
Ducharse con lentes de contacto puede parecer una práctica inofensiva, pero los expertos advierten que esta costumbre expone a millones de personas a infecciones oculares graves, algunas de las cuales pueden provocar la pérdida de visión.
El caso de Whitney Fleming, una escritora de Grand Rapids, Michigan, ilustra los riesgos que enfrentan quienes combinan el uso de lentes de contacto con el agua de la ducha, una advertencia que especialistas en salud ocular consideran urgente y que TIME ha documentado en profundidad.
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Microorganismos en el agua: una amenaza invisible
El peligro de usar lentes de contacto bajo la ducha radica en la posibilidad de que microorganismos presentes en el agua corriente, como el parásito Acanthamoeba, accedan a la superficie ocular y desencadenen infecciones severas.
“Decimos a las personas que los lentes de contacto y el agua simplemente no se deben mezclar”, explicó el Dr. Thomas Steinemann, portavoz de la Academia Americana de Oftalmología, en declaraciones recogidas por TIME.
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La advertencia cobra relevancia si se considera que la mayoría de los casos de queratitis por Acanthamoeba, una infección potencialmente devastadora, se presentan en usuarios de lentes de contacto. El Dr. Saba Al-Hashimi, del Instituto Stein Eye de UCLA, precisó que cerca del 90% de los diagnósticos de esta enfermedad corresponden a personas que utilizan este tipo de corrección visual.
La experiencia de Fleming pone rostro a estas estadísticas. Tras décadas de uso responsable de lentes de contacto, un día despertó con dolor e irritación en el ojo izquierdo. Al principio, no le dio importancia, pero el malestar se intensificó hasta volverse insoportable.
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La luz resultaba intolerable, el dolor se extendía por su rostro y cuello, y perdió la visión en ese ojo. “Empecé a desconectarme de la vida porque el dolor era demasiado”, relató a TIME. Tres semanas después, un especialista en córnea le diagnosticó queratitis por Acanthamoeba, una infección que, según su médico, probablemente contrajo al ducharse con los lentes puestos.
Fleming nunca había recibido la advertencia de evitar el agua mientras usaba lentes de contacto, una omisión que, según los expertos, es común entre los usuarios.
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Un parásito difícil de erradicar
El mecanismo de infección se explica por la afinidad del parásito Acanthamoeba por los lentes de contacto. Cuando el agua entra en contacto con los lentes, el microorganismo puede quedar atrapado entre la lente y la córnea.

Las microabrasiones que suelen producirse en la superficie ocular por el roce del lente facilitan la entrada del parásito. “Una vez que penetra, resulta extremadamente difícil erradicarlo, especialmente si se adentra en las capas profundas”, advirtió Steinemann en TIME.
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Además, otras bacterias presentes en el agua, como Pseudomonas aeruginosa, pueden causar infecciones corneales graves en circunstancias similares.
El diagnóstico de la queratitis por Acanthamoeba suele retrasarse, ya que los síntomas pueden confundirse con otras afecciones oculares, como el herpes. “Muchas veces se diagnostica erróneamente y se recetan gotas de esteroides, lo que empeora la infección”, explicó Al-Hashimi.
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Incluso cuando se identifica correctamente, el tratamiento puede prolongarse durante meses, y en algunos casos el parásito persiste más de un año. Steinemann señaló que la enfermedad, aunque considerada rara con unos 1.500 casos anuales en Estados Unidos, probablemente está subregistrada, ya que muchos profesionales de la salud ocular nunca han visto un caso en persona.
Fleming subrayó la importancia de que los pacientes insistan en una evaluación exhaustiva si presentan síntomas como dolor ocular, enrojecimiento, lagrimeo o sensibilidad a la luz.
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Prevención y recomendaciones

Para reducir el riesgo, los especialistas recomiendan optar por lentes desechables diarios, que minimizan la posibilidad de contaminación y permiten descartar el lente tras cualquier exposición accidental al agua.
“No es tan seguro como evitar el agua por completo, pero si usas un lente diario y se moja, que sea la última vez que lo uses”, aconsejó Steinemann en TIME. En el caso de lentes reutilizables, la limpieza y desinfección deben ser rigurosas: nunca reutilizar la solución, limpiar el estuche semanalmente con solución fresca y dejarlo secar al aire, y evitar el uso de agua corriente o saliva como humectante.
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Al-Hashimi sugirió considerar el uso de gafas de prescripción para nadar o incluso en la ducha, y para quienes sean candidatos, la cirugía refractiva puede eliminar la necesidad de lentes de contacto.
Las secuelas de la infección pueden ser duraderas. Fleming ha recuperado parte de la visión en su ojo izquierdo, aunque persiste una cicatriz en la pupila. Además, durante el proceso de tratamiento, sufrió una úlcera estomacal por el uso prolongado de ibuprofeno, fracturó varios dientes debido al dolor y su salud mental se vio afectada. “Si hubiera sabido lo que podía pasar, habría sido mucho más cautelosa”, reconoció en diálogo con TIME.
Un mensaje contundente
La advertencia de los expertos es clara: exponerse al agua con lentes de contacto implica un riesgo innecesario y evitable. Como concluyó Steinemann en TIME, la mejor protección para la salud ocular es evitar prácticas que puedan tener consecuencias irreversibles.
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