
Hay un tipo de virus presente en la naturaleza que no daña las células humanas y puede desactivar bacterias que provocan inflamación crónica.
Investigadores de la Universidad McMaster, en Canadá, desarrollan una técnica de fagoterapia: usan el virus para tratar la enfermedad inflamatoria intestinal y ya obtuvieron resultados que podrían cambiar la manera de pensar al trastorno. Publicaron su trabajo en la revista Science Translational Medicine, editada por la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia.

La investigación fue liderada por Kyle Jackson, Zeinab Hosseinidoust y Elena Verdu, del Instituto de Investigación de Enfermedades Infecciosas Michael G. DeGroote y el Instituto de Investigación en Salud Digestiva de la Familia Farncombe, en Hamilton, Ontario, que dependen de la Universidad McMaster.
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Los científicos resaltaron que el virus también potenció el efecto de un corticoide habitual a una dosis menor que la estándar, lo que podría reducir el riesgo de efectos secundarios en pacientes.
“Este trabajo presenta un ejemplo muy interesante de la aplicación de fagos como terapias dirigidas a bacterias específicas relevantes en inflamación intestinal”, sostuvo la doctora Karina Mariño, investigadora del CONICET en el Laboratorio de Glicómica Funcional y Molecular del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME), al ser consultada por Infobae.
“Su especificidad es prometedora en cuanto a la seguridad del tratamiento. En términos de eficacia, un factor importante a tener en cuenta es la respuesta del sistema inmunológico al fago, que podría reducirla considerablemente”, precisó.
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“Además, resta establecer qué tan frecuente es la cepa específica de Escherichia coli adherente-invasiva en pacientes con enfermedad de Crohn, y si podría desarrollarse resistencia al tratamiento. Como para toda propuesta basada en modelos experimentales, la seguridad y la eficacia deberán evaluarse en ensayos clínicos”, enfatizó la doctora Mariño, quien no estuvo involucrada en el estudio publicado en la revista Science Translational Medicine.
Cuando el intestino se convierte en campo de batalla

La enfermedad inflamatoria intestinal, o EII, es una condición crónica del tubo digestivo que incluye la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa.
Los tratamientos actuales pierden eficacia con el tiempo o exigen dosis cada vez más altas, lo que incrementa el riesgo de efectos adversos. El problema es que ninguno ataca las causas microbianas que desencadenan los brotes.
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Un grupo de bacterias llamadas Escherichia coli adherente-invasiva, o AIEC, se vincula con los episodios más agudos de la enfermedad de Crohn. Esas bacterias se pegan a las paredes del intestino, las invaden y sobreviven dentro de las células del sistema inmune, lo que dispara la inflamación.
La doctora Verdu explicó que para identificarlas se necesita evaluar “su comportamiento, como su capacidad de adherirse e invadir células intestinales y persistir en células inmunes”.

Los antibióticos no son una solución ideal porque no distinguen entre bacterias dañinas y beneficiosas, y su uso frecuente puede alterar el microbioma, es decir, el conjunto de microorganismos que habita el intestino.
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Por eso, el equipo apostó por los bacteriófagos, que son virus que infectan bacterias con alta precisión sin tocar las células humanas. Su objetivo fue evaluar si esa terapia podía reducir la inflamación sin dañar el ecosistema microbiano y combinarse con un fármaco ya existente.
El virus que apaga el interruptor de la inflamación

El equipo trabajó con ratones libres de gérmenes, criados sin ninguna bacteria en su organismo, a los que introdujeron cepas de Escherichia coli de pacientes con enfermedad de Crohn.
Identificaron el bacteriófago HER259, capaz de atacar selectivamente a las bacterias AIEC, y lo administraron por vía oral. También probaron su combinación con budesonida, un corticoide habitual para la EII, a una dosis menor que la estándar.
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El virus HER259 redujo la inflamación en colitis aguda y crónica sin eliminar las bacterias por completo. Lo que hizo fue desactivar FimH, el “gancho molecular” que permite a las AIEC pegarse a la pared intestinal y disparar la respuesta inflamatoria.
Hosseinidoust lo describió así: “Las bacterias seguían ahí, pero perdieron los rasgos que impulsan la inflamación. Nos gusta pensar en ello como arrancarles algunos dientes. Las bacterias ya no pueden hacer tanto daño”.
Al suspender el tratamiento, las bacterias recuperaron su capacidad inflamatoria y la colitis reapareció, lo que indica que la administración debe ser continua.
La combinación de HER259 con budesonida a dosis subterapéutica produjo resultados equivalentes a dosis más altas del medicamento solo, la primera vez que se documenta esa sinergia entre un fago y un fármaco que no es antibiótico.
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Además, un marcador detectable en materia fecal resultó más alto en pacientes con Crohn activo que en personas sanas, lo que abre la posibilidad de identificar mediante análisis de heces a quienes más se beneficiarían.
Los investigadores reconocieron que la bacteria utilizada como modelo no está presente en todos los pacientes con EII, y que no se analizó la respuesta inmune del huésped al fago, un aspecto pendiente antes de cualquier aplicación en humanos.
Los próximos pasos incluyen evaluar más cepas bacterianas y desarrollar combinaciones de fagos. Verdu señaló: “Si podemos identificar qué pacientes tienen esa función bacteriana dañina, podríamos, en el futuro, intervenir con una terapia dirigida específicamente a reducir esa actividad”.
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