
Frente a la amenaza constante de los terremotos y a la vulnerabilidad de infraestructuras y equipos sensibles en todo el mundo, la ingeniería busca constantemente soluciones que garanticen la seguridad estructural.
Un dispositivo patentado en Estados Unidos por el profesor Moussa Leblouba de la Universidad de Sharjah, de Emiratos Árabes Unidos, promete reducir los daños causados por sismos y vibraciones sin depender de energía eléctrica ni de componentes complejos. El desarrollo introduce una tecnología de bajo costo y sencilla implementación que puede marcar un cambio en la protección de edificios y sistemas críticos.
Esta innovación se registró en la oficina de patentes de Estados Unidos en diciembre de 2025, tras haber pasado por pruebas de laboratorio y haber recibido el respaldo de especialistas en dinámica estructural y mitigación de riesgos.
Cómo un mecanismo simple puede cambiar la protección contra terremotos
El dispositivo consiste en un cilindro hueco relleno de bolas de acero sólido y un eje central equipado con varillas cortas que se extienden hacia afuera.
El funcionamiento se basa en la fricción: cuando una estructura conectada al dispositivo experimenta vibraciones, el eje se desplaza dentro del cilindro y las varillas atraviesan las bolas densamente compactadas. El roce entre estos dos elementos absorbe y disipa la energía del movimiento.
El profesor Moussa Leblouba, quien lideró el desarrollo, explicó en un comunicado oficial de la universidad: “Nuestro dispositivo no necesita energía eléctrica; funciona mediante física pura, a través de la fricción, es pasivo”.

A diferencia de los amortiguadores tradicionales, que pueden requerir reemplazo tras un evento mayor o presentar problemas como fugas o deformaciones permanentes, esta propuesta apunta a la durabilidad y a la independencia energética.
El informe técnico resalta que los dispositivos convencionales, ya sean de fluido o de metal deformable, suelen tener un coste elevado y presentan dificultades de mantenimiento, especialmente cuando se producen cortes de energía durante catástrofes.
En contraste, la nueva tecnología mecánica se construye con componentes accesibles, lo que permite su ensamblaje sin conocimientos especializados.
Una de las pruebas principales incluyó mover el dispositivo hacia adelante y hacia atrás en ciclos cortos de 1, 3 y 5 milímetros para simular vibraciones.
Los resultados mostraron que el aparato ofrece una rigidez efectiva de unos 5 kilonewtons por milímetro, lo que significa que puede resistir y controlar bien el movimiento generado por un sismo. Además, el estudio determinó que el sistema puede disipar el 14% de la energía de las vibraciones, un valor alto para un mecanismo que no necesita electricidad ni componentes electrónicos. Esta capacidad ayuda a proteger mejor la estructura o el equipo donde se instala el dispositivo.
El camino experimental hacia una nueva generación de dispositivos sísmicos

El diseño contempla la posibilidad de ajustar el número, tamaño y disposición de las varillas y las bolas de acero, lo que facilita la personalización del dispositivo para diferentes tipos de estructuras, desde edificios altos hasta puentes y equipos científicos sensibles. Todos los componentes son removibles y reemplazables de forma individual, lo que reduce los costos de mantenimiento y evita la necesidad de sustituir el conjunto completo en caso de avería.
Esta tecnología puede instalarse tanto en edificaciones nuevas como en estructuras existentes, ya que no requiere integración desde la fase de diseño arquitectónico. El profesor Leblouba expresó: “Lo que más me entusiasma es la sencillez. Los componentes son ordinarios: bolas de acero, un eje y un cilindro, pero su funcionamiento conjunto resulta eficaz”.
El informe de la patente añade que el sistema se puede adaptar con facilidad a diferentes condiciones de carga y tipos de edificación, lo que amplía su rango de aplicaciones. La accesibilidad económica y la facilidad de montaje vuelven especialmente atractiva esta solución para su implementación en países con recursos limitados y alto riesgo sísmico, una cuestión que el equipo de la Universidad de Sharjah identifica como prioritaria.
Más allá de los edificios: proteger infraestructuras y equipos estratégicos

El alcance de este dispositivo no se limita a la resistencia sísmica en construcciones. La tecnología puede emplearse en puentes, torres, instalaciones eléctricas y de comunicaciones. Además, se contemplan aplicaciones en vehículos, aeronaves, naves espaciales y barcos, así como en la protección de instrumentos científicos y equipos militares donde las vibraciones pueden afectar el rendimiento o la seguridad.
Una de las ventajas mencionadas en la documentación técnica es que el sistema puede volver a su posición original después de un sismo o vibración fuerte. Esto significa que, a diferencia de algunos amortiguadores metálicos tradicionales que pueden quedar doblados o deformados tras un evento, este dispositivo no sufre ese tipo de daño y sigue funcionando correctamente después del movimiento. El texto subraya que el dispositivo permite alcanzar una mayor disipación de energía tanto en desplazamientos pequeños como grandes, adaptándose así a distintos escenarios de riesgo.
El siguiente paso en el desarrollo es fabricar versiones más grandes del dispositivo para usarlas en estructuras de mayor tamaño, como edificios o puentes, y luego probar su funcionamiento en situaciones que imiten terremotos reales, usando mesas vibratorias y modelos a escala.
El equipo planea optimizar la configuración interna del dispositivo, ajustando el número, la posición y la forma de las varillas, así como el tamaño y material de las bolas, para maximizar la disipación energética dependiendo de cada caso.
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