
La propagación de la malaria aviar amenaza la biodiversidad de Hawái, obligando a equipos científicos a intensificar sus esfuerzos para proteger a las aves nativas frente al avance del parásito transmitido por el mosquito común sureño.
Un estudio dirigido por investigadores de la University of Hawaiʻi at Mānoa detectó la enfermedad en 63 de 64 hábitats evaluados en varias islas, lo que evidencia la dificultad para frenar su expansión, ya que la mayoría de las especies de aves, tanto nativas como introducidas, pueden actuar como reservorios del parásito.
La malaria aviar se expande por las islas
Según la Universidad de Hawái, la malaria aviar, causada por el parásito Plasmodium relictum y transmitida principalmente por el mosquito común sureño, afecta a las aves en Kauaʻi, Oʻahu, Maui y Hawái.

Los especialistas analizaron más de 4.000 muestras de sangre y hallaron la enfermedad en comunidades altamente diversas, demostrando que casi todas las especies aviares identificadas pueden mantener la transmisión del parásito.
Impacto en las aves nativas y riesgo de extinción
Christa M. Seidl, coordinadora de investigación y control de mosquitos del Maui Forest Bird Recovery Project y autora principal del estudio de la universidad, subrayó: “La malaria aviar tuvo un efecto devastador en las aves forestales nativas de Hawái, y este estudio explica por qué fue tan difícil contener la enfermedad”, afirmó a la Universidad de Hawái.
Seidl precisó que la capacidad de tantas especies para sostener la transmisión limita considerablemente las alternativas para proteger a las aves locales y convierte el control del mosquito en una prioridad.

La enfermedad, que destruye los glóbulos rojos, debilita a las aves y provoca anemia, fallos orgánicos, descenso en la supervivencia e incluso la muerte en especies vulnerables.
Investigaciones citadas por la Universidad de Hawái documentan que, en el caso del ʻiʻiwi o mielero escarlata, la mortalidad alcanza el 90% tras la infección, mientras que el ʻakikiki ya fue declarado extinto en estado silvestre.
El ciclo de transmisión y el desafío del control
El estudio revela que tanto las aves nativas como las introducidas, incluso aquellas con baja carga de parásitos, pueden infectar a los mosquitos y perpetuar el ciclo de transmisión. Seidl explicó a la Universidad de Hawái: “Por ejemplo, hay ʻapapane’ con muy bajos niveles de malaria en sangre y otros con cargas altas; ambos infectan a los mosquitos y contribuyen a la transmisión de la malaria aviar”.

Añadió que los ejemplares infectados de forma crónica —es decir, los que sobreviven la fase aguda y mantienen cargas parasitarias bajas durante meses o años— desempeñan un papel destacado en la persistencia del brote.
De acuerdo con la Universidad de Hawái, el riesgo de transmisión persiste en todas las zonas donde hay mosquitos, ya que los hábitats infestados libres de la enfermedad son escasos.
Este problema se agrava por la desaparición de refugios tradicionales debido al aumento de las temperaturas, lo que permite que tanto el mosquito vector como el parásito alcancen áreas anteriormente seguras para especies endémicas.
No existe riesgo para la salud humana

El Maui Forest Bird Recovery Project y la alianza Birds, Not Mosquitoes —que reúne entidades académicas, agencias estatales y federales, y organizaciones sin fines de lucro— concentran sus esfuerzos en el control del mosquito para limitar la propagación y ofrecer una oportunidad de supervivencia a las aves autóctonas. Este enfoque se considera esencial dada la amplitud y complejidad del desafío.
La Universidad de Hawái destaca que la malaria aviar afecta solo a las aves; hasta ahora, no se registró ningún caso de transmisión a humanos en Hawái ni en otros territorios, por lo que no representa un riesgo sanitario para la población.
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