
A lo largo del Hudson, un rugido subacuático anuncia el regreso de uno de los peces más antiguos del planeta. Por primera vez, un equipo científico ha identificado y registrado las emisiones sonoras que produce el esturión atlántico cuando se congrega para reproducirse, sonidos que han denominado thunders por su semejanza a un trueno bajo el agua.
Este hallazgo, detallado en la revista Endangered Species Research y difundido por National Geographic, representa un avance clave en el seguimiento y la conservación de una especie catalogada como amenazada en todo su rango en los Estados Unidos.
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Estos peces ancestrales, que presentan placas óseas a lo largo del cuerpo, aletas fortificadas y sensores cubiertos de papilas gustativas, han sobrevivido prácticamente sin cambios morfológicos desde que compartían hábitat con los dinosaurios hace 100 millones de años.
A pesar de su robustez y de alcanzar longitudes de hasta 4,3 metros, los esturiones atlánticos permanecen entre los animales más escurridizos de los grandes ríos de la costa este de Estados Unidos, migrando entre el mar y los cauces fluviales para reproducirse.
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Hasta la publicación del reciente estudio, gran parte de su biología reproductiva y sus patrones migratorios seguían siendo poco comprendidos. Destacó National Geographic que esta falta de información entorpece los esfuerzos de recuperación de la especie, que sufrió graves declives por la sobrepesca y la degradación de los hábitats.
El informe publicado atribuye el descubrimiento y la interpretación de estos sonidos a la investigación liderada por Rebecca Cohen, especialista en bioacústica del Cornell Lab of Ornithology, quien subrayó la importancia de vincular el thunder con la actividad reproductiva: “Mejorar la comprensión de esta conducta crítica es lo que puede impulsar la recuperación poblacional de una especie tan diezmada”.
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Características del “thunder”
Durante la primavera y el verano boreal de 2021, el equipo científico desplegó grabadores subacuáticos en torno a un tramo del río Hudson próximo a Hyde Park, considerado el principal punto de desove de la especie en el país.
A diferencia de métodos tradicionales que implican capturar o equipar físicamente a los peces —acciones que incrementan el estrés en una especie protegida—, el uso de monitoreo acústico pasivo permitió registrar la presencia y la actividad sin contacto directo.
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En el material recopilado, los investigadores detectaron casi 7.700 rumbles o estruendos graves, invisibles a simple vista pero evidentes en el espectrograma, que alcanzaban picos de 44 hertz, el umbral inferior de la audición humana. National Geographic puntualizó que estos pulsos, semejantes al golpe metálico de un timbal, solo aparecían durante la temporada de reproducción, multiplicándose al sincronizarse con la liberación masiva de huevos y esperma en el lecho del río.

El equipo corroboró que los sonidos provienen efectivamente del esturión atlántico al grabar individuos cautivos en un criadero de Carolina del Sur. Los resultados fueron consistentes con los captados en la naturaleza, de acuerdo con National Geographic.
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El fenómeno, ya documentado en el esturión de lago por el biólogo Dennis Higgs (Universidad de Windsor), sugiere además que estos truenos no solo comunican disponibilidad reproductiva, sino que generan vibraciones detectables en el entorno acuático.
Higgs, consultado por el medio, planteó que las hembras perciben tanto el sonido como la vibración del agua, “lo que les indica el momento adecuado para desovar”.
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Conservación, monitoreo de ríos y perspectivas de futuro
La presencia de estos sonidos no solo permite a los investigadores identificar y delimitar los sectores de reproducción sin intervención invasiva, sino que puede contribuir a estimar la dimensión de las poblaciones reproductoras y monitorizar cambios a lo largo del tiempo.
Cohen destacó ante National Geographic que el enfoque bioacústico es especialmente valioso en ambientes dulciacuícolas, donde apenas se han descrito señales sonoras específicas de peces, a diferencia de lo que ocurre en el campo marino.
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Dicha estrategia podría convertirse en una herramienta básica para gestores ambientales y autoridades encargadas de la protección de la especie, ya que facilita la identificación de zonas prioritarias de conservación y la evaluación inmediata del impacto de perturbaciones antropogénicas como el tráfico fluvial y la construcción de infraestructuras.
El impacto del ruido generado por actividades humanas sobre los esturiones atlánticos se encuentra actualmente bajo investigación. El biólogo Arthur Popper, citado por National Geographic, observó que estos peces evitan áreas con contaminación acústica intensa, como ocurrió durante la construcción de un importante puente sobre otro sector del Hudson. Este tipo de reacción sugiere que la integridad acústica del hábitat es esencial para la reproducción exitosa, hecho que se extiende a la salud general del ecosistema fluvial. “Un río que truena es probablemente un río saludable”, aseveró Higgs al medio.
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A partir de estos hallazgos, los especialistas consideran que escuchar atentamente los ríos podría abrir una nueva vía no solo para el seguimiento del esturión atlántico, sino para el diagnóstico integral de los grandes sistemas de agua dulce del litoral atlántico.
Los truenos subacuáticos, invisibles a simple vista, ofrecen una firma acústica que refleja tanto la vitalidad de la especie como la calidad ambiental del entorno, y revela dimensiones del ecosistema no detectadas por el monitoreo visual.
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