar muestras para identificar organismos nuevos y medir el carbono almacenado en los sedimentos del lecho marino. Los brazos mecánicos del vehículo recolectaron organismos filtradores y muestras del sustrato, mientras cámaras de alta definición registraban imágenes del terreno.
De acuerdo con National Geographic, la documentación obtenida de ambientes prácticamente intactos permitirá establecer referencias para futuras investigaciones.
Descubrimientos en el fondo marino de la Antártida
Durante la misión se hallaron comunidades de bentos compuestas por especies aún no descritas y una asombrosa diversidad de formas, colores y texturas. Lagger señaló a National Geographic: “En el fondo del mar, la Antártida es un continente rico, con muchas especies, colores, texturas y formas”.
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Las cámaras captaron paisajes submarinos donde peces de hielo translúcidos custodiaban sus huevos, pulpos flotaban con la corriente y crustáceos similares a isópodos recorrían esponjas y estrellas de mar. En total, se realizaron más de siete inmersiones, que permitieron recolectar horas de vídeo y decenas de muestras, ampliando el conocimiento sobre la biodiversidad antártica.
Una de las inmersiones llegó a casi 4.000 metros, estableciendo un récord para este tipo de vehículos en el océano Austral. Esta profundidad permitió observar por primera vez ecosistemas abisales donde, según el equipo, el tiempo parece haberse detenido.
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Importancia ecológica del océano Austral
El océano Austral cumple una función central como sumidero de carbono, absorbiendo más dióxido de carbono derivado de la actividad humana que cualquier otro océano. Sus corrientes y el ciclo del hielo marino influyen directamente en el clima planetario, regulando el intercambio de calor y gases entre el océano y la atmósfera.
Las condiciones extremas complican la obtención de datos científicos en la región. Por eso, las muestras recolectadas por el equipo de Lagger, entre ellas cerca de 40 horas de vídeo submarino, son esenciales para actualizar las estimaciones sobre el almacenamiento de carbono y detectar indicios tempranos de cambios en estos ecosistemas profundos, como resalta National Geographic.
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Mientras las aguas superficiales y las zonas costeras ya evidencian el impacto del calentamiento global, los ambientes profundos se mantienen relativamente resguardados y con temperaturas estables desde hace siglos. Lagger los describe como “una máquina del tiempo”, por la posibilidad que ofrecen de observar cómo eran las comunidades marinas cientos de años atrás.
Impulso a la conservación y protección marina
De acuerdo con Cristian Lagger, los hallazgos refuerzan la necesidad de ampliar las áreas marinas protegidas en el área antártica. Como director también de la fundación Por el Mar, destaca que proteger estos hábitats significa no solo preservar ecosistemas únicos y en gran parte prístinos, sino también garantizar la salud del océano Austral y, por extensión, la del planeta entero.
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El estado casi intacto de estas profundidades proporciona información crucial para prever posibles impactos futuros y diseñar políticas de conservación efectivas. Según remarca Lagger y recoge National Geographic, estos resultados afianzan la relevancia de resguardar los ecosistemas oceánicos frente al riesgo que implica el cambio climático.
Las transformaciones en los confines helados de la Antártida acaban por influir en regiones mucho más allá de sus costas, lo que demuestra la profunda interdependencia entre estos ambientes remotos y los cambios globales que experimenta el mundo.
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