
En la naturaleza, no solo los humanos experimentan los efectos del alcohol y otras sustancias. Diversas especies salvajes consumen alimentos que, tras fermentar, provocan síntomas semejantes a la embriaguez animal.
Entre los animales afectados figuran aves, elefantes, renos y pequeños mamíferos, lo que despertó el interés de la comunidad científica sobre sus estrategias fisiológicas para afrontar y metabolizar estos compuestos.
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Según estudios citados por la revista National Geographic, los patrones de intoxicación en animales no son rarezas aisladas: distintas especies exhiben conductas repetidas de consumo de estos productos naturales.
El ampelis americano y las frutas fermentadas
El ampelis americano, un ave típica de Norteamérica, destaca por su inclinación a alimentarse de frutas fermentadas. Reconocibles por su cresta y máscara negra, ingieren bayas durante largos periodos.

Cuando los frutos fermentan por acción de levaduras naturales, pueden producir alcohol y modificar el comportamiento de los pájaros. De acuerdo con National Geographic, los ampelis intoxicados presentan reflejos lentos, desorientación y una marcada disminución en su capacidad de decisión, lo que los hace más vulnerables a depredadores y accidentes.
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Especialistas citados por la revista explican que el alcohol actúa como un neurodepresor, ralentizando la reacción de los animales de modo similar a los humanos. Sara Wyckoff, veterinaria especializada en fauna silvestre, afirma: “Todo lo que se imagina que le sucede a una persona cuando está borracha, también le sucede a los animales”.
Un estudio dirigido por Piotr Tryjanowski documentó conductas de embriaguez en 55 especies de aves, por ingestión de frutas fermentadas, y también por contacto con restos de bebidas alcohólicas humanas.
Elefantes africanos y la fruta de marula

El caso de los elefantes africanos fue difundido en relatos científicos y populares, donde se sostiene que consumen fruta de marula fermentada. Sin embargo, investigadores cuestionan el grado real de intoxicación, dadas las grandes cantidades de alcohol requeridas por su tamaño corporal.
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Mareike Janiak, experta en metabolismo animal, observa que estos elefantes poseen una mutación genética que reduce su capacidad para metabolizar la enzima alcohol deshidrogenasa, lo que potencialmente los hace más vulnerables.
No obstante, Janiak enfatiza que estos animales consumen frutas principalmente para obtener energía, no por una búsqueda deliberada de intoxicación.
Musarañas arborícolas y néctar alcohólico

En el sudeste asiático, siete especies de musarañas arborícolas se alimentan casi exclusivamente del néctar de palmeras bertam, que fermenta de forma natural y puede superar el 3 % de alcohol.
De manera sorprendente, ni las musarañas ni otros polinizadores frecuentes como las ardillas y roedores muestran signos de intoxicación pese a este consumo habitual.
Investigaciones subrayan que estas especies desarrollaron una adaptación metabólica que les permite procesar el alcohol y aprovechar una fuente de energía constante sin efectos adversos aparentes.
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Renos siberianos y el hongo Amanita muscaria

Los renos siberianos exhiben un patrón diferente: consumen el hongo Amanita muscaria, conocido alucinógeno utilizado en rituales chamánicos.
Aunque esta seta contiene toxinas peligrosas para los humanos, los renos logran digerirla gracias a su sistema gastrointestinal adaptado. Aún no se determinó si experimentan desorientación o malestar, pero su interacción con sustancias psicoactivas continúa siendo estudiada por la ciencia.
Sustancias humanas y nuevos riesgos para la fauna

El avance de la actividad humana introdujo nuevos riesgos para la vida silvestre. Estudios recientes detectaron residuos de cocaína en cuerpos de tiburones brasileños hallados en la costa de Río de Janeiro, lo que generó preocupación científica y viralización en redes sociales.
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Wyckoff advierte para National Geographic sobre la presencia de animales contaminados con opioides o drogas ilegales, y con todo tipo de residuos farmacéuticos y veterinarios. La exposición involuntaria a estos compuestos representa una amenaza adicional para diversas especies.
Energía, nutrientes y accidentalidad

Aunque estos casos ilustran la variedad de escenarios en los que los animales salvajes se exponen a sustancias tóxicas o recreativas, la mayoría no busca activamente la intoxicación. “¿Por qué lo hacen? Probablemente por la misma razón por la que nosotros vamos a los bares”, ironiza Tryjanowski. Sin embargo, los estudios coinciden en que la prioridad animal es acceder a fuentes de energía y nutrientes, relegando los posibles efectos secundarios a un plano marginal.
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Para muchas especies, el consumo de frutos fermentados o néctar rico en azúcar implica la exposición al alcohol en la naturaleza, y también el acceso a nutrientes esenciales que favorecen su supervivencia en entornos cambiantes.
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