
El descubrimiento de pulpos gigantes del Cretácico como depredadores dominantes ha transformado la visión sobre la historia de los ecosistemas marinos. Un equipo dirigido por la Universidad de Hokkaido identificó fósiles con una longitud de hasta 19 metros de estos octópodos prehistóricos, posicionándolos en la cima de la cadena alimentaria, a la par de reptiles marinos y grandes peces óseos, según un estudio divulgado en Science y reseñado por la BBC.
Recientes investigaciones muestran que estos pulpos gigantes del suborden Cirrata, que vivieron entre 100 y 72 millones de años atrás, eran depredadores ápice. Poseían mandíbulas de gran tamaño y fuerza, signos de desgaste asociados a durofagia —consumo de presas con conchas o huesos— y posibles indicios de un cerebro avanzado.
Estos datos, obtenidos de fósiles hallados en Japón y la isla de Vancouver, sugieren comportamientos e inteligencia comparables a los de los pulpos modernos, según el análisis conjunto en Science.
Los especialistas emplearon métodos de tomografía de alta resolución e inteligencia artificial para digitalizar restos de mandíbulas fósiles excepcionalmente bien preservadas. Este enfoque permitió identificar con claridad los patrones de desgaste y excluir daños posteriores a la recolección. De 27 ejemplares analizados, todos provienen de entornos marinos tranquilos, lo que garantiza una conservación óptima y descarta abrasiones por transporte o manipulación, destaca Science.
Características y tamaño de los pulpos gigantes
Los pulpos gigantes identificados, correspondientes a las especies Nanaimoteuthis jeletzkyi y N. haggarti, alcanzaban tamaños muy superiores a los cefalópodos existentes. Science afirma que el manto de N. haggarti medía entre 1,5 y 4,4 metros, y con los brazos extendidos, la longitud total llegaba a 19 metros, triplicando a los pulpos actuales y rivalizando con el calamar gigante.

La BBC subraya que, incluso en las estimaciones más conservadoras, estos pulpos prehistóricos eran colosales. Sus mandíbulas fósiles superan a las del calamar gigante, el mayor cefalópodo moderno. El cuerpo de estos animales era alargado, lo que favorecía una longitud aún mayor, según reconstrucciones de los investigadores japoneses.
Comparados morfológicamente, estos pulpos sobrepasaban al principal pez óseo del Cretácico —Xiphactinus, de unos cinco metros— y eran equivalentes en tamaño a grandes reptiles como los plesiosaurios y mosasaurios. Science sostiene que se trataba de los mayores invertebrados conocidos, depredadores comparables a los principales vertebrados del periodo.
Hábitos depredadores y alimentación de los octópodos prehistóricos
El análisis del desgaste en sus mandíbulas indica hábitos claros de durofagia. Science detalla que algunas mandíbulas perdieron hasta el 10% de su longitud total debido al uso intenso, proporción que supera lo observado en cefalópodos actuales que también comen presas duras.
Este desgaste muestra astillas, rayaduras y grietas, signos atribuibles al consumo frecuente de amonites, peces óseos y reptiles marinos. Según la BBC, las potentes mandíbulas y los brazos largos y musculosos permitían a estos octópodos sujetar y consumir presas de gran tamaño.

No se han hallado contenidos estomacales fósiles que confirmen su dieta exacta, pero la evidencia física sugiere que los pulpos gigantes eran depredadores activos y capaces de triturar huesos y conchas, dotados de las mandíbulas más robustas conocidas entre los invertebrados marinos, como subraya Science.
Pruebas de inteligencia y comportamiento avanzado
Un aspecto muy relevante es la asimetría en el desgaste de sus mandíbulas, con mayor deterioro en el lado derecho. Tanto Science como la BBC explican que esta lateralidad puede asociarse a una preferencia conductual, reflejo de inteligencia superior y especialización cerebral.
Science destaca que tal comportamiento guarda similitud con los pulpos modernos, reconocidos por su ingenio y tácticas de caza complejas. El tamaño de los músculos de las mandíbulas fósiles apunta a una mordida muy potente, capaz de abatir presas grandes y bien protegidas.
La BBC recuerda que los pulpos actuales ya demuestran capacidades notables para resolver problemas y utilizar estrategias elaboradas para obtener alimento, lo que refuerza la hipótesis de que sus antepasados del Cretácico habrían desplegado habilidades similares para dominar su ecosistema.

Pulpos gigantes en el ecosistema del Cretácico
Hasta ahora, se consideraba que los principales depredadores en los mares del Cretácico eran vertebrados como tiburones, peces óseos y reptiles. Sin embargo, el estudio publicado en Science y recogido por la BBC revela que los pulpos gigantes ocuparon el mismo nivel trófico, compitiendo por la supremacía con los vertebrados marinos.
El análisis evolutivo señala que tanto vertebrados como cefalópodos abandonaron sus estructuras protectoras externas y desarrollaron mandíbulas fuertes, cuerpos más grandes y mayor agilidad, lo que apoyó una rivalidad directa por el dominio en los ecosistemas marinos. La convergencia en estos rasgos posibilitó que ambos grupos alcanzaran la cima de la cadena alimentaria, de acuerdo con Science.
Esta revisión del registro fósil redefine el papel de los invertebrados en la evolución y diversidad ecológica del Cretácico, y respalda la idea de que los pulpos gigantes influyeron en la composición y dinámica de las comunidades marinas.
Retos y preguntas abiertas en la paleontología de pulpos gigantes
A pesar del avance que representa este hallazgo, muchas cuestiones quedan abiertas. Christian Klug, paleontólogo de la Universidad de Zúrich, comentó a la BBC: “Con sus tentáculos y sus ventosas podían sujetar perfectamente a un animal así y no habría escape”, mostrando la formidable capacidad predadora de estos pulpos. Sin embargo, la morfología exacta del cuerpo, el tamaño de las aletas y la rapidez de desplazamiento continúan siendo inciertas.

Por su parte, Nick Longrich, paleontólogo de la Universidad de Bath citado por la BBC, sostiene que es probable que estos pulpos se alimentaran principalmente de amonites, aunque podrían haber sido “depredadores oportunistas y voraces”. La inexistencia de fósiles con contenidos estomacales complica la reconstrucción completa de su biología y dieta.
Según la BBC y Science, estos vacíos en el conocimiento obligan a continuar investigando para resolver los interrogantes sobre el papel y la fisiología exacta de los pulpos gigantes en los océanos del pasado.
Para la paleontología, el desafío sigue siendo desentrañar todos los detalles de la vida de estos extraordinarios invertebrados. Los colosos marinos del Cretácico mantienen vivo el misterio sobre cómo era, realmente, la vida en los antiguos mares.
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