El lanzamiento de ayer de la misión Artemis II de la NASA marcó un nuevo capítulo para la exploración espacial al establecer un récord sin precedentes en la distancia alcanzada por una tripulación humana en órbita alrededor de la Tierra y camino a la Luna.
El despegue, producido desde el Centro Espacial Kennedy en la costa de Florida, convirtió a los astronautas Christina Koch, Reid Wiseman, Victor Glover y Jeremy Hansen en los protagonistas de un avance que reconfigura los límites de la presencia humana más allá de la órbita baja terrestre.
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La NASA programó esta misión para un trayecto de aproximadamente 10 días, donde la cápsula Orión será sometida a pruebas críticas antes de abandonar la cercanía de la Tierra.
El 1 de abril a las 18:35 EDT, hora de Florida, la nave partió rumbo a una órbita terrestre que alcanzó casi 70.400 kilómetros de altura, una cifra nunca registrada por vuelos anteriores, y se preparó para la maniobra que la enviaría hacia la Luna. Este es el primer viaje tripulado a la Luna en 53 años, desde la última misión Apolo en diciembre de 1972.
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“Eso nos sitúa en rumbo a la Luna. Es un punto de inflexión muy importante”, declaró Norm Knight, director de la Dirección de Operaciones de Vuelo de la NASA, durante una rueda de prensa posterior al despegue.
La misión no solo busca rodear el satélite, sino también registrar imágenes directas de su cara oculta, un territorio que permanece en gran parte inexplorado por ojos humanos.
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Pruebas, desafíos y el salto hacia el espacio profundo
Las primeras horas de Artemis II estuvieron dedicadas a la verificación de sistemas vitales en la cápsula Orion. Los astronautas y el equipo de control en Houston se enfocaron en asegurar la funcionalidad y redundancia de los sistemas de soporte vital, comunicaciones y equipos críticos.
“Nos aseguramos de que los sistemas de soporte vital funcionen, de que la nave esté en buen estado y de que haya redundancia en las comunicaciones y otros equipos clave”, explicó Knight.
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La importancia de estas comprobaciones radica en que, una vez ejecutada la maniobra de inyección translunar (TLI), la cápsula no podrá regresar salvo completando la trayectoria prevista.

La nave realizará varias maniobras orbitales iniciales para posicionarse adecuadamente antes de hacer la TLI, y el encendido fundamental que la impulsará a Orión fuera de la órbita terrestre hacia la Luna.
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La administradora asociada interina de la Dirección de Misiones de Desarrollo de Sistemas de Exploración de la NASA, Lori Glaze, señaló: “El equipo de gestión de la misión se reunirá para analizar los resultados con el fin de tomar la decisión de si procedemos o no con la maniobra TLI”.
La TLI, será efectuada a las 20:12 EDT hora de Florida, es decir 21.12 hora argentina y 02.12 GMT del 3 de abril, lo que representará el último encendido crítico del motor de Orión en esta etapa. “La inyección translunar es el último encendido importante del motor de la misión”, indicaron los funcionarios de la NASA en el dossier de prensa de Artemis II.
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“Impulsa a Orion en su trayectoria hacia la Luna y la coloca en la trayectoria de retorno libre que, en última instancia, traerá de vuelta a la tripulación a la Tierra para el amerizaje”, añadieron, subrayando que esta maniobra también funcionó como la desorbitación de la nave.
Durante el despegue, el equipo enfrentó un breve periodo de pérdida de comunicación y un inconveniente con el sistema sanitario de la cápsula. Ambos problemas fueron solucionados y la misión continuó según lo planeado.
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Estos incidentes menores no restaron importancia al avance técnico logrado en la primera jornada, donde se certificó la idoneidad de Orion para llevar astronautas fuera de la órbita terrestre, una operación que ninguna agencia espacial ejecutó en medio siglo.
Récords, legado y el futuro de la presencia humana más allá de la Tierra

La trayectoria de Artemis II conducirá a la cápsula a una distancia máxima de 402.000 kilómetros desde la Tierra, superando el récord histórico de Apolo 13 (400.171 kilómetros) y convirtiendo a Koch, Wiseman, Glover y Hansen en los seres humanos que más lejos viajaron en la historia.
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Esta cifra ratifica el salto tecnológico respecto a las décadas anteriores y subraya el papel central de la cooperación internacional, reflejada en la inclusión de Hansen de la Agencia Espacial Canadiense.
La misión está estructurada en una secuencia de 10 días: cuatro días para salir de la esfera de influencia terrestre, un sobrevuelo de la Luna y otros cuatro días de regreso a la Tierra. El sobrevuelo permitirá a los tripulantes observar la cara oculta del satélite natural, una primicia para la exploración humana.

“Durante esta trayectoria, la cápsula Orion alcanzará una distancia aproximada de 402.000 kilómetros desde la Tierra, superando el récord previo establecido por la misión Apolo 13”, se consigna en el dossier oficial de la NASA.
Un aspecto novedoso de Artemis II radica en la elección de una trayectoria en forma de 8 alrededor de la Luna, elegida por su simplicidad y seguridad. Este itinerario permite que, tras rodear el satélite, la nave retorne a la Tierra en una trayectoria de retorno libre, sin depender de maniobras adicionales. Esta estrategia busca reducir riesgos y maximizar la seguridad de la tripulación, al tiempo que allana el camino para futuros descensos en la superficie lunar.
El éxito de la maniobra de inyección translunar convirtió a los astronautas de Artemis II en los primeros en abandonar la órbita terrestre baja desde la misión Apolo 17 en 1972. Wiseman, Glover, Koch y Hansen sobrevolarán la Luna el sexto día de la misión y, tras completar su recorrido, iniciaron el regreso a la Tierra programado para el décimo día. Este recorrido funciona como banco de pruebas para sistemas esenciales de navegación, soporte vital y comunicaciones, cuyos resultados determinarán la viabilidad de futuras misiones tripuladas a la Luna y más allá.

La experiencia de la tripulación de Artemis II representa el preludio de una agenda más ambiciosa. La NASA prevé realizar el acoplamiento de módulos de aterrizaje en órbita lunar en Artemis III, proyectada para 2027, y enviar astronautas a la superficie del satélite en Artemis IV en 2028.
Estos hitos forman parte de un plan estratégico para establecer una base permanente cerca del polo sur lunar, donde los recursos y las condiciones permiten el desarrollo de operaciones científicas y tecnológicas a largo plazo.
Los astronautas dedicarán parte de su tiempo a experimentos y pruebas científicas destinadas a recoger datos sobre el comportamiento de la nave y el impacto de la radiación espacial en el organismo humano.Además, enviarán imágenes inéditas de la Luna y del espacio profundo, ampliando el acervo científico y visual de la humanidad. Estos aportes consolidan a la misión como un paso clave hacia la preparación para los viajes interplanetarios.

El recorrido de Artemis II y la interacción entre los equipos en la Tierra y la tripulación en el espacio hacen visible el avance de la tecnología espacial y la capacidad de gestión de riesgos en entornos extremos. Los resultados de esta misión influirán en el diseño de los próximos vehículos y protocolos de exploración, tanto para la Luna como para el futuro viaje a Marte.
La culminación de la travesía, con el amerizaje seguro de la nave Orion y su tripulación, marcará el cierre de uno de los capítulos más destacados de la exploración moderna.
La humanidad, representada por Koch, Wiseman, Glover y Hansen, vuelve a superar un límite físico y simbólico, dejando abierta la posibilidad de una presencia sostenida fuera de la Tierra. El éxito de Artemis II fortalecerá la cooperación internacional y el liderazgo de la NASA en la nueva era de la exploración lunar.
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